Voy de atrás pa' adelante, Au... en el título "contributes to" me trae top of mind la palabra "incide en"...
En el párrafo que primero mencionaste, también me hace ruido asociar mejora o mejoría con muerte. Escogería algo así: "no han habido cambios significativos en la tasa de mortalidad infantil" (o "cambios sustanciales"), para combinarlo con "essentially" (en esencia, en su naturaleza).
O (de un tirón): "No se han logrado grandes avances para disminuir la tasa de mortalidad infantil desde el año 2000"... "en esencia, no se ha logrado disminuir la tasa..." (creo que la combinación "logro+disminución" lleva al mismo significado de "improvement".
Buenos días,
Alicia (ni el café me he tomado, pero me atrajo el brainstorming... suerte, Au)
P.D. Editado posteriormente: me llamó tanto la atención el brainstorming que no me di cuenta de que tu pregunta fue más para los de cabina... sorry, ¿lo dices por tener que escoger más rápido el término apropiado?
Bueno, ni tanto ni tan calvo, me parece. Tiene razón el PepeLu en cuanto a la difícil (no sé si imposible) simultaneidad de empeños, pero, como siempre, depende...
No sé si puedo tildarme de traductor/intérprete, porque ni interpreto tanto (unos 80 ó 100 días al año, si acaso) ni tanto traduzco (no sabría decir cuántas palabras; mi único cliente es la ONU-Viena, que me da un trabajo de unas 8.000 palabras cada dos meses). Pero es frecuente que, estando en Viena, sudando la gota no tan gorda en la cabina, me caiga encima uno de estos trabajos. Como estoy solito en mi alma y no tengo en mi torno mujer e hijas que legítimamente me reclamen, pues nada; ando con la láptop a cuestas, traduzco en los entresijos de mi reunión, desatiendo el almuerzo, me quedo en el lounge de intérpretes tres o cuatro horas (tienen unos ordenadores deputamadre), ceno perfunctoriamente, si no trabajo a la mañana siguiente (solemos hacer no más de ocho y casi siempre solo siete reuniones de tres horas por semana) trasnocho, el fin de semana casi no salgo, aprovecho las 20 horas de aeropuerto de Viena a Ezeiza, y termino todo a tiempo y bien. Claro, la demencia no dura más que una semana, a lo sumo, diez días y se repite no más de cinco o seis veces por año, pero lo pagan deputamadremente bien. Y como, para colmo, me gusta... pues que no m escuece la sarna.
Otrosí fundamental digo, que es malo que el intérprete deje completamente de traducir: los idiomas (y sobre todo el propio) no se desarrollan en cabina, ni se refina demasiado la idoneidad para "traducir", entendida como la de encontrar en tiempo real las soluciones más adecuadas. La traducción (la que sea, pero bien hecha, es decir, por lo pronto, bien REDACTADA) es al intérprete lo que practicar escalas al pianista. Ningún pianista aprovecha el concierto para perfeccionar su agilidad. Eso se hace en casa. Que para hacerlo bien y rápido es preciso primero y muchas veces hacerlo bien pero despacio.
Yo ya tengo olfato y oído para detectar entre las voces y los espasmos la del intérprete que no ha abandonado el hábito de traducir: es el que menos pasivas profiere, el que adereza su discurso con un léxico a la vez más elegante y preciso, el que sabe y puede no correr porque sabe y puede decirlo "bien" pero "cortito". Muchos colegas que nunca se han preocupado por refinar el instrumento que tocan ((acaso todos, y son, por desdicha, legiones), suelen ser meramente funcionales: dicen torrentes de palabras hilvanadas al tuntún del original, con menos convencimiento que libertino en misa y con la entonación desentonada y monocorde del niño que se ha aprendido la lección de memoria y la recita sin saber del todo si es de química, geografía, historia o física, se les entiende (no siempre sin cierto esfuerzo, casi siempre con mucho y, a veces, a gatas o ni eso) y, como, al cabo, para eso les pagan, pues cobran y se van (o al revés, claro).
