11-06-2008, 09:51 PM
Hola, colegas.
Esto que leerán más abajo (no se lo pierdan) es el Apéndice del libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges de Fernando Sorrentino, un libro obligado para quienes amamos al maestro.... y para quienes anden pensando en comenzar a amarlo.
Los dejo en buena compañía.
Au
BORGES EN INGLÉS
Si bien es cierto que antes de la fecha han aparecido en Gran Bretaña y, sobre todo, en los Estados Unidos de América, fragmentarias traducciones de los libros de Borges —principalmente en revistas y antologías —sólo ahora nos hallamos ante un esfuerzo para traducir orgánicamente su obra.
Norman Thomas di Giovanni —nacido en 1933 en Newton (Massachusetts) y autor, entre otros trabajos, de una selección y versión inglesa de los poemas del Cántico de Jorge Guillén, publicada en 1965 en Boston y Londres— se ha lanzado fervorosamente, a partir de un subsidio inicial otorgado por la Ingram Merrill Foundation, a la tarea de traducir al inglés las obras de Jorge Luis Borges. Dedicado por entero a ella, reside actualmente en Buenos Aires, y, ya que lo tenemos tan a mano, me ha parecido interesante preguntarle sobre algunos pormenores de su labor.
F.S.
FERNANDO SORRENTINO. ¿Cuáles son las obras de Borges que está traduciendo al inglés, para qué editorial, cuándo empezó el trabajo y cuándo piensa terminarlo?
NORMAN THOMAS DI GIOVANNI. Hasta ahora, he trabajado en once volúmenes. Diez de ellos (El libro de los seres imaginarios, El informe de Brodie, Historia universal de la infamia, Elogio de la sombra, Historia de la eternidad, Discusión, Evaristo Carriego, Crónicas de Bustos Domecq, Seis problemas para don Isidro Parodi —estos dos últimos, en colaboración con Bioy Casares— y un libro de cuentos escogidos escritos entre 1933 y 1969) están apareciendo en New York, publicados por E. P. Dutton. Otro editor neoyorquino —Seymour Lawrence/Delacorte Press— publicará el undécimo libro, una selección de aproximadamente cien poemas extraídos de la Obra poética 1923-1967. El primero de estos volúmenes (The Book of Imaginary Beings) apareció en 1969; el segundo (The Aleph and Other Stories 1933-1969), en 1970; el Doctor Brodie's Report y el libro de poemas saldrán a principios de 1972. Los demás se van a publicar a un ritmo de uno o dos libros por año. Hace ya cuatro años que estoy trabajando en este proyecto y espero poder terminarlo dentro de otros cuatro o cinco años. Un gran porcentaje de las traducciones aparece primero en revistas, sobre todo en la New Yorker, con la que Borges y yo tenemos contrato de prioridad para publicar aquellas obras suyas aún no traducidas al inglés. Otros trabajos nuestros ya han aparecido en revistas tales como Atlantic, Encounter, The New York Review of Books, Harper's Bazaar y The Quarterly.
F.S. ¿Quién colabora con usted y cuál es el método adoptado en la traducción?
N.T.di G. Mi principal colaborador es el propio Borges. Por esta razón he venido a Buenos Aires para hacer mis traducciones. Él y yo trabajamos en estrecha y completa colaboración. Borges me dijo que ésta es la primera y única vez que ha tenido una participación directa en la traducción de una obra suya. Trataré de explicar brevemente nuestro método, que, según se trate de prosa o verso, es distinto.
