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Full Version: La guerra de Georgia: la conexión americana-israelí
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¿Georgia, la pequeña y valiente?
Mark Almond


“En 1992 occidente respaldó los intentos de Eduard Shevardnadze de reafirmar el control georgiano sobre estas regiones. La guerra del presidente georgiano fue un desastre para su nación. Dejó a 300.000 o más refugiados “expulsados” de las regiones rebeldes, pero fue el saqueo de las tropas georgianas lo que resulta más difícil de borrar de la memoria de osetios y abjazos.

[…]

“Como Galtieri en el 82, Saakashvili se enfrenta a una crisis de la economía nacional y una población desengañada. Desde los años de la así llamada Revolución Rosa, el compadreo y la pobreza que caracterizaron al gobierno de Shevardnadze no han desaparecido. Las acusaciones de favoritismo y corrupción hacia el clan de su madre y las acusaciones de fraude electoral culminaron en una serie de manifestaciones contra Saakashvili el pasado noviembre. Sus implacables fuerzas de seguridad -entrenadas, equipadas y subvencionadas por occidente- cargaron violentamente contra los manifestantes. Emprenderla contra el enemigo común de Osetia del Sur hará que los georgianos hagan frente común con su presidente, al menos a corto plazo.

“El pasado mes de septiembre, el presidente Saakashvili súbitamente se volvió contra su más cercano aliado en la Revolución Rosa, el ministro de defensa Irakli Okruashvili. Cada uno acusaba a su antiguo hermano de sangre de vínculos con la mafia y de obtener beneficios con el contrabando de mercancías. Sea cual sea la verdad, el hecho de que quienes son vistos como héroes por occidente por haber terminado con la corrupción de la época de Shevardnadze se acusen el uno al otro de toda suerte de crímenes y villanías debería ponernos en guardia a la hora de escoger a nuestro héroe local en lo que a la política del Cáucaso se refiere.

[…]

“En los Balcanes occidente patrocinó la desintegración de la multiétnica Yugoslavia, alcanzando el clímax con el reconocimiento de la independencia de Kosovo en febrero. Si un microestado dominado por la mafia como Montenegro puede obtener el reconocimiento de occidente, ¿por qué no habrían de obtenerlo las naciones pro-rusas -también con defectos, también sin estado- y que también aspiran a la independencia?

“Dada su extraordinaria complejidad étnica, Georgia es una post-Unión Soviética en miniatura. Si los occidentales concedieron rápidamente el derecho a la independencia de Rusia a las repúblicas no-rusas en 1991, ¿cuál es la lógica por la que los no-georgianos deban permanecer en un micro-imperio que, casualmente, resulta ser pro-occidental?”

Mark Almond es profesor de historia en el Oriel College, Oxford.

Enlace original: http://www.counterpunch.org/almond08092008.html

Un contexto para el conflicto en el Cáucaso


Detrás de la asonada provocadora de Saakashvili está el intento de incendiar el Cáucaso, algo que ha traído fantaseando y fanfarroneando -hasta ahora- a los estrategas estadounidenses, que tienen la mira fijamente puesta en un objetivo claro: disputar el control de Mar Caspio a Rusia, meta última de la guerra en Afganistán e Irak, los amagos sobre Irán y el 11S. ¿Tendrá que ver la ruta crítica (¿críptica?) de las crisis actuales -Balcanes, Medio Oriente y Cáucaso- con el hecho de que Georgia e Irán tengan costas en el Mar Caspio e Irán tenga frontera con el Medio Oriente, además de una larga costa compartida con Arabia Saudita y otros califatos medievales en el Golfo Pérsico -que curiosamente no quitan el sueño a los moralistas y correctamente políticos?

El Mar Caspio es una portentosa reserva de gas, el hidrocarburo que probablemente supla la falta de petróleo. Adicionalmente, Georgia tiene importantes reservas de hidrocarburos, que al perecer se han convertido en una especie de hierba alucinógena para el establishment occidental y es el paso obligado de gasoductos y oleoductos para movilizar allende sus fronteras el petróleo y el gas ruso.

Incorporando estas variables en el cuadro, tiene sentido la "estupidez" de Saakashvili. Lo que no puede pasarse por alto es que la desesperación del yanqui haya llegado a niveles alarmantes, porque antes de consolidar su estrategia original (controlar Babilonia y Persia y desde allí el Oriente Medio con la ayuda de su alguacil Israel)* estaría dando un salto cuántico hacia Rusia. ¿Será acaso el anuncio de que irán sobre China antes de lo previsto? O quizá es que el reciente Plan Marshall para rescatar la economía estadounidense que firmaron a fines de junio Condoleezza Rice y el Primer Ministro chino habría envalentonado a la banda de Cheney. Dificil de creer, porque por otra parte China y Rusia acaban de dar por concluidos sus diferendos limítrofes (algo que no pudieron lograr Stalin y Mao antes del gran sisma), lo propio están haciendo China y Japón y Rusia y Japón.

En estas condiciones si de fantasear o especular se trata cabría imaginar que los estadounidenses para no ser los ingenuos que se lanzaron a la piscina cautelosamente echaron mano de un peón para medir la temperatura del agua hirviendo. Ingenuos porque la artera maniobra provocadora ha permitido eliminar toda duda acerca del regreso de Rusia a las grandes ligas de las potencias. Y mientras la UE se opaca tras las faldas del yanqui, Rusia y China ascienden incontenibles.

*La estrategia original trazada por los neoconservadores del PNAC (Proyecto del Nuevo Siglo Americano. Ver http://11-s.net/archivos/RebuildingAmeri...enses.pdf, http://pnac.info/, http://en.wikipedia.org/wiki/Project_for...an_Century) antes de que milagrosamente se encontraran con el ataque a las Torres Gemelas (11S):

1. La invasión de Afganistán permitiría colocar bases militares en las fronteras china y rusa con la colaboración de los veleidosos tanes exsoviéticos, al tiempo que facilitaban las negociaciones de la petrolera UNOCAL para la construcción de gasoductos que disputararía las rutas de los hidrocarburos rusos. El mayor crimen de los Talibanes fue haber cancelado las negociaciones con UNOCAL para la construcción del gasoducto desde Turkmenistán hasta Pakistán, pasando por Afganistán, para ubicarse en el Océano Índico, por eso tras la invasión los estadounidenses impusieron como presidente a un consultor de la petrolera, Hamid Karzai (Ver http://www.counterpunch.org/tomenron.html http://11-s.net/lusitania.php  http://.../?idt=1418 Para quien prefiera la prensa de derecha: http://www.elmundo.es/papel/2002/02/18/m...07839.html), en ese momento la burka y los budas aparecieron en las “preocupaciones” de la liberal y sinuosamente escandalizable prensa occidental y los antiguos aliados de los muyaidines en la cruzada contra los soviéticos se convirtieron en bestias intolerables y terroristas que con toda seguridad habrían cometido los atentados del 11S.

2. La invasión de Irak permitiría a Estados Unidos posicionar bases militares en la frontera occidental con Irán consolidando el cerco por ambos flancos, además de garantizar el control de una de las mayores reservas de petróleo del planeta y una de las fuentes de petróleo barato (la extracción de petróleo en Basora tiene un costo de ¡US $ 2 por barril!), además de colocarlo en el centro de un teatro de operaciones en el que se encuentran otros centros petroleros fundamentales (Arabia Saudita y los Emiratos) y algunos Estados canallas como Siria, que debían ser vigilados por si los reflejos islámicos obnubilaran las lealtades comprometidas con el imperio. Adicionalmente, esa posición permitiría llevar a cabo ágiles acciones concertadas con las fuerzas armadas israelíes.

3. Irán era la tercera etapa del plan para controlar la región, que permitiría el acceso al Mar Caspio y un giro en la correlación de fuerzas capaz de hacer factible un choque con Rusia. Los neocon nunca consideraron seriamente que Rusia pudiera llegar a ser un aliado de Estados Unidos. El estrecho de Bering entre otras nimiedades como la magnitud de su territorio, las riquezas naturales y su arsenal nuclear aconsejaba al sentido común imperial pintarle la raya a los rusos. Kissinger advirtió en un artículo aparecido en Time previo a las elecciones que ganó Putin que Rusia era un rival natural de Estados Unidos ante el que jamás se debía bajar la guardia (Ver "Mientras nos concentramos en Boris Yelsin, los Americanos nos hemos olvidado de los peligros de la expansión rusa". Time, octubre 1997, citado en  una página de cristianos sionistas: http://www.antesdelfin.com/armagedon1.html).

4. El control de las reservas de hidrocarburos del Medio Oriente y Asia permitirían tener una posición privilegiada en la transición energética en curso (carbón, petróleo, ¿qué sigue?) abierta con el “pico del petróleo" y en el ínterin administrar a su favor el ciclo económico de los rivales reales o potenciales consumidores no productores de petróleo como China, Japón y la UE, asegurando al mismo tiempo una de las bases de la hegemonía del dólar: la cotización de los precios de los energéticos. Hussein anunció la cotización el petróleo iraquí en Euros poco antes de la invasión; Ahmadinejad hizo lo propio poco antes de que su plan nuclear se convirtiera en un peligro para la humanidad. Arrebatar el control del gas a Rusia en el Caspio hubiera significado a decir de los neocon la garantía de un nuevo siglo de hegemonía unilateral estadounidense. No es casual por lo tanto que en 1998, ese grupo instara a Clinton a remover a Saddam Hussein.

5. Desde que los chinos establecieron la ruta de la seda, los Balcanes han quedado registrados en el imaginario occidental como una pieza irrenunciable para su sobrevivencia. El Cáucaso no es solo la garganta entre Europa y Asia, ubicada entre el Mar Negro y el Mar Caspio sino que posee importantes riquezas naturales (minería, agricultura, petróleo y gas natural).
Bush dice que en el siglo XXI un país no debe invadir otros países. O no le informaron que el 2001 y 2003 ya son ´parte del siglo XXI o es cínico o cuenta con algún extraordinario eco mediático que entenderá que se ha dado la orden para inciar una cargada contra Rusia. Es así como han desatado la esquizofrénica alharaca sobre las intenciones rusas de anexarse la democrática Georgia (ya sabemos que según la "prensa libre" democrático es aquello que se encuentra en la órbita estadounidense), como quien grita al ladrón al ladrón con la bolsa robada bajo la axila.

El New York Times "informa" sobre la agresión rusa contra Georgia:
http://www.wsws.org/articles/2008/aug2008/nyt-a16.shtml

America Watches the War in Georgia with Dumb Goggles
By Mark Ames, TheNation.com
Posted on August 16, 2008, Printed on August 16, 2008


Five days after Georgia invaded and seized the breakaway separatist region of South Ossetia, sparking a larger-scale Russian invasion to drive Georgian forces back and punish their leaders, Russia surprised its Western detractors by calling a halt to the country's offensive. After all, the mainstream media, egged on by hawkish neocon pundits and their candidate John McCain, had everyone believing that Russia was hellbent on the full-scale annihilation and annexation of democratic Georgia.

But then came Tuesday's cease-fire announcement-and we're now forced to ask ourselves serious questions about the recent conflict: what really started it, how dangerous was it and what, with serious careful consideration, could be done to prevent it from turning into a worst-case scenario?