Pero NO DA GUSTO escucharlos, y oírlos menos todavía, y para mí, un intérprete al que NO DA GUSTO escuchar (y el orador no tiene nunca la culpa, porque la voz, la entonación y, si es preciso o cabe, la sal y la pimienta, las pone el intérprete) es un intérprete cuando mucho mediocre. Quien haya compartido cabina con el PepeLú y haya salido con el rabo entre las piernas lo sabe. Perdón si he pisado algún callo, pero el haber sido Jefe de Intérpretes durante quince años me sirve de coartada.
sergio
Puntualiza Alicia:
***yo diría que no basta con saber decir las cosas sino que hay que tener ese talento -intuición, no sé- para saber cuándo y cómo decirlas. Y eso no lo daría sólamente la traducción. En conclusión, ¿es eso innato o se puede desarrollar con un mínimo de aptitudes?
+++Como para toda actividad mínimamente creadora, para traducire interpretar es imprescindible cierto talento. Pero luego ese talento hay que encauzarlo y desarrollarlo. Saber cuándo y cómo decir las cosas que como "traductores" se nos ocurren es ya coto de la teoría de la comunicación. Pero para saber cuándo y cómo hay que saber primero qué, y esa capacidad de encontrar qué es la que contribuye a desarrollar la traducción.
sergio
Niña, hay básicamente dos posiciones que el intérprete puede adoptar: meterse en alter ego del orador y ponerse de otro yo del interlocutor. En principio, a ningún interlocutor le gusta que lo aburran a) con información parásita (que MOLESTA por innecesaria o inasimilable), b) con información superflua (que no molesta, pero requiere un esfuerzo de procesamiento totalmente inútil, c) con información útil, pero difícil de digerir por mal expuesta (poca claridad, demasiada velocidad, aburrida, etc.).
A MENOS QUE LAS CIRCUNSTANCIAS ACONSEJEN O EXIJAN OTRA COSA (puede haberlas, pero son excepcionalmente excepcionales), no hay ninguna razón para que el intérprete no optimice la información. Ser tartamudo, cecioso o hablar con acento japonés también es "PARTE DEL MENSAJE", como lo es hablar que casi no se entiende (por imprespicuo, veloz, monótono o, casi siempre, las tres cosas a la vez), como lo es dejar las frases sin terminar, cometer errores de sintaxis o léxico, o, incluso, hablar con voz desagradable...
Solo que no es, en rigor, casi nunca es PARTE DEL MENSAJE que interese transmitir en la interpretación, en el sentido que no es información pertinente (que el orador titubee, por ejemplo, sí es parte del mensaje en el banquillo de los acusados o, lo que es lo mismo, en respuesta a una pregunta jodida en conferencia de prensa, pero cuántas veces te ha tocado?).
El interlocutor que escucha al intérprete no quiere "enterarse" de los errores de sintaxis ni del ceceo ni demás dificultades de forma con las que el orador tropiece para decirle lo que él, el interlocutor, ha venido a escuchar. Es trabajo del BUEN intérprete hacerse cargo de cuándo y hasta qué punto es posible, aconsejable o, incluso, imprescindible "manipular" el original.
En interpretación y traducción, la "obediencia debida" es tan pusilánime o irresponsable o lisa y llanamente culpable como en otras esferas... aunque menos letal.