Empezaré con la prosa. Primero, trabajando solo, hago un borrador del cuento o ensayo. Después se lo llevo a Borges —trabajamos juntos todas las tardes en la Biblioteca Nacional— y le leo primero una frase del original español y después la correspondiente frase de mi borrador. A veces mis frases son bastante aceptables así como están, a veces tenemos que rehacerlas. A esta altura, suelo hacer preguntas o sugerencias. Borges —que posee un extraordinario dominio del inglés y un increíble poder de invención— reescribe en algunas ocasiones la frase para hacerla más directa —adaptándola a las exigencias del inglés— y más clara. Hasta este instante, nuestra preocupación fundamental es captar totalmente el sentido del texto y ponerlo en una especie de inglés y, por eso, aún nos conformamos con que sólo sea una versión literal. Entonces comienza la segunda etapa. Llevo esta versión literal a casa y, mientras la paso a máquina, trato de ir dándole forma literaria, de ir puliendo las frases y los párrafos y de encontrar los términos exactos. Ahora la obra sólo existe en inglés y mi intención es entonces la de escribirla en el mejor estilo inglés. Ésta es la parte más difícil del trabajo. La fase final consiste en llevarle a Borges esta nueva versión, que yo considero más o menos concluida. Entonces se la vuelvo a leer, sin hacer ninguna referencia al texto original; como ya dije, consideramos la obra como si sólo existiera en inglés. Los cambios que hacemos son mínimos: una que otra palabra, a veces una frase o dos. De vez en cuando, Borges quiere agregar alguna frase que no existía en el texto español (en ciertas oportunidades, ha retraducido esas frases al español, para interpolarlas en el texto original). Ése es el momento en que consideramos terminada la versión. Al traducir ensayos, siempre leo las fuentes, de modo de tener una idea general del tema; además, siempre busco y verifico todas las citas y paráfrasis. No es necesario señalar que esta manera de traducir en colaboración es la forma más larga y trabajosa de hacerlo, pero también creemos que éste es el mejor modo de traducir y nos parece que los resultados justifican ampliamente nuestro método.
Dos de los libros que estamos traduciendo —Seis problemas para don Isidro Parodi [i]y las Crónicas de Bustos Domecq[/i]— fueron escritos por Borges en colaboración con Bioy Casares. En la actualidad, después de un año de trabajo, nos hallamos en la mitad de las Crónicas. Trabajamos exactamente del mismo modo que he descripto antes, salvo que en este caso también colabora Bioy. Trabajamos en su casa una o dos noches por semana. Claro que, debido al carácter de estas obras, las dificultades pueden multiplicarse por ciento; traducir estos libros literalmente es imposible y entonces, los tres tenemos que exigir al máximo nuestra capacidad de invención. Nuestro avance es forzosamente muy lento, pero, como recompensa, nos divertimos mucho y a menudo quedamos gratamente sorprendidos ante los resultados.
En cambio, al traducir poemas seguimos un método totalmente distinto. Primero voy a referirme al volumen mayor de poemas escogidos. Una cuarta parte de él la he traducido yo. Con respecto al resto, les he encargado la tradución a algunos de los mejores poetas de los Estados Unidos de América: Robert Fitzgerald, Richard Wilbur, W. S. Merwin, Ben Belitt, Alastair Reid, Mark Strand, Alan Dugan, Richard Howard, John Updike y John Hollander. En primer término, Borges y yo hicimos versiones literales —línea por línea— de cada poema de nuestra selección. Una vez hecho esto, asigné poemas a los traductores y ejercí sobre ellos un cuidadoso control, constatando sus versiones con nuestro texto literal. Entre cada traductor y yo los poemas iban y venían generalmente varias veces antes de que los resultados fueran satisfactorios. Como punto final, terminaba leyéndole a Borges los poemas para su aprobación definitiva. Claro que este procedimiento acarrea un enorme trabajo al redactor —no sé cuántos centenares de cartas he tenido que escribir—, pero, al mismo tiempo, el cambio de ideas entre el autor, el redactor y los traductores creo que ha dado resultados realmente valiosos.
En la traducción de Elogio de la sombra sigo el mismo método, pero con la diferencia de que soy yo el que traduce la mayoría de las páginas del libro: a los otros traductores voy a encomendarles tal vez una cuarta parte. Me pareció mejor hacerlo así, porque, en gran medida, Elogio de la sombra fue escrito mientras yo estaba en Buenos Aires, trabajando junto a Borges, de modo que con frecuencia pude seguir el desarrollo del poema: desde la idea hasta el borrador, y desde éste hasta la versión definitiva. Es por eso que con este libro tengo una relación muy estrecha y directa, y siento por él un afecto especial; inclusive algunos poemas se tradujeron al inglés ni bien los originales acababan de escribirse, y una de las prosas, Pedro Salvadores, apareció en inglés antes que en español.82 Al aparecer Elogio de la sombra en agosto de 1969 —cuando Borges cumplió setenta años— teníamos terminada casi la mitad de la traducción.
F.S. ¿Qué dificultades o ventajas encuentra en el estilo de Borges?
N.T.di G. En el estilo de Borges encuentro muchas ventajas y muy pocas dificultades. Ya se sabe que Borges es un gran estilista: toda su obra está cuidadosamente bien escrita; se esfuerza por ser claro y sencillo. Obviamente, es mucho más fácil traducir una cosa bien escrita que otra escrita con torpeza. De manera que quien traduce a Borges se encuentra con las inapreciables ventajas de un estilo correcto y límpido. También tengo la suerte de que, en Borges, la estructura de la frase está a menudo modelada sobre la estructura de la frase inglesa: quiere decir que muchas veces la traducción va como sobre rieles, puesto que las frases tienen la misma forma que en inglés. Pero no siempre sucede eso, y es aquí donde muchos traductores cometen errores. A veces, sucede que en inglés el equilibrio y el énfasis son completamente distintos: en estos casos, de repente me encuentro invirtiendo el orden de las frases; o, si no, cambiando la posición de las cláusulas dentro de la frase; o, a veces, intercalando conjunciones entre dos frases; o también dividiendo en dos alguna frase. (Quiero puntualizar además que, en Borges, la mesura y la economía de su estilo —rasgos que no son precisamente característicos del español, un idioma bastante retórico y florido— están muy cercanas a la prosa clásica de las obras más admirables de la lengua inglesa, sean sus autores británicos o norteamericanos. Pero, asimismo, agregaría que el español, tan capaz de ser retórico, lo es también de ser muy terso: inclusive mucho más terso que el inglés.) Por eso —volviendo al tema del equilibrio y del énfasis—, un traductor que trabaje literalmente, vertiendo palabra por palabra, termina escribiendo en ese inglés ilegible y artificial que nosotros llamamos translatorese (en español, algo así como traductorés). Otro problema general es que el español contiene muchas palabras largas, de tres o cuatro sílabas, mientras que en inglés las palabras tienden a ser más cortas. Este hecho influye decisivamente en el ritmo de las frases. Por ejemplo: tomemos una palabra corriente, árboles, con tres sílabas en español y una, trees, en inglés. Borges escribe frases razonadas rítmicamente: escribe con su oído. ¿Qué pasaría en un punto estilísticamente culminante, si la sonora palabra árboles se tradujera secamente por trees? La frase perdería expresividad, desaparecería todo el efecto literario y se desvanecería la gracia. Aquí, el traductor —que también debe trabajar con su oído— tiene que olvidarse de que árboles equivale a trees. Tiene que trabajar, repito, con su propio oído y sentir y hacer sentir los ritmos, quizá traduciendo una palabra por una frase —por ejemplo, rows of trees en lugar de trees— para lograr la música y el equilibrio necesarios. Claro que, trabajando con Borges, esto no es tan difícil: él sabe bien inglés y aprecia las sutilezas de su estilo. Por eso, me estimula, me exhorta, me exige que conduzca nuestras traducciones desde la mera literalidad hasta una prosa inglesa rítmica y cuidadosamente construida. Ya dije que lo que nos proponemos es que nuestra prosa de traducción suene como si hubiera sido directamente escrita en inglés. También quiero referirme, si me permite, a otros dos pequeños problemas. Primero, al de la construcción con gerundio. Borges odia esta construcción, rara vez la usa, y dice que ella es un síntoma del mal estilo español. Pero en inglés es una construcción corriente, y no usarla daría como resultado un estilo torpe y aburrido. Y, extrañamente, lo que en español impide la fluidez de la frase, en inglés sirve para el efecto contrario —es decir, para darle espontaneidad y acelerarla. De modo que he tenido que convencer a Borges de que emplear el gerundio en nuestras traducciones puede ser eficaz y estilísticamente agradable. Un segundo problema —quizá el que mayores preocupaciones me produce— es la brusquedad —tan característica del estilo borgiano— de las transiciones entre cláusulas o frases o párrafos. Estas brusquedades son demasiado cortantes (y me alegra que James Irby ya lo haya señalado y, para suavizarlas, a menudo me encuentro tratando de intercalar buts ("peros") y therefores ("por-lo-tantos") y howevers ("no-obstantes"). Lo mismo me pasa con nexos temporales, tales como después, luego, de ahí en más, etcétera: en inglés son tan comunes que, aunque no se encuentren en el original español, yo trato de ponerlos para satisfacer mi propia concepción del estilo. Casi siempre Borges me lo impide y me interrumpe diciéndome: "¿Por qué but? A veces yo tengo una razón a favor de mi but, y él, sin embargo, la rechaza. En cambio, otras veces no puedo darle ningún argumento y le digo que es algo que percibo, simplemente; algo que me exige el oído. "Está bien, entonces", me dice. Y me recita su regla de oro: "Si tengo que elegir entre la razón y el ritmo (reason and rhyme), siempre opto por el ritmo".
Muchas veces me he encontrado con personas que me preguntan si no me es muy difícil hallar los matices entre palabras de los dos idiomas. La respuesta es no. El problema de las palabras es mínimo. (El verdadero problema en las traducciones es encontrar y mantener el tono adecuado.) En primer lugar, el inglés tiene un vocabulario mucho más extenso que el español; en segundo término, si bien en inglés la mayoría de los vocablos es de origen latino, otra gran parte es de origen anglosajón: a esta doble fuente se debe la inmensa riqueza del idioma inglés. Y lo que le da al inglés su carácter distintivo es el sajón. Un escritor puede: o bien emplear palabras más bien modestas y humildes de raíz sajona (y los mejores escritores de hoy así lo hacen), o, si no, puede emplear un vocabulario más latino y componer una prosa más adornada, más retórica y más anticuada. Da el caso de que Borges y yo compartimos las mismas ideas sobre la clase de inglés en que queremos escribir. Es una gran fortuna trabajar con un hombre que percibe bien las diferentes naturalezas de los dos idiomas; y es tan hábil en el inglés, que siempre me está sugiriendo términos más expresivos, a veces incluso más expresivos que los de sus propios originales.
F.S. ¿Le han causado algún problema especial los argentinismos?
N.T.di G. No. Los argentinismos y las referencias a cosas típicas del país no constituyen un problema tan grande como uno pudiera suponer. La mitad del problema la resuelve el hecho de que estoy en el país, viendo y oyendo lo que veo y oigo cada día. Además, siempre tengo a Borges junto a mí para que me explique lo que no entiendo. De todos modos, hay pocas cosas que no se pueden traducir directamente. Los argentinismos —especialmente los referentes a cosas del campo— tienen equivalentes o quasi equivalentes en inglés. No es necesario recordar que el argentino y el norteamericano —aunque hablen idiomas distintos—comparten en el Nuevo Mundo una herencia y una experiencia comunes. Ambos países son extensos y con una enorme variedad de paisajes: llanuras, montañas, bosques, ríos... Los argentinos y los norteamericanos hemos tenido fronteras salvajes e indios y guerras civiles e inmigración. Gran parte de la Argentina recuerda al oeste norteamericano: los espacios inmensos, el ganado... Y, en épocas pasadas, argentinos y norteamericanos tuvimos poblaciones aún inciviles y sin ley. Además el nivel de vida de Buenos Aires y su clase media son similares a los de las ciudades norteamericanas. Todas estas semejanzas ayudan. En ciertas ocasiones, cosas que no se pueden traducir directamente se aclaran mediante una o dos palabras, o mediante una descripción o una explicación agregadas al texto en inglés. Por ejemplo, al traducir Pedro Salvadores —un cuento que tiene lugar durante la dictadura de Rosas—, agregamos en la versión inglesa varios detalles que Borges no había dicho explícitamente en la redacción original, porque son cosas que los argentinos ya conocen: los federales y los unitarios, la Mazorca, etcétera. Es decir, Borges escribe para el lector; nosotros traducimos para el lector.
F.S. ¿Cómo se ve actualmente a Borges en las naciones de lengua inglesa y cómo cree usted que se lo verá cuando se conozca su obra completa?