Up until now, this war was framed as a simple tale of Good Helpless Democratic Guy Georgia versus Bad Savage Fascist Guy Russia. In fact, it is far more complex than this, morally and historically. Then there are two concentric David and Goliath narratives here. The initial war pitted the Goliath Georgia-a nation of 4.4 million, with vastly superior numbers, equipment and training thanks to US and Israeli advisers-against David-Ossetia, with a population of between 50,000-70,000 and a local militia force that is barely battalion strength. Reports coming out of South Ossetia tell of Georgian rockets and artillery leveling every building in the capital city, Tskhinvali, and of Georgian troops lobbing grenades into bomb shelters and basements sheltering women and children. Although true casualty figures are hard to come by, reports that up to 2,000 Ossetians, mostly civilians, were killed are certainly believable, given the intensity of the initial Georgian bombardment, the wanton destruction of the city and surrounding regions and the generally savage nature of Caucasus warfare, a very personal game where old rules apply.

But you don't hear about this story from the Western media. Indeed, you hear little if anything about the Ossetians, who seem to hardly exist in the West's eyes, even though their grievance is the root cause of this war.

While Russia and America see the conflict in abstract terms about spheres of influence and protecting allies, for Ossetians, who still recall the centuries of massacres Georgians committed against them, it is highly personal. They will still recall the Georgian massacres in the early 1920s, when Georgia was briefly independent, which exterminated up to 8 percent of the Ossetian population. In 1990, when Georgia was again moving towards independence, the ultranationalist leader Zviad Gamsakhurdia abolished Ossetia's limited autonomy, leading to another Ossetian rebellion that was only quelled by a peace agreement signed by Georgia, Russia and the Ossetians. Gamsakhurdia was subsequently deposed, and Georgia's ethnic chauvinism was shelved until the rise of current president Mikhail Saakashvili in 2003.

Ossetians have traditionally relied on their powerful northern neighbor Russia for protection against Georgia. The Georgians, in turn, have tried to counter Russian hegemony, for which they are no match, by aligning closely with the United States, finding friendly ears among old cold warriors and Bush-era neocons.

When he first rose to prominence, the American-educated Saakashvili was often referred to as "Georgia's Vladimir Zhirinovsky"-the Russian ultranationalist firebrand who once promised to retake Alaska. Although Saakashvili was subsequently rebranded as a Euro-democrat, he promised to reunite Georgia and bring his separatist regions to heel, by force if necessary, whether the aggrieved ethnic groups liked it or not.

At the root of this conflict is a clash of two twentieth-century guiding principles in international relations. Georgia, backed by the West, is claiming its right as a sovereign nation to control the territory within its borders, a guiding principle since World War II. The Ossetians are claiming their right to self-determination, a guiding principle since World War I.

These two guiding concepts for international relations-national sovereignty and the right to self-determination-are locked in a zero-sum battle in Georgia. Sometimes, the West takes the side of national sovereignty, as it is in the current war; other times, it sides with self-determination and redrawing of national borders, such as with Kosovo.

In that 1999 war, the United States led a nearly three-month bombing campaign of Serbia in order to rescue a beleaguered minority, the Albanians, and carve out a new nation. Self-determination trumped national sovereignty, over the objections of Russia, China and numerous other countries.

Why, Russians and Ossetians (not to mention separatist Abkhazians in Georgia's western region) ask, should the same principle not be applied to them?

The answer is clear: because we say so. That sort of logic, in an era of colossal American decline and simultaneous Russian resurgence, no longer works on the field.


But sadly, this news hasn't been conveyed to neocon hawks like Robert Kagan or to John McCain, who seem to still be living in 2002, when American military power was seen as the answer to all the world's problems. There is even evidence to suggest that America encouraged Saakashvili to think he could solve this conflict by war. Ever since 2002, when American Green Berets dropped into Georgia to train its troops against phantom Al Qaeda cells, the Bush Administration has drawn the former Soviet nation closer into what appeared to be a military alliance, culminating in Georgia's 2,000-man contribution to the Iraq coalition forces (the third-largest contingent), and American joint training exercises in July, just a few weeks before Georgia's blitzkrieg attack on South Ossetia. In the UN, Russian attempts in the early hours of the war to pass a resolution calling for a cease-fire were shot down by American and British diplomats, who objected to the clause calling on both sides to "renounce violence"-exactly Saakashvili's position.

The question we must ask is: Are we willing to risk war, including nuclear holocaust, in order to fulfill the aspirations of Mikhail Saakashvili? While Bush and McCain speak of Saakashvili as if he's a combination of Thomas Jefferson and Nelson Mandela, he's seen by his own people as increasingly authoritarian and unbalanced. Last year, Saakashvili sent in his special forces to violently disperse opposition protesters in the capital city, followed by a declaration of martial law. He sacked the opposition television station (partly owned by Rupert Murdoch), exiled or jailed his political opponents, and stacked the courts with his own judges while removing neutral observers, leaving even onetime neocon cheerleaders like Bruce Jackson and Anne Applebaum feeling queasy. Hardly the image of the "small democratic nation" that everyone today touts.

The Russian response has, of course, been disproportionate and heavy-handed-exactly what's to be expected of them ever since Boris Yeltsin first showed the world how post-Soviet Russia fights its wars, starting with Chechnya in 1994. Georgia has been terrorized by indiscriminate aerial bombing and the constant threat of invasion by a vastly superior Russian force-eerily reminiscent of NATO's campaign against Serbia in 1999. Indeed, many observers believe that the current Russian response is a direct blowback of the Kosovo campaign, which is why there are so many similarities.

But what is the best way to respond? The neocons and even CNN reports talk about exploring military options, which is absurd given the consequences of war with nuclear-armed Russia. Woofing loudly like John McCain is likely to prove as effective as Bush's woofing did with North Korea, before he was forced to crawl back to the negotiating table.

In fact, one of the most effective ways America could respond to this crisis is by rethinking its entire geopolitical approach of the past two decades, which has been hegemonic, arrogant, hypocritical and reckless. If we set a better example, then we could at least reclaim the moral authority, or "soft power," that we once had.

Instead, we've left the world other more brutal lessons about geopolitical power and how to use it, and the Russians are showing they've learned from us well. One lesson they learned from Kosovo is that when you bomb a petty nationalist leader like Saakashvili or Milosevic, eventually-when the cease-fire is called and the sense of defeat settles in-the nationalist firebrand who brought them to defeat pays with his seat in power.

Mark Ames is editor of the Moscow English alt weekly, The eXile. He is the author of Going Postal: Rage, Murder, and Rebellion: From Reagan's Workplaces to Clinton's Columbine and Beyond.

© 2008 TheNation.com All rights reserved.
View this story online at: http://www.alternet.org/story/95265/

Balance preliminar del conflicto en el Cáucaso


Los acontecimientos recientes en Osetia del Sur forman parte de una larga lista de sucesos que han tenido lugar en los últimos años, especialmente en el turbulento arranque de siglo. Los ataques del 11S cuya autoría y responsabilidad cada vez están más expuestas a la duda y el escrutinio de la opinión pública y de estudiosos y analistas de diversas corrientes de pensamiento fue sólo el evento que permitió al grupo en posesión de la Casa Blanca y el Capitolio dar rienda suelta a sus más febriles deseos de dominación y control del planeta y sus riquezas. Vinieron precedidos de un periodo de recrudecimiento de la violencia que mostró el mismo vigor del sistema económico para crear riqueza para unos cuantos y excluir a la inmensa mayoría de los “beneficios de la globalización”. Paradójicamente, se exacerbaron los afanes nacionalistas en un contexto en el que se imponía el reino de lo universal, a decir de los propagandistas del nuevo orden en formación. Cuando nacía la “aldea global”, resultante de la caída de las fronteras y la integración de las economías y por la revolución tecnológica en los sistemas de comunicación, los impulsos por aferrase a mecanismos de identidad cada vez más estrechos se hacían más ostensibles. Fue así como nacieron nuevos pequeños Estados y arreciaron los conflictos provocados por las demandas y reivindicaciones que les precedían: estos conflictos sirvieron para que la propaganda desvirtuara las manifestaciones de descontento social provocadas por una globalización concentradora de la riqueza y excluyente tanto a escala nacional como internacional que expresaban el hecho demostrado de que las brechas entre naciones e individuos ricos y pobres se ha ampliado a una escala vergonzosa, considerando las capacidades que el avance de la ciencia proporciona a gobiernos, empresas e instituciones gestoras del interés público para satisfacer las necesidades básicas de los seres humanos (alimento, salud, vivienda, trabajo e ingreso dignos). Por el contrario, asistimos a la confluencia de crisis cuyo desenlace conjunto solo puede significar los peores augurios para el futuro de la humanidad y del planeta: crisis alimentaria, crisis ambiental, crisis energética y crisis financiera. El fin de la fiesta del fin de la historia está resultando altamente peligroso.

1. Durante la Guerra Fría el equilibrio del terror mantuvo más seguro al mundo que lo acontecido tras la caída del Muro y el fin de la URSS, cuando Estados Unidos pensó que podría ejercer un unilateralismo aislacionista a ultranza imponiendo sus designios y pasando por encima del orden internacional existente y su legalidad.

2. La derrota en Irak y Afganistán ha mostrado que Estados Unidos no está en condiciones de imponer sus condiciones; que la multipolaridad será siempre preferible a la hegemonía de una sola potencia, aunque el orden internacional debe ser reformado para democratizarse y ser incluyente, lo que equivale a que las agendas de las instituciones de las que se dote ese orden para ser viable deben privilegiar el interés común y el bien público y combatir los privilegios de los poderes fácticos en la medida que estos entren en conflicto con los derechos de las mayorías.

3. La derrapada que ha dado Cheney en el Cáucaso, en su calidad de eminencia gris del régimen neoconservador estadounidense, tiene repercusiones geopolíticas fundamentales que debilitan aún más la posición de Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos que buscaba provocar a Rusia y arrastrarla a un nuevo Afganistán (el problema de Cheney es que no tiene la perversza brillantez del Rasputín yanqui, Heinz Alfred “Henry” Kissinger, sólo es perverso y ambicioso) terminó brindándole la oportunidad de volver a posicionarse como potencia regional e internacional:

a. Consolida sus posiciones estratégicas en el mar Caspio, recomponiendo el mapa geoenergético, que es la contrapartida de una grave derrota política y estratégica para Estados Unidos.

b. La imagen de Estados Unidos en la periferia rusa ha quedado seriamente dañada (¿qué harán en adelante Kazajstán y Azerbaiján, por ejemplo, con las transnacionales petroleras anglosajonas que tienen inversiones multimillonarias en la región?), lo que no puede sino fortalecer a Rusia.

c. En adelante ni las transnacionales, ni los gobiernos de la región podrán intentar hacer negocios sin tomar en cuenta los intereses de Rusia.  ¿Buscarán Bush-Cheney-Rice un cambio de régimen en Rusia?

“Tal es el efecto Kosovo que iniciaron Estados Unidos, la UE y la OTAN en los Balcanes y cuya imagen ahora se refleja en el Cáucaso” (Ver Alfredo Jalife “Recomposición energética en el Cáucaso”, http://www.jornada.unam.mx/2008/08/17/in...e=010o1pol), a lo que habría que agregar las torpes provocaciones usando como plataforma de lanzamiento a Polonia bajo la égida de los mellizos Kaczynski, incapaces de distinguir entre sus intereses, los de Polonia y la obsecuencia ante la dupla anglosajona. Estados Unidos no ha tenido más remedio que adoptar la postura digna de declarar que no tiene interés en escalar el conflicto con Rusia, cuando en rigor lo ocurrido es no sólo un frenazo a sus intentonas provocadoras, sino una reversión de la correlación de fuerzas en el Cáucaso. El sacrificado será Sakaashvili.

El que aparezcan potencias capaces de hacer contrapeso a la matonería estadounidense es sano para el mundo, especialmente, porque ninguna de esas potencias ha dado muestras de aspirar a sustituir el nefasto papel de Estados Unidos como potencia arrogante. ¿Y la UE?

4. La manipulación mediática no alcanza para engañar a la opinión pública ni ocultar los grotescos desmanes de un imperio en crisis. El aparente consenso de los noventa (la pax de la globalización) se resquebraja a la par que se debilita la economía, la moral y la seducción que ejercía Estados Unidos con su forma de vida, en tanto su poderío militar se revela incapaz de contrarrestar y menos aún revertir las tendencias objetivas que cercenan su poderío: la vitalidad innovadora y competitiva de su economía y la hegemonía cultural. Lo dramático es que los poderes fácticos parecen haber apostado por agregar nuevas dosis de militarismo como respuesta a la debacle. En ese sentido Estados Unidos, en tanto Estado al servicio de los poderes transnacionales, es el factor de riesgos más peligroso para la humanidad y en absoluto una fuente de soporte para alimentar la búsqueda de soluciones socialmente incluyentes que favorezcan el reencuentro armonioso de los seres humanos entre sí y con con la naturaleza y la convivencia pacífica entre las naciones.

5. La polarización social se pone nuevamente de manifiesto como la base común de los conflictos nacionales e internacionales, a pesar de los esfuerzos desplegados por ocultarlos bajo el velo de la “guerra de civilizaciones” o de su naturaleza “cultural”. Los pobres, especialmente del campo, se han convertido un el factor de agitación que exhibe a un sistema tanto más dotado de innovaciones, tecnologías y conocimientos, como inepto para atender los problemas fundamentales de la humanidad; o, lo que es peor, quienes detentan el poder han secuestrado esos conocimientos y potencialidades para su beneficio exclusivo, ávidos por acumular riquezas y carentes de sensibilidad y humanidad.
No hay problema, compañeros. Viniendo de donde viene, es comprensible. En realidad el tocayo me enternece, porque he comprendido que lo suyo no es una postura fascista, ni siquiera pro yanqui, menos aún saboteadora, es simplemente ingenuidad, no quisiera concluir que se trata de ignorancia, pero al menos en estos temas su información es bastante pobre. ¡Que vamos a hacer! la tolerancia exige paciencia, mucha paciencia. Infinita paciencia.

Siga usted Gran Hermano.
Estimados amigos, amigas de NdeT y quienes nos visitan y tienen interés por los temas que aquí se tratan, los invito a no mirar hacia atrás ni perderse en futilidades -producto la más de las veces de la vanidad-, y a seguir adelante analizando lo que pasa en el mundo. Este tema, específicamente, es muy importante: el conflicto en Osetia del Sur ha puesto frente a frente de manera directa a las dos mayores potencias militares del planeta, una situación que parecía superada con el fin de la Guerra Fría. Se trata de dos arsenales nucleares de varios miles de bombas atónicas y de fuerzas armadas con acceso a sofisticadas tecnologías que han desarrollado una enorme capacidad de destrucción.

Nunca antes como en este caso, seguir los acontecimientos mundiales es un deber y un derecho ciudadano porque atañe a la estabilidad mundial y a nuestro propio futuro. No permitamos que nuestro interés se desvirtúe con frivolidades. Si queremos garantizar la paz mundial, seamos sensatos y no dejemos que quienes detentan el poder nos conviertan en peones sacrificables, desechables, en el tablero de ajedrez en el que se disputan mayores cotas de poder; pero no olvidemos que si no entendemos lo que se proponen, lo que los mueve, cómo intentan alcanzarlo, dificilmente podremos frenarlos.

Saludos,
Fernando Sánchez Cuadros

Rusia y Georgia: todo por el petróleo
Michael T. Klare
Foreign Policy in focus


A la hora de comentar la guerra en el Cáucaso, la mayoría de analistas estadounidenses han tendido a verla como un retorno al pasado, como una continuación de la secular y sangrienta contienda entre rusos y georgianos o, en el mejor de los casos, como una parte de los asuntos pendientes de la Guerra Fría. Muchos han hablado del deseo de Rusia de borrar la “humillación” nacional que experimentó tras el desplome de la Unión Soviética hace 16 de años, o de restaurar su “esfera de influencia” en los territorios del sur. Pero este conflicto es más sobre el futuro que sobre el pasado. Es un producto de la intensa competencia geopolítica por el control del flujo energético del mar Caspio hacia los mercados occidentales.

Esta lucha comenzó durante la administración Clinton, cuando las antiguas repúblicas soviéticas de la cuenca del mar Caspio se independizaron y empezaron a buscar clientes occidentales para sus recursos naturales de petróleo y gas natural. Las compañías occidentales buscaban ansiosamente firmar acuerdos de producción con los gobiernos de las nuevas repúblicas, pero se enfrentaron a un obstáculo difícil de franquear a la hora de exportar el producto resultante: como el mar Caspio no tiene salida al mar, cualquier energía existente en la región ha de viajar a través de conductos, y por aquel entonces Rusia controlaba todos los conductos disponibles. Para evitar la dependencia exclusiva de los conductos rusos, el presidente Clinton patrocinó la construcción de un oleoducto alternativo desde Bakú, en Azerbayán, a Tbilisi, en Georgia, y desde allí hacia Ceyhan, en la costa mediterránea de Turquía. Se trata del oleoducto BTC [por las siglas de Bakú, Tbilisi y Ceyhan], como se lo conoce hoy.

