26-06-2008, 04:29 PM
Quisiera aprovechar los comentarios en el hilo que Au abrió en Observatorio del mercado y la observación puntual que ella hace en una de sus intervenciones ("De todos modos, parece que solo buscan mujeres porque todas las referencias son a traductoras. ¿?") para subrayar algo de lo que conversamos superficialmente en otro momento y que, según veo, se habla, de manera tangencial, en otro lado: hay más traductoras que traductores, eso parece indicar la estadística, ¿esa realidad será producto de la evolución histórica de la profesión, de lo subvaluada que está la profesión, de la situación de la mayoría de las mujeres?
Aventuro algunas respuestas y propongo una reflexión. En uno de los hilos referidos menciono el papel tradicional de las mujeres como traductoras (antes que autoras) desde hace siglos. Si bien esto pudo contribuir a la consolidación del oficio como un nicho femenino, restringido durante muchos años a las pocas mujeres que tenían acceso al conocimiento y, en concreto, a la palabra escrita, no alcanza como explicación para entender la realidad actual de la traducción. Otra posibilidad es suponer que las ocupaciones menos valoradas y peor remuneradas suelen ser ocupadas por mujeres (maestras de escuela primaria y preescolar, enfermeras, empleadas domésticas, niñeras, secretarias, limpiadoras de oficinas), lo que es parcialmente cierto y de ningún modo permite una generalización (ahí están las contrapartes: albañiles, porteros, plomeros, choferes, cerrajeros). Una tercera cuestión es la realidad de la mayoría de las mujeres: un gran sector con descendencia y pareja, en un modelo en el que ellas asumen (o se les impone) la responsabilidad del cuidado cotidiano de los hijos; otro gran sector con descendencia y sin pareja, en un modelo en el que ellas son las responsables únicas de la manutención y el cuidado cotidiano de los hijos; un sector minoritario con descendencia y pareja que adopta el modelo en el que el varón asume (o se le impone) la total responsabilidad de los recursos económicos para mantener a la familia y la mujer asume (o se le impone) la total responsabilidad del cuidado cotidiano de los hijos; un sector aún menos nutrido de mujeres sin descendencia con una pareja a cargo de toda la responsabilidad económica y de mujeres sin descendencia y sin pareja que se hacen cargo de sí mismas en todo sentido.
Es fundamental analizar la realidad de las mujeres para entender por qué en la actualidad muchas de ellas siguen eligiendo (o "cayendo en") trabajos eventuales, de medio tiempo o en plan de "mientras tanto..." (mientras me caso, mientras nace mi hijo, mientras crecen mis hijos, mientras dejo la casa de papá y mamá). Muchas mujeres llegan así a la traducción: pueden trabajar desde casa, generan un ingreso, acceden a posibilidades de desarrollo y realización personal. ¿Está mal? En sí mismo, no. Si vivo en un mundo en el que constantemente se me dice, abierta y subliminalmente, que mi principal objetivo en la vida es tener pareja y mi principal función en la vida es ser madre (muchas veces, también de mi pareja), es comprensible que lo primero que se me ocurra para crecer como ser humano sea trabajar en este tipo de esquema. Sin embargo, eso no justifica la ACTITUD ante el oficio como algo pasajero, cómodo y que cualquiera puede hacer. "Trabajar desde casa" representa muchísimas ventajas (y costos) además de la posibilidad de preservar la presencia de una mujer en el espacio doméstico, lugar privilegiado de las consideradas prioridades femeninas; "generar un ingreso" es mucho más que tener alguito ocasional para un capricho (idea que lleva con enorme facilidad a no pelear por buenas tarifas o no fijarse objetivos profesionales claros y puntuales... al fin que "¡tengo marido!"), y las "posibilidades de desarrollo y realización" han de ser tomadas y aprovechadas en serio, como seres individuales y no como apéndices (de un sistema, de un varón, de una familia).
En resumen: el hecho de que agencias execrables como la que se menciona en el hilo de marras busquen traductorAs no es casual. La organización del sistema económico favorece que las mujeres engrosen las filas del empleo precario, es una realidad. No obstante, hay una parte que sí nos compete, y es la forma en que asumimos el trabajo y la actitud que tenemos ante quienes nos rodea respecto al valor de nuestro quehacer. Si lo vemos como algo accesorio, así lo verá el resto del mundo: la pareja, los hijos, la familia extensa... los clientes, quien nos lleve la contabilidad, las amistades. Lo peor del caso es que con esa actitud no solo afectamos nuestro ingreso o desarrollo personal, sino la imagen de todo un gremio.