N.T.di G. En el mundo anglohablante, se lo ve a Borges como uno de los grandes escritores del siglo. No es un escritor popular, en el sentido comercial del vocablo; sus libros no se venden en la cantidad de los llamados best-sellers. Pero, cuando esos best-sellers hayan muerto y estén olvidados, los libros de Borges aún se venderán y se leerán y se discutirán. En la literatura tiene un lugar permanente. Antes de que ninguna de mis traducciones apareciera, ya había en inglés cinco libros de Borges. En general, sus lectores son estudiantes universitarios, editores, redactores y también otros escritores. Sobre todo estudiantes y otros escritores. Entre esta gente, Borges es muy leído y admirado. Inclusive imitado. En los Estados Unidos de América es difícil abrir una revista literaria seria, en cualquier semana o mes, sin encontrarse con alguna alusión a Borges. Es un autor que ejerce influencia; entre él y otros escritores se buscan semejanzas o diferencias. Por haberlo vivido, puedo decir que directores de algunas de las más famosas revistas de los Estados Unidos de América y de Gran Bretaña me reclaman traducciones de la obra de Borges. Un signo de la estima en que se lo tiene en mi país es que la revista New Yorker lo considere un colaborador valioso y lo haya contratado, ya que esta revista se caracterizó siempre por no publicar obras en traducción. En todo el mundo no creo que haya cinco escritores cuyas obras haya publicado la revista: ahora me acuerdo solamente de Isaac Singer y de las primeras obras de Nabókov. Todo lo que hacemos va a la New Yorker; lo poquísimo que ésta rechaza, es inmediatamente aceptado por otras revistas. La New York Review of Books, por ejemplo, que es quizá nuestra más importante revista de crítica intelectual, está tan entusiasmada con la obra de Borges, que, aunque tienen por norma no incluir ficción, sin embargo publican sus cuentos.
Aparte de esto, [/b]Ha enseñado en Texas y en Harvard, y dio conferencias en docenas de las más famosas universidades norteamericanas. En el período 1967-1968 fue honrado con la cátedra de Poesía en la Universidad de Harvard. Además, ya se sabe que en el corriente año le otorgaron el título de Doctor en Letras honoris causa por la Universidad de Oxford. Antes, en 1969, fue invitado a pasar tres semanas en la Universidad de Oklahoma, donde tuvo lugar un simposio sobre su obra. Concurrieron notables intelectuales —especializados en literatura hispanoamericana— para exponer sus ensayos, que más tarde fueron publicados. Tuve la suerte de que me invitaran a acompañar a Borges en este viaje, y varias universidades nos pidieron dar lecturas de sus poemas mientras permaneciéramos en el país. Viajamos a Michigan, Wisconsin y Texas, y terminamos en el Poetry Center de New York, donde leímos nuevas composiciones extraídas de Elogio de la sombra. Ahora, no hace mucho que volvimos de un largo viaje por los Estados Unidos de América, Islandia, Israel, Escocia e Inglaterra.
En cuanto a la segunda parte de su pregunta, creo que las traducciones que estamos haciendo de su obra servirán para consolidar su posición. Borges está ubicado en el mundo anglohablante desde 1962, cuando se publicó en los Estados Unidos de América la primera traducción. Pero nuestro trabajo va a mostrar su obra en forma más integral. Su poesía aún no se conoce bien; tampoco su interesante obra menor, como El libro de los seres imaginarios; y las obras escritas en colaboración con Bioy son totalmente desconocidas. En inglés ya existen varios ensayos serios sobre Borges y cada año aparecen otros. En suma, nosotros queremos a Borges y se lo agradecemos a la Argentina.
F.S. ¿Cuál es, a su juicio, la obra fundamental de Borges?
N.T.di G. ¿La obra fundamental de Borges...? Bueno, una media docena de cuentos, unos seis u ocho poemas, una media docena de sus prosas breves. Está increíblemente dotado: en cada género en que incursionó ha producido innegables obras maestras. No quiero nombrar ninguna de esas piezas: el tiempo se ocupará de ellas. Borges cree que "ha logrado ciertas páginas válidas"; yo multiplicaría por tres la cantidad de páginas que él declara. Pero, con respecto a cuál es su mejor libro, estoy en total desacuerdo con él. Borges se inclina por El hacedor; yo, por El Áleph. A sus prosas breves yo las veo brillantes, pero fragmentarias. Suele decir que La intrusa es su mejor cuento, pero sospecho que, íntimamente, no lo cree así. Este cuento no me parece que esté bien escrito, lo cual no es sorprendente, ya que lo dictó durante su ceguera y creo que se apresuró demasiado en su redacción. Tampoco me gusta su tendencia, desde la pérdida de la vista, a reducir el cuento a prácticamente un esqueleto: a veces corre el riesgo de no escribir sino la trama desnuda. En nuestras conversaciones acostumbro criticar su obra con toda libertad; creo que esto es saludable para nuestro trabajo y también para él. Cuando estuvimos en Cambridge, le aconsejé que no escribiera tantos sonetos, diciéndole que ya había disfrutado bastante de esa forma poética. Apenas regresó a Buenos Aires, se lanzó a escribir más en verso libre y compuso ese maravilloso poema Heráclito. Estos cambios culminaron en Elogio de la sombra.
Y, ahora, algo personal. Borges se me descubrió como poeta, fueron sus poemas los que nos relacionaron y con su traducción empecé mi trabajo con él. Posiblemente por eso me gustan más sus poemas. Y, de cualquier modo, como escritor lo considero fundamentalmente un poeta. Saliendo de lo estrictamente literario, quiero agregar que, como persona, Borges posee muchas facetas hermosas y que, amigo o colaborador, ha sido siempre muy generoso conmigo.

Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Fernando Sorrentino, Editorial Lozada
Esto que leerán más abajo (no se lo pierdan) es el Apéndice del libro Siete conversaciones con Jorge Luis Borges de Fernando Sorrentino, un libro obligado para quienes amamos al maestro.... y para quienes anden pensando en comenzar a amarlo.
Los dejo en buena compañía.
Au
BORGES EN INGLÉS
Si bien es cierto que antes de la fecha han aparecido en Gran Bretaña y, sobre todo, en los Estados Unidos de América, fragmentarias traducciones de los libros de Borges —principalmente en revistas y antologías —sólo ahora nos hallamos ante un esfuerzo para traducir orgánicamente su obra.
Norman Thomas di Giovanni —nacido en 1933 en Newton (Massachusetts) y autor, entre otros trabajos, de una selección y versión inglesa de los poemas del Cántico de Jorge Guillén, publicada en 1965 en Boston y Londres— se ha lanzado fervorosamente, a partir de un subsidio inicial otorgado por la Ingram Merrill Foundation, a la tarea de traducir al inglés las obras de Jorge Luis Borges. Dedicado por entero a ella, reside actualmente en Buenos Aires, y, ya que lo tenemos tan a mano, me ha parecido interesante preguntarle sobre algunos pormenores de su labor.
F.S.
FERNANDO SORRENTINO. ¿Cuáles son las obras de Borges que está traduciendo al inglés, para qué editorial, cuándo empezó el trabajo y cuándo piensa terminarlo?
NORMAN THOMAS DI GIOVANNI. Hasta ahora, he trabajado en once volúmenes. Diez de ellos (El libro de los seres imaginarios, El informe de Brodie, Historia universal de la infamia, Elogio de la sombra, Historia de la eternidad, Discusión, Evaristo Carriego, Crónicas de Bustos Domecq, Seis problemas para don Isidro Parodi —estos dos últimos, en colaboración con Bioy Casares— y un libro de cuentos escogidos escritos entre 1933 y 1969) están apareciendo en New York, publicados por E. P. Dutton. Otro editor neoyorquino —Seymour Lawrence/Delacorte Press— publicará el undécimo libro, una selección de aproximadamente cien poemas extraídos de la Obra poética 1923-1967. El primero de estos volúmenes (The Book of Imaginary Beings) apareció en 1969; el segundo (The Aleph and Other Stories 1933-1969), en 1970; el Doctor Brodie's Report y el libro de poemas saldrán a principios de 1972. Los demás se van a publicar a un ritmo de uno o dos libros por año. Hace ya cuatro años que estoy trabajando en este proyecto y espero poder terminarlo dentro de otros cuatro o cinco años. Un gran porcentaje de las traducciones aparece primero en revistas, sobre todo en la New Yorker, con la que Borges y yo tenemos contrato de prioridad para publicar aquellas obras suyas aún no traducidas al inglés. Otros trabajos nuestros ya han aparecido en revistas tales como Atlantic, Encounter, The New York Review of Books, Harper's Bazaar y The Quarterly.
F.S. ¿Quién colabora con usted y cuál es el método adoptado en la traducción?
N.T.di G. Mi principal colaborador es el propio Borges. Por esta razón he venido a Buenos Aires para hacer mis traducciones. Él y yo trabajamos en estrecha y completa colaboración. Borges me dijo que ésta es la primera y única vez que ha tenido una participación directa en la traducción de una obra suya. Trataré de explicar brevemente nuestro método, que, según se trate de prosa o verso, es distinto.
Empezaré con la prosa. Primero, trabajando solo, hago un borrador del cuento o ensayo. Después se lo llevo a Borges —trabajamos juntos todas las tardes en la Biblioteca Nacional— y le leo primero una frase del original español y después la correspondiente frase de mi borrador. A veces mis frases son bastante aceptables así como están, a veces tenemos que rehacerlas. A esta altura, suelo hacer preguntas o sugerencias. Borges —que posee un extraordinario dominio del inglés y un increíble poder de invención— reescribe en algunas ocasiones la frase para hacerla más directa —adaptándola a las exigencias del inglés— y más clara. Hasta este instante, nuestra preocupación fundamental es captar totalmente el sentido del texto y ponerlo en una especie de inglés y, por eso, aún nos conformamos con que sólo sea una versión literal. Entonces comienza la segunda etapa. Llevo esta versión literal a casa y, mientras la paso a máquina, trato de ir dándole forma literaria, de ir puliendo las frases y los párrafos y de encontrar los términos exactos. Ahora la obra sólo existe en inglés y mi intención es entonces la de escribirla en el mejor estilo inglés. Ésta es la parte más difícil del trabajo. La fase final consiste en llevarle a Borges esta nueva versión, que yo considero más o menos concluida. Entonces se la vuelvo a leer, sin hacer ninguna referencia al texto original; como ya dije, consideramos la obra como si sólo existiera en inglés. Los cambios que hacemos son mínimos: una que otra palabra, a veces una frase o dos. De vez en cuando, Borges quiere agregar alguna frase que no existía en el texto español (en ciertas oportunidades, ha retraducido esas frases al español, para interpolarlas en el texto original). Ése es el momento en que consideramos terminada la versión. Al traducir ensayos, siempre leo las fuentes, de modo de tener una idea general del tema; además, siempre busco y verifico todas las citas y paráfrasis. No es necesario señalar que esta manera de traducir en colaboración es la forma más larga y trabajosa de hacerlo, pero también creemos que éste es el mejor modo de traducir y nos parece que los resultados justifican ampliamente nuestro método.
Dos de los libros que estamos traduciendo —Seis problemas para don Isidro Parodi [i]y las Crónicas de Bustos Domecq[/i]— fueron escritos por Borges en colaboración con Bioy Casares. En la actualidad, después de un año de trabajo, nos hallamos en la mitad de las Crónicas. Trabajamos exactamente del mismo modo que he descripto antes, salvo que en este caso también colabora Bioy. Trabajamos en su casa una o dos noches por semana. Claro que, debido al carácter de estas obras, las dificultades pueden multiplicarse por ciento; traducir estos libros literalmente es imposible y entonces, los tres tenemos que exigir al máximo nuestra capacidad de invención. Nuestro avance es forzosamente muy lento, pero, como recompensa, nos divertimos mucho y a menudo quedamos gratamente sorprendidos ante los resultados.
En cambio, al traducir poemas seguimos un método totalmente distinto. Primero voy a referirme al volumen mayor de poemas escogidos. Una cuarta parte de él la he traducido yo. Con respecto al resto, les he encargado la tradución a algunos de los mejores poetas de los Estados Unidos de América: Robert Fitzgerald, Richard Wilbur, W. S. Merwin, Ben Belitt, Alastair Reid, Mark Strand, Alan Dugan, Richard Howard, John Updike y John Hollander. En primer término, Borges y yo hicimos versiones literales —línea por línea— de cada poema de nuestra selección. Una vez hecho esto, asigné poemas a los traductores y ejercí sobre ellos un cuidadoso control, constatando sus versiones con nuestro texto literