10-05-2007, 01:13 PM
De ese libro que me sorprendió hace un tiempo, vaya este poema a modo de introducción de la reseña que haré uno de estos meses (no, no dije 'días'
)
Muerte y vida de las palabras
Así mueren
las palabras antiguas:
como copos de nieve
que tras dudar en el aire
caen al suelo
sin un lamento.
Debería decir: callando.
¿Dónde están ahora las cien
maneras de decir mariposa?
En la costa de Biarritz recogió
Nabokob uno de aquellos
nombres: misericoletea.
Mira, está ahora bajo la arena,
como la astilla de una concha.
Y los labios que se movieron
y dijeron justamente
misericoletea
los de aquellos niños
que fueron los padres
de nuestros padres,
aquellos labios duermen.
Dices: un día de lluvia
mientras caminaba
por una calzada de Grecia,
vi que los guías de un templo
llevaban chubasqueros amarillos
con un gran dibujo de Mickey Mouse.
También los viejos dioses duermen.
Las nuevas palabras, añades
están hechas con materiales vulgares.
Y hablas de plástico, del poliuretano,
del caucho sintético, y afirmas
que acabarán todas muy pronto
en el contenedor de la basura.
Parece un poco triste.
Pero mira a las niñas
que chillan y juegan
frente a la puerta de la casa,
escucha atentamente lo que dicen:
El caballo se fue a Garatare.
¿Qué es Garatare?, les pregunto.
Una palabra nueva, responden.
Ya ves, las palabras no siempre surgen
en solitarias áreas industriales;
no son necesariamente producto
de las oficinas de propaganda.
Surgen a veces entre risas,
y parecen vilanos en el aire.
Mira cómo marchan hacia el cielo
cómo está nevando hacia arriba.
Bernardo Atxaga
El hijo del acordeonista
Traducción de Asun Garikano y de Bernardo Atxaga
)Muerte y vida de las palabras
Así mueren
las palabras antiguas:
como copos de nieve
que tras dudar en el aire
caen al suelo
sin un lamento.
Debería decir: callando.
¿Dónde están ahora las cien
maneras de decir mariposa?
En la costa de Biarritz recogió
Nabokob uno de aquellos
nombres: misericoletea.
Mira, está ahora bajo la arena,
como la astilla de una concha.
Y los labios que se movieron
y dijeron justamente
misericoletea
los de aquellos niños
que fueron los padres
de nuestros padres,
aquellos labios duermen.
Dices: un día de lluvia
mientras caminaba
por una calzada de Grecia,
vi que los guías de un templo
llevaban chubasqueros amarillos
con un gran dibujo de Mickey Mouse.
También los viejos dioses duermen.
Las nuevas palabras, añades
están hechas con materiales vulgares.
Y hablas de plástico, del poliuretano,
del caucho sintético, y afirmas
que acabarán todas muy pronto
en el contenedor de la basura.
Parece un poco triste.
Pero mira a las niñas
que chillan y juegan
frente a la puerta de la casa,
escucha atentamente lo que dicen:
El caballo se fue a Garatare.
¿Qué es Garatare?, les pregunto.
Una palabra nueva, responden.
Ya ves, las palabras no siempre surgen
en solitarias áreas industriales;
no son necesariamente producto
de las oficinas de propaganda.
Surgen a veces entre risas,
y parecen vilanos en el aire.
Mira cómo marchan hacia el cielo
cómo está nevando hacia arriba.
Bernardo Atxaga
El hijo del acordeonista
Traducción de Asun Garikano y de Bernardo Atxaga