Atenea
Aventuro algunas respuestas y propongo una reflexión. En uno de los hilos referidos menciono el papel tradicional de las mujeres como traductoras (antes que autoras) desde hace siglos. Si bien esto pudo contribuir a la consolidación del oficio como un nicho femenino, restringido durante muchos años a las pocas mujeres que tenían acceso al conocimiento y, en concreto, a la palabra escrita, no alcanza como explicación para entender la realidad actual de la traducción. Otra posibilidad es suponer que las ocupaciones menos valoradas y peor remuneradas suelen ser ocupadas por mujeres (maestras de escuela primaria y preescolar, enfermeras, empleadas domésticas, niñeras, secretarias, limpiadoras de oficinas), lo que es parcialmente cierto y de ningún modo permite una generalización (ahí están las contrapartes: albañiles, porteros, plomeros, choferes, cerrajeros). Una tercera cuestión es la realidad de la mayoría de las mujeres: un gran sector con descendencia y pareja, en un modelo en el que ellas asumen (o se les impone) la responsabilidad del cuidado cotidiano de los hijos; otro gran sector con descendencia y sin pareja, en un modelo en el que ellas son las responsables únicas de la manutención y el cuidado cotidiano de los hijos; un sector minoritario con descendencia y pareja que adopta el modelo en el que el varón asume (o se le impone) la total responsabilidad de los recursos económicos para mantener a la familia y la mujer asume (o se le impone) la total responsabilidad del cuidado cotidiano de los hijos; un sector aún menos nutrido de mujeres sin descendencia con una pareja a cargo de toda la responsabilidad económica y de mujeres sin descendencia y sin pareja que se hacen cargo de sí mismas en todo sentido.
Es fundamental analizar la realidad de las mujeres para entender por qué en la actualidad muchas de ellas siguen eligiendo (o "cayendo en") trabajos eventuales, de medio tiempo o en plan de "mientras tanto..." (mientras me caso, mientras nace mi hijo, mientras crecen mis hijos, mientras dejo la casa de papá y mamá). Muchas mujeres llegan así a la traducción: pueden trabajar desde casa, generan un ingreso, acceden a posibilidades de desarrollo y realización personal. ¿Está mal? En sí mismo, no. Si vivo en un mundo en el que constantemente se me dice, abierta y subliminalmente, que mi principal objetivo en la vida es tener pareja y mi principal función en la vida es ser madre (muchas veces, también de mi pareja), es comprensible que lo primero que se me ocurra para crecer como ser humano sea trabajar en este tipo de esquema. Sin embargo, eso no justifica la ACTITUD ante el oficio como algo pasajero, cómodo y que cualquiera puede hacer. "Trabajar desde casa" representa muchísimas ventajas (y costos) además de la posibilidad de preservar la presencia de una mujer en el espacio doméstico, lugar privilegiado de las consideradas prioridades femeninas; "generar un ingreso" es mucho más que tener alguito ocasional para un capricho (idea que lleva con enorme facilidad a no pelear por buenas tarifas o no fijarse objetivos profesionales claros y puntuales... al fin que "¡tengo marido!"), y las "posibilidades de desarrollo y realización" han de ser tomadas y aprovechadas en serio, como seres individuales y no como apéndices (de un sistema, de un varón, de una familia).
En resumen: el hecho de que agencias execrables como la que se menciona en el hilo de marras busquen traductorAs no es casual. La organización del sistema económico favorece que las mujeres engrosen las filas del empleo precario, es una realidad. No obstante, hay una parte que sí nos compete, y es la forma en que asumimos el trabajo y la actitud que tenemos ante quienes nos rodea respecto al valor de nuestro quehacer. Si lo vemos como algo accesorio, así lo verá el resto del mundo: la pareja, los hijos, la familia extensa... los clientes, quien nos lleve la contabilidad, las amistades. Lo peor del caso es que con esa actitud no solo afectamos nuestro ingreso o desarrollo personal, sino la imagen de todo un gremio.
Atenea

) frente a un traductor sea distinta que frente a una traductora. También es cierto, como contó Atenea alguna vez, que las mujeres somos peores negociadoras. Me incluyo en este grupo y estoy trabajando todos los días (desde lo laboral y lo personal) para modificarlo.