En mi experiencia, la mayoría de los colegas que dicen negarse a mejorar el original y luego no lo hacen (vos misma reconocés que no hacés lo que predicás!), se limitan a erigir en norma deontológica su propia incapacidad: no SABEN ni PUEDEN a) decidir cuánto ni hasta qué punto conviene o es necesario hacerlo y, peor, no SABRÍAN ni PODRÍAN hacerlo si supieran cuándo y cómo. Como no me dan las neuronas y/o el cuero, no se debe. GENIAL!!!
sergio
Esto que hacés "por instinto" (instinto de todo buen intérprete, con el cual se "nace"), debe ahora ser por conciencia deontológica. Antes te "parecía", ahora lo "sabés". Esa es la gran diferencia entre la práctica meramente intuitiva y la basada en una teoría (buena o mala, pero esta es buena) entendida como concpetualización de esa práctica. Marx decía que la ciencia era la praxis hecha conciencia. Pues ahí la tienes!
sergio
Satamente: DEPENDE!!!! Pero creo que tu posición "defensiva" (como que fuites a explicarle -confesarle?- al orador que habías pecado de frivolidad) es una rémora. EN PRINCIPIO, no hay que reconocer ni justificar nada: si uno ha hecho un buen trabajo (y esa calidad es, no solo también, sino con mucho, el haberle puesto la debida dosis de sal y pimienta, sin ir más lejos, metiendo coloquialismos y hasta un cachitín de lunfardo) no tienen nada que explicarle a nadie... a menos que vengan a preguntar.
A mí me tocó una conferencia sobre accidentes en gasoductos... para BOMBEROS! El orador, un gringo muy interesante, explicaba, de pronto, que la ley prohibía ahora construir edificios habitacionales a menos de equis distancia, y abundaba en quién presentó el proyecto, en qué fecha exacta fue aprobado y qué numero le quedó a la ley. Qué podía importarles tal cosa a mis bomberos? NADA DE NADA!!!!! Qué favor le hacía al orador (que se olvidaba de que estaba hablando a bomberos pajueranos) o a mis bomberos haciéndoles procesar esa información totalmente inútil? NINGUNO!!!!! Qué disculpas me toca pedir o explicaciones proporcionar a quién por esa "censura"? NINGUNA A NADIE!!!!
En determinado momento, el gringo habló de una deflagración poco menos que apocalíptica, con ilustraciones en que se veían las autobombas como hormiguitas en medio de llamaradas de cien metros y más de alto. Dijo "As you can see, this was a biiiiiiiig fire!, y yo, sin pensar, nomás llevado por el entusiasmo, dije "Como ven, fue un incendio de la San..." y me quedé haciendo equilibrio precario buscando un sinónimo contextual de "puta", que no pude encontrar, de modo que culminé "etcétera!", y mis bomberos que habían comenzado a reír, estallaron en carcajadas. Sal y pimienta entonces, que solo han de escatimarse en comida de prisión o de hospital.
sergio
No sé si lo dije, pero, a iniciativa mía, que, por suerte, mi sucesor ha mantenido, en mis casi quince años de capomafia por Viena pasaron para hacer cabina muda o, incluso, interpretar para las ONG -y no exagero- cientos de estudiantes de Salamanca, Vic, Madrid-Comellas, Estrasburgo, Mons, Bruselas (ISTI y Marie-Haps), Amberes, Leeds, Bath, Salford, Trieste, Beirut, Viena y vaya a saber cuántas escuelas más. Muchos de los colegas permanentes y free-lance se ofrecían a escucharlos, y más de una vez me recomendaban que contratara a tal o cual (cosa que invariablemente hacía).
Otra cosa que hacía era dejar un lugar libre por cabina para la Conferencia General del Organismo de Energía Atómica, que se celebra a fines de septiembre, para rellenarlo con cualquier estudiante de las escuelas en que me tocaba ser jurado en junio. El trato era el siguiente: La ONU les pagaba por una semana más plata de la que habían visto en su vida, incluidos los viáticos y el pasaje; pero ellos se comprometían a venir una semana antes a practicar en cabina muda durante la reunión de la Junta de Gobernadores del OIEA previa a la Conferencia para familiarizarse con el tema, los oradores y la cultura de conferencia. La semana en que lo hacían ya por plata, el primer día, cabina muda; el segundo, de a tres, de modo que si les daba pánico siempre había alguien para sacarles las castañas del fuego; y el miércoles, swim or sink, como los grandes, pero siempre con intépretes veteranos de mi absoluta confianza (es decir, buenos como intérpretes y que no los iban a cagar por temor a la competencia). No tuve ocasión de arrepentirme nunca.