El oleoducto BTC, que empezó a funcionar en el 2006, pasa a través de algunas de las zonas del mundo más inestables, incluyendo Chechenia y las provincias separatistas de Abjazia y Osetia del Sur en Georgia. Con este dato en mente, las administraciones Clinton y Bush proporcionaron a Georgia cientos de millones de dólares en ayuda militar, convirtiéndola en la receptora principal de armamento y equipamiento estadounidense en el antiguo espacio soviético. El presidente Bush cabildeó a los aliados estadounidenses en Europa para acelerar los trámites para la inclusión de Georgia en la OTAN.

Todo esto, huelga decirlo, era visto desde Moscú con un inmenso resentimiento. No se trataba sólo de que los EE.UU. estaban ayudando a crear un nuevo riesgo a la seguridad de sus fronteras en el sur, sino que, lo que es más importante, frustraba cualquier intento ruso por asegurarse el control del transporte de la energía del Caspio a Europa. Incluso desde que Vladimir Putin asumió la presidencia en el 2000, Moscú ha buscado utilizar su papel clave como proveedor de petróleo y gas natural a Europa occidental y las antiguas repúblicas soviéticas como una fuente de riqueza financiera y, al mismo tiempo, de ventaja política. La consecución de este objetivo descansa principalmente en las fuentes energéticas rusas, pero también busca dominar la distribución del petróleo y del gas natural desde los estados del Caspio a Occidente.

Para favorecer sus intereses en el Caspio, Putin, y su delfín, Dmitry Medvedev -hasta hace poco presidente de Gazprom, el monopolio estatal ruso del gas natural- se han atraído (o intimidado) a los líderes de Kazajstán, Turkmenistán y Uzbekistán para construir nuevos gasoductos a través de Rusia hacia Europa. Los europeos, temerosos de ser cada vez más dependientes de la energía proporcionada por Rusia, buscan construir canales alternativos a través del mar Caspio y a lo largo de la ruta del oleoducto BTC en Azerbayán y Georgia, circunvalando completamente Rusia.

Este es el telón de fondo en el que ha tenido lugar la lucha entre Georgia y Osetia del Sur. Los georgianos puede que solamente estén interesados en retomar el control de una zona que consideran parte de su territorio nacional, pero los rusos están enviando el mensaje al resto del mundo de que pretenden seguir controlando el grifo energético del mar Caspio, pase lo que pase. No significa necesariamente que vayan a ocupar abiertamente Georgia, pero desde luego que retendrán sus posiciones estratégicas en Abjazia y Osetia del Sur por motivos prácticos, con las bayonetas apuntando a la yugular de la BTC. Así que si incluso el alto el fuego tiene algún efecto, la lucha por los recursos energéticos -a veces oculta y secreta, a veces abierta y violenta- continuará teniendo lugar en el futuro.

Michael T. Klare es profesor de paz y seguridad mundial en la Universidad de Hampshire. Su último libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books, 2008). El anterior libro de Klare, Blood and Oil: The Dangers and Consequences of America’s Growing Dependency on Imported Petroleum ha sido adaptado en documental. Para un avance de la película, véase: http://www.bloodandoilmovie.com  

Enlace original: http://www.fpif.org/fpiftxt/5462

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=71529
Se puede ser sencillo sin necesidad de simplificar; se puede ser israelí y no estar con Estados Unidos ni con la corriente dominante en la "prensa libre" occidental y hasta cuestionarlos desde el Jerusalem Post. Basta con ser honesto y tener la mente abierta para entender una complejidad que a veces nos apabulla.

Guerra del Cáucaso
¡Todos contra Rusia!
Larry Defner
The Jerusalem Post


Traducido por Ernesto Páramo y revisado por Caty R.

Hasta hace una semana, yo no sabía nada en absoluto del conflicto entre Rusia y Georgia; y tampoco había oído de Osetia del Sur o Abjasia. Pero ya que había una guerra en marcha que estaba compitiendo por la atención pública con las Olimpiadas, como el suceso más importante del momento, comencé a seguir el desarrollo de los acontecimientos. Busqué algunos artículos de los antecedentes en Google. Ahora sí, ya estoy bastante enterado. Ya sé tanto sobre la guerra entre Rusia y Georgia como el consumidor de noticias más común.

Y tal como lo veo, la reacción del mundo es totalmente errónea. No veo a Rusia como «la mala» en todos estos acontecimientos. Y, además, tampoco veo a Georgia como «la buena»
Empecé a analizar la situación desde la posición más neutral posible. Tengo miedo a Rusia y muchas sospechas sobre ella, sobre todo con Vladimir Putin como líder. Pero no pienso en Georgia o en cualquiera de los demás países del Cáucaso, los Balcanes o cualquier otra parte de la tierra de Borat, como países amantes de la paz y la tolerancia, o de alguna manera esencialmente diferentes a Rusia. ¿Fue en Georgia donde nació y se educó Stalin? Sé que estoy poniendo en evidencia mi ignorancia y mis prejuicios, pero quiero ser honrado. No voy con ningún contrincante en esta pelea.

Desde el comienzo de la guerra, empecé a leer los periódicos y ver las noticias en la televisión; y he visto los reportajes de personas que mueren, lloran, agonizan; personas que corren para salvar sus vidas entre las bombas que destruyen sus casas. Es un desastre humanitario y todo el mundo le hecha la culpa a Rusia: EEUU, la Unión Europea y, aunque el gobierno israelí se ha mantenido callado, los medios de comunicación israelíes no han dejado de vociferar.

¿Por qué? Bueno, claramente Rusia es el Goliat de esta guerra. Rusia, bajo Putin, se está convirtiendo otra vez en una dictadura, mientras que Georgia es mucho más débil; Georgia es David, el desvalido. De esta manera puedo ver algunas razones lógicas para que el mundo tenga una afinidad emocional con la pequeña Georgia contra una Rusia grande y malvada.

Sin embargo, es necesario establecer los hechos de esta guerra tal como han sucedido, empezando por la cuestión de quién comenzó las hostilidades. Leí el New York Times, AP, Wikipedia y el Jerusalem Post, he visto las noticias en la BBC y Sky News, y todos están de acuerdo en que fue Georgia quien comenzó la guerra. Hubo algunos tiroteos y peleas con los vecinos de Osetia del Sur, que es un enclave de Georgia con una frontera que linda con Rusia; luego Georgia bombardeó Tskhinvali, la capital de Osetia del Sur, y envió sus tropas para asumir el control total de la región. De cientos a miles de civiles fueron asesinados y decenas de miles se convirtieron en refugiados. Ese fue el principio de la guerra. A continuación, Rusia respondió de manera abrumadora contra Georgia.

Bueno, así que Georgia inició las hostilidades. Pero esto no significa necesariamente que Georgia actuara de una manera errónea; tal vez fue una guerra en defensa propia, una guerra justificada. Veamos bien la realidad: ¿Cuáles son los hechos sobre Osetia del Sur, el territorio por el que luchaban? ¿A qué país quiere pertenecer la población de
Osetia del sur, a Georgia o Rusia? Los 70.000 habitantes de Osetia del Sur, nos damos cuenta, son lo que los medios de comunicación describen como «pro rusos». Osetia del Sur es lo que los medios de comunicación describen como «una provincia independentista» dentro de Georgia. ¿De qué país se quiere separar Osetia de sur? Se quiere separar de Georgia. Osetia libró una guerra de secesión contra Georgia a principios de los 90. Lo mismo que Abjasia, la otra «provincia separatista pro rusa» de Georgia, también con una frontera con Rusia.

Las poblaciones de Osetia del Sur y Abjasia se identifican con Rusia, no con Georgia. La mayoría de ellas tienen pasaportes rusos. Durante la semana pasada, los guerrilleros de Osetia del sur y Abjasia lucharon al lado de las tropas rusas contra el ejército de Georgia.

Y finalmente, aquellas decenas de miles de refugiados de guerra de Osetia del Sur,¿a qué país huyeron en busca de seguridad y protección? A Rusia. ¿Y quién fue a visitarlos y consolarlos? Vladimir Putin.

En consecuencia, lo que tenemos es una guerra sangrienta iniciada por Georgia contra una pequeña provincia pro rusa a la que quiere gobernar contra la voluntad de sus habitantes… y cuando Rusia manda su ejército a luchar contra Georgia, la gente de Osetia del Sur, junto con la gente de Abjasia, que son las verdaderas víctimas de esta guerra, los combatientes mas débiles, los verdaderos David, están muy agradecidas a Rusia por salvarlas.

A pesar de todo, el mundo muestra compasión por Georgia y condena a Rusia, ¿por qué?

Porque Rusia tiene una historia muy complicada, fue la gran enemiga de los países occidentales en el siglo XX, pretende ser otra vez un imperio y es mucho más fuerte que Georgia. Mientras que Georgia dice que es una democracia, es el amor de la administración de Bush, el presidente de Georgia habla inglés muy bien y conoce todas las palabras de moda como «valores» y «derechos humanos» que los habitantes de los países occidentales adoran tanto, y porque Georgia desafía al malvado gigante ruso.

Todo esto es verdad. Pero nada puede cambiar el hecho de que en esta guerra Georgia fue la agresora y Rusia la defensora.

Ahora que Georgia perdió la guerra, el mundo dice que el presidente Mikheil Saakashvili cometió «un error de cálculo» al iniciarla. Una vez más el mundo se equivoca. El comienzo de una guerra de conquista que mata y mutila a miles de personas no es un error de cálculo. Al contrario, es un delito terrible y detestable. El mundo debería compadecerse de Osetia del sur y Abjasia. Lamento mucho mi ignorancia y mis
prejuicios, pero en estos días, cuando pienso en Georgia, pienso en el lugar en el que Stalin nació, creció y se educó…

Original en inglés: http://www.jpost.com/servlet/Satellite?c...2FShowFull

Larry Defner es columnista del Jerusalem Post.

Nicolás López Wrote:
Hola, solo decir que para mí no hay debate sobre política que valga el enfado de nadie en este foro, mucho menos la marcha de su gente.

En Enedeté hay un montón de cosas interesantes sobre las que debatir que creo que no destruirán el buen ambiente como lo están haciendo las discusiones sobre política. Yo creo que no importa cuánta razón se tiene, ni cuánto se equivoque el otro. Lo que importa es no perder de vista que si el precio de todo esto es la enemistad y hasta el abandono del foro es que no merece la pena, en absoluto.

Saludos Smile


Nicolás, entiendo la intención de tu invitación y la comparto. Sin embargo, debatir política es un ejercicio de ciudadanía, que acaso es la que nos falta. El mundo de hoy requiere ciudadanos en el mejor sentido de la palabra: personas concientes de sus derechos y sus obligaciones para con la sociedad, el mundo y consigo mismas. Evadir la discusión puede que oculte las diferencias, pero no necesitamos eso en el mundo de hoy. Se muy bien que no es tu intención proponer tal cosa, pero es importante que reconozcamos que si en un espacio como este no se puede discutir temas que influyen en nuestras vidas cotidianas querrámoslo o no, no veo dónde sí se pueda. Siempre existe la opción de no visitar hilos. Muchas veces aun en familia estos temas son de alta sensibilidad. Optar por darles la espalda sólo pospone que reconozcamos nuestras diferencias. En democracia debemos aprender a convivir con nuestras diferencias. Esa es la base de la tolerancia.

Creo que lo que podríamos pedir es que se hagan a un lado las animadversiones y no cofundirlas con las pasiones que este tipo de temas suelen desatar. Aunque, ojo, las pasiones las llevamos dentro no vienen con los temas.

Saludos Smile

La gente pensante y sensata de Estados Unidos no se anda por las ramas. Esas son buenas noticias para la especie humana.

Russia's Return Bites the Neocons' Grand Energy Scheme in the Ass
By James Howard Kunstler, Kunstler.com
Posted on August 19, 2008, Printed on August 19, 2008


The feeble American response to Russia's assertion of power in the Caucasus of Central Asia was appropriate, since our claims of influence in that part of the world are laughable. The US had taken advantage of temporary confusion in Russia, during the ten-year-long post-Soviet-collapse interval, and set up a client government in Georgia, complete with military advisors, sales of weapons, and even the promise of club membership in the western alliance known as NATO. These blandishments were all in the service of the Baku-to-Ceyhan oil pipeline, which was designed specifically to drain the oil region around the Caspian Basin with an outlet on the Mediterranean, avoiding unfriendly nations all along the way.

At the time this gambit was first set up, in the early 1990s, there was some notion (or wish, really) among the so-called western powers that the Caspian would provide an end-run around OPEC and the Arabs, as well as the Persians, and deliver all the oil that the US and Europe would ever need -- a foolish wish and a dumb gambit, as things have turned out.

For one thing, the latterly explorations of this very old oil region -- first opened to drilling in the 19th century -- proved somewhat disappointing. US officials had been touting it as like unto "another Saudi Arabia" but the oil actually produced from the new drilling areas of Kazakhstan, Turkmenistan, and the other Stans turned out to be preponderantly heavy-and-sour crudes, in smaller quantities than previously dreamed-of, and harder to transport across the extremely challenging terrain to even get to the pipeline head in Baku.

Meanwhile, Russia got its house in order under the non-senile, non-alcoholic Vladimir Putin, and woke up along about 2007 to find itself the leading oil and natural gas producer in the world. Among the various consequences of this was Russia's reemergence as a new kind of world power -- an energy resource power, with the energy destiny of Europe pretty much in its hands. Also, meanwhile, the USA had set up other client states in the ring of former Soviet republics along Russia's southern underbelly, complete with US military bases, while fighting active engagements in Iraq and Afghanistan. Now, if this wasn't the dumbest, vainest move in modern geopolitical history!

It's one thing that US foreign policy wonks imagined that Russia would remain in a coma forever, but the idea that we could encircle Russia strategically with defensible bases in landlocked mountainous countries halfway around the world…? You have to ask what were they smoking over at the Pentagon and the CIA and the NSC?

So, this asinine policy has now come to grief. Not only does Russia stand to gain control over the Baku-to-Ceyhan pipeline, but we now have every indication that they will bring the states on its southern flank back into an active sphere of influence, and there is really not a damn thing that the US can pretend to do about it.

We could have spent the past ten years getting our own house in order -- waking up to the obsolescence of our suburban life-style, scaling back on the Happy Motoring, reconnecting our cities with world-class passenger rail, creating wealth by producing things of value (instead of resorting to financial racketeering), protecting our borders, and taking the necessary measures to defend and update our own industries. Instead, we pissed our time and resources away. Nations do make tragic errors of the collective will. The cluelessness of George Bush is nothing less than a perfect metaphor for the failure of a whole generation. The Boomers will be identified as the generation that wrecked America.

So, as the vacation season winds down, this country greets a new reality. We miscalculated in Western and Central Asia. Russia still "owns" that part of the world. Are we going to extend our current land wars there into the even more distant and landlocked Stan-nations? At some point, as we face financial and military exhaustion, we have to ask ourselves if we can even successfully evacuate our personnel from the far-flung bases in Uzbekistan and Kyrgyzstan.

This must be an equally sobering moment for Europe, and an additional reason for the recent plunge in the relative value of the Euro, for Europe is now at the mercy of Russia in terms of staying warm in the winter, running their kitchen stoves, and keeping the lights on. Russia also exerts substantial financial leverage over the US in all the dollars and securitized US debt paper it holds. In effect, Russia can shake the US banking system at will now by threatening to dump its dollar holdings.

The American banking system may not need a shove from Russia to fall on its face. It's effectively dead now, just lurching around zombie-like from one loan "window" to the next pretending to "borrow" capital -- while handing over shreds of its moldy clothing as "collateral" to the Federal Reserve. The entire US, beyond the banks, is becoming a land of the walking dead. Business is dying, home-ownership has become a death dance, whole regions are turning into wastelands of "for sale" signs, empty parking lots, vacant buildings, and dashed hopes. And all this beats a path directly to a failure of collective national imagination. We really don't know what's going on.

The fantasy that we can sustain our influence nine thousand miles away, when we can't even get our act together in Ohio is just a dark joke. One might state categorically that it would be a salubrious thing for America to knock off all its vaunted "dreaming" and just wake the fuck up.

James Howard Kunstler is the author of the World Made by Hand.

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