18-09-2008, 06:45 PM
No he levantado la perdiz por falta de tiempo para darle el debido
vuelo lírico, pero sucede desde el sábado que mis tres naifas están
en Viena, Austria. Ya narraré el calvario que fue el safari y las
muchas delicias de la fugaz estadía que termina nomás este lunes a
las siete de la madrugada. Pero no he querido –no he podido-
aguantarme las ganas de narrar el debut de
XÓCHITL EN LA CABINA
Que fue como sigue. El lunes me tocaba trabajar desde la mañana en
la Comisión sobre Derecho Comercial Internacional (UNCITRAL) y me
apersoneme rodeado el hembraje. Gran jolgorio gran de colegas de
toda laya, entre los cuales no tardó en cundir la nueva nueva. Nadia
y las enanas anduvieron, pues, de puerta en puerta, mientras yo
paraba la olla con el chamuyo mercenario. Almorzamos en el restorán
(nota bene, restorán, que no cafetería) del Biena Internáshoal
Sénter y cuando llegó la hora de volver al yugo, Xóchitl contrajo un
apoteósico (sí, con "s", vide DRAE) ataque de papitis y no hubo
manera de abandonarla. Así que me la truje con cochecito (carriola
que le dice la madre) y todo a la cabina y que juera lo que Tata Dio
pluguiese. El hecho es que me la senté en las rodillas, le di un par
de lápices y un poco de papel, le hice el consabido gesto del sigilo
superponiendo el índice de la mano derecha transversalmente a los
labios, abrí el micrófono y dentré a ganarme el pan. La enana ni
chistó. En determinado momento me hizo gesto de que la dejara bajar.
Así hice. Y ella se paseó un poco por la cabina. Mi colega no se lo
podía creer. Al rato quiso sentarse en la tercera silla giratoria
para observar la marcha del cenáculo, cosa que hizo cruzadita de
brazos y prácticamente inmóvil. En eso entraron a saludarme y la dos
colegas. Xóchitl giró la cabeza y les hizo su "shhhhhhh" mímico. Las
otras tuvieron que hacer un esfuerzo para no cagarse de risa. A la
hora y media (las reuniones duran tres, esta era de 9:30 a 12:30),
mi flamante concabina entró a cabecear. Entonces la recosté sobre
mis rodillas y seguí interpretando mientras ella se quedada
profundamente dormida. Como a los veinte minutos se despertó y con
un hilito de voz pronunció, Bibi. Fue el único ruido que se
permitió. Yo manoteé la mamadera, le enchufé como mejor pude la
tetina entre los labiecitos y algún delegado se habrá inquirido que
sería esa interferencia tipo "chuik.chuik" que se dejaba oír en los
intersticios de mi habla. Así llegó el fin de la reunión.
Eso fue, decía, el lunes. Hoy lo mismo. Después del almuerzo (esta
vez en la cafetería queselevaser) insistió en quedarse conmigo
mientras Heide (mi ex secretaria) se iba de joda con Nadia y
Valeria. Otra vez a la cabina. Llegó pegándole las últimas chupadas
al biberón y durmió casi hora y media (o sea, casi hasta las 15:30).
Cuando se despertó, prefirió quedarse en el cochecito/carriola.
Luego se me sentó en las rodillas. Después se dio su tradicional
paseo por la cabina. A las 16:30 suspendieron la sesión media hora
para negociar un texto en grupo de redacción. Ahí sí me la llevé a
pasear y parecía un perrito de departamento cuando lo sacan a pasear
a la plaza. Al galope por los corredores, metiéndose en todas las
oficinas, saludando a todos los viandantes, investigando todas las
macetas, explorando debajo de todas las mesas y detrás de todas las
sillas hasta llegar a la oficina, donde Syliva, la secretaria nueva,
libanesa, le tenía preparado de regalo un bolso de mano, que mi
sucesor, chino, le llenó de caramelos y al que Khalid, el secretario
nuevo, pakistaní, agregó un muñequito.
El regreso fue de constante y ecuménica exhibición del bolso y su
contenido a quienquiera pasase a menos de un metro de distancia. Por
suerte, la reunión terminó casi entramos en la cabina. Le puse el
abrigo, la subí a la carriola/cochecito, nos fuimos a la estación de
metro, caminamos las tres cuadras hasta casa y cuando abría la
puerta del edificio, aventuró, Mama? Ahora la vemos. Pero no estaba
todavía, así que jugamos un rato sobre el colchón, nos bañamos y en
eso llegaron madre y hermana. En unos minutos nos vamos a cenar a
Zimolo, el restorán donde almorzamos para festejar la boda. Y yo
aprovecho para teclear estas pamplinas.
sergio
vuelo lírico, pero sucede desde el sábado que mis tres naifas están
en Viena, Austria. Ya narraré el calvario que fue el safari y las
muchas delicias de la fugaz estadía que termina nomás este lunes a
las siete de la madrugada. Pero no he querido –no he podido-
aguantarme las ganas de narrar el debut de
XÓCHITL EN LA CABINA
Que fue como sigue. El lunes me tocaba trabajar desde la mañana en
la Comisión sobre Derecho Comercial Internacional (UNCITRAL) y me
apersoneme rodeado el hembraje. Gran jolgorio gran de colegas de
toda laya, entre los cuales no tardó en cundir la nueva nueva. Nadia
y las enanas anduvieron, pues, de puerta en puerta, mientras yo
paraba la olla con el chamuyo mercenario. Almorzamos en el restorán
(nota bene, restorán, que no cafetería) del Biena Internáshoal
Sénter y cuando llegó la hora de volver al yugo, Xóchitl contrajo un
apoteósico (sí, con "s", vide DRAE) ataque de papitis y no hubo
manera de abandonarla. Así que me la truje con cochecito (carriola
que le dice la madre) y todo a la cabina y que juera lo que Tata Dio
pluguiese. El hecho es que me la senté en las rodillas, le di un par
de lápices y un poco de papel, le hice el consabido gesto del sigilo
superponiendo el índice de la mano derecha transversalmente a los
labios, abrí el micrófono y dentré a ganarme el pan. La enana ni
chistó. En determinado momento me hizo gesto de que la dejara bajar.
Así hice. Y ella se paseó un poco por la cabina. Mi colega no se lo
podía creer. Al rato quiso sentarse en la tercera silla giratoria
para observar la marcha del cenáculo, cosa que hizo cruzadita de
brazos y prácticamente inmóvil. En eso entraron a saludarme y la dos
colegas. Xóchitl giró la cabeza y les hizo su "shhhhhhh" mímico. Las
otras tuvieron que hacer un esfuerzo para no cagarse de risa. A la
hora y media (las reuniones duran tres, esta era de 9:30 a 12:30),
mi flamante concabina entró a cabecear. Entonces la recosté sobre
mis rodillas y seguí interpretando mientras ella se quedada
profundamente dormida. Como a los veinte minutos se despertó y con
un hilito de voz pronunció, Bibi. Fue el único ruido que se
permitió. Yo manoteé la mamadera, le enchufé como mejor pude la
tetina entre los labiecitos y algún delegado se habrá inquirido que
sería esa interferencia tipo "chuik.chuik" que se dejaba oír en los
intersticios de mi habla. Así llegó el fin de la reunión.
Eso fue, decía, el lunes. Hoy lo mismo. Después del almuerzo (esta
vez en la cafetería queselevaser) insistió en quedarse conmigo
mientras Heide (mi ex secretaria) se iba de joda con Nadia y
Valeria. Otra vez a la cabina. Llegó pegándole las últimas chupadas
al biberón y durmió casi hora y media (o sea, casi hasta las 15:30).
Cuando se despertó, prefirió quedarse en el cochecito/carriola.
Luego se me sentó en las rodillas. Después se dio su tradicional
paseo por la cabina. A las 16:30 suspendieron la sesión media hora
para negociar un texto en grupo de redacción. Ahí sí me la llevé a
pasear y parecía un perrito de departamento cuando lo sacan a pasear
a la plaza. Al galope por los corredores, metiéndose en todas las
oficinas, saludando a todos los viandantes, investigando todas las
macetas, explorando debajo de todas las mesas y detrás de todas las
sillas hasta llegar a la oficina, donde Syliva, la secretaria nueva,
libanesa, le tenía preparado de regalo un bolso de mano, que mi
sucesor, chino, le llenó de caramelos y al que Khalid, el secretario
nuevo, pakistaní, agregó un muñequito.
El regreso fue de constante y ecuménica exhibición del bolso y su
contenido a quienquiera pasase a menos de un metro de distancia. Por
suerte, la reunión terminó casi entramos en la cabina. Le puse el
abrigo, la subí a la carriola/cochecito, nos fuimos a la estación de
metro, caminamos las tres cuadras hasta casa y cuando abría la
puerta del edificio, aventuró, Mama? Ahora la vemos. Pero no estaba
todavía, así que jugamos un rato sobre el colchón, nos bañamos y en
eso llegaron madre y hermana. En unos minutos nos vamos a cenar a
Zimolo, el restorán donde almorzamos para festejar la boda. Y yo
aprovecho para teclear estas pamplinas.
sergio