sergio
Sergio querido, yo creo que las niñas hablaban básicamente de lo que sucede acá en nuestro medio rioplatense. El primer mundo parece funcionar de otra manera en ese aspecto. Aunque sé, por amigos colegas que tienen largos años de experiencia en ese primer mundo, que la envidia entre intérpretes, y el clima de "insolidaridad" entre ellos, es igual o mucho peor que lo que es acá.
Abrazo y está esperándote el cardamomo que te dejó JL.
Aunque supongo que ante la proximidad de su llegada, él podrá entregártelo personalmente.
Lucille
No sé si lo dije, pero, a iniciativa mía, que, por suerte, mi sucesor ha mantenido, en mis casi quince años de capomafia por Viena pasaron para hacer cabina muda o, incluso, interpretar para las ONG -y no exagero- cientos de estudiantes de Salamanca, Vic, Madrid-Comellas, Estrasburgo, Mons, Bruselas (ISTI y Marie-Haps), Amberes, Leeds, Bath, Salford, Trieste, Beirut, Viena y vaya a saber cuántas escuelas más. Muchos de los colegas permanentes y free-lance se ofrecían a escucharlos, y más de una vez me recomendaban que contratara a tal o cual (cosa que invariablemente hacía).
Otra cosa que hacía era dejar un lugar libre por cabina para la Conferencia General del Organismo de Energía Atómica, que se celebra a fines de septiembre, para rellenarlo con cualquier estudiante de las escuelas en que me tocaba ser jurado en junio. El trato era el siguiente: La ONU les pagaba por una semana más plata de la que habían visto en su vida, incluidos los viáticos y el pasaje; pero ellos se comprometían a venir una semana antes a practicar en cabina muda durante la reunión de la Junta de Gobernadores del OIEA previa a la Conferencia para familiarizarse con el tema, los oradores y la cultura de conferencia. La semana en que lo hacían ya por plata, el primer día, cabina muda; el segundo, de a tres, de modo que si les daba pánico siempre había alguien para sacarles las castañas del fuego; y el miércoles, swim or sink, como los grandes, pero siempre con intépretes veteranos de mi absoluta confianza (es decir, buenos como intérpretes y que no los iban a cagar por temor a la competencia). No tuve ocasión de arrepentirme nunca.
sergio
No, si no me estaba defendiendo, sino matizando: hay de todo en la viña del Señor. Hay colegas para los cuales cualquier otro intérprete es un rival o enemigo en potencia, pero no creo que sean los más. Tampoco son, seguramente los más, aquellos que sienten en las tripas la necesidad de garantizar el relevo, y no solo el relevo, sino el avance de la profesión, los que se ilusionan con que los jóvenes de hoy sean mejores que ellos mismos cuando eran jóvenes, para que, de viejos, sean mejores que ellos mismos y puedan garantizar el relevo a un nivel más alto.
Como en cualquier profesión, sospecho, la mayoría cubre el vasto territorio entre estos dos polos.
sergio
Excelente matización, Sergio.
En un todo de acuerdo.
Abrazo,
Lucille
No, si no me estaba defendiendo, sino matizando: hay de todo en la viña del Señor. Hay colegas para los cuales cualquier otro intérprete es un rival o enemigo en potencia, pero no creo que sean los más. Tampoco son, seguramente los más, aquellos que sienten en las tripas la necesidad de garantizar el relevo, y no solo el relevo, sino el avance de la profesión, los que se ilusionan con que los jóvenes de hoy sean mejores que ellos mismos cuando eran jóvenes, para que, de viejos, sean mejores que ellos mismos y puedan garantizar el relevo a un nivel más alto.
Como en cualquier profesión, sospecho, la mayoría cubre el vasto territorio entre estos dos polos.
sergio