29-06-2008, 01:47 PM
Ávila, Málaga, Cáceres,
Játiva, Mérida, Córdoba,
Ciudad Rodrigo, Sepúlveda,
Úbeda, Arévalo, Fromistá,
Málaga, Salamanca,
Turégano, Zaragoza,
Lérida, Zamarramala,
Arrancudiaga, Zamora.
Seis nombres de cuerpo entero,
libres, propios, los de nómina,
el tuétano intraducible
de nuestra lengua española.
Miguel de Unamuno
La música de los topónimos
(guía de uso para viajeros de papel)
Victoriano Colodrón Denis
¿Qué hay en el nombre de un lugar? La respuesta más obvia sería, sin duda: un eco del pasado, de un pasado más o menos remoto; el eco de quienes alguna vez decidieron bautizarlo. Pero ¿por qué con esa palabra y no con otra? Tal vez estuvieran allí sólo de paso, puede que se quedaran una noche nada más, camino de quién sabe dónde, huyendo quizá de la peste o del hambre, persiguiendo a sus enemigos o cumpliendo un incierto rito migratorio. Así que es posible que no se fijaran muy bien en el sitio en cuestión, y que sólo con una primera impresión apresurada y fugaz se atrevieran a darle nombre, o no pudieran resistir la tentación de hacerlo, llevados por ese impulso primigenio, ligado a la mera existencia del lenguaje, que es el de nombrar, como lo es también el de narrar.
Y lo harían váyase a saber con qué criterio o propósito, si sólo para reflejar con la palabra lo más característico del lugar en el orden físico o social, o tal vez con otros fines: en homenaje a una persona quizá, en conmemoración de un hecho señalado, en recuerdo de otro sitio, para cumplir una promesa, para librarlo de supuestos malos espíritus o con cualquier otra oscura intención simbólica. O puede que fuera por broma, con intención humorística, o como resultado de una apuesta. ¿O sólo por puro capricho, por un arbitrio sin fundamento? En cualquiera de esos casos, además, el bautizo pudo resultar afortunado o no, porque, como en cualquier acto creativo, también en el de nombrar una playa, un puerto de montaña, un río o una aldea, es posible un acierto mayor o menor, más o menos ingenio, perspicacia, oído y buen gusto...
http://cuadernodelengua.com/cuaderno23.htm
Játiva, Mérida, Córdoba,
Ciudad Rodrigo, Sepúlveda,
Úbeda, Arévalo, Fromistá,
Málaga, Salamanca,
Turégano, Zaragoza,
Lérida, Zamarramala,
Arrancudiaga, Zamora.
Seis nombres de cuerpo entero,
libres, propios, los de nómina,
el tuétano intraducible
de nuestra lengua española.
Miguel de Unamuno
La música de los topónimos
(guía de uso para viajeros de papel)
Victoriano Colodrón Denis
¿Qué hay en el nombre de un lugar? La respuesta más obvia sería, sin duda: un eco del pasado, de un pasado más o menos remoto; el eco de quienes alguna vez decidieron bautizarlo. Pero ¿por qué con esa palabra y no con otra? Tal vez estuvieran allí sólo de paso, puede que se quedaran una noche nada más, camino de quién sabe dónde, huyendo quizá de la peste o del hambre, persiguiendo a sus enemigos o cumpliendo un incierto rito migratorio. Así que es posible que no se fijaran muy bien en el sitio en cuestión, y que sólo con una primera impresión apresurada y fugaz se atrevieran a darle nombre, o no pudieran resistir la tentación de hacerlo, llevados por ese impulso primigenio, ligado a la mera existencia del lenguaje, que es el de nombrar, como lo es también el de narrar.
Y lo harían váyase a saber con qué criterio o propósito, si sólo para reflejar con la palabra lo más característico del lugar en el orden físico o social, o tal vez con otros fines: en homenaje a una persona quizá, en conmemoración de un hecho señalado, en recuerdo de otro sitio, para cumplir una promesa, para librarlo de supuestos malos espíritus o con cualquier otra oscura intención simbólica. O puede que fuera por broma, con intención humorística, o como resultado de una apuesta. ¿O sólo por puro capricho, por un arbitrio sin fundamento? En cualquiera de esos casos, además, el bautizo pudo resultar afortunado o no, porque, como en cualquier acto creativo, también en el de nombrar una playa, un puerto de montaña, un río o una aldea, es posible un acierto mayor o menor, más o menos ingenio, perspicacia, oído y buen gusto...
http://cuadernodelengua.com/cuaderno23.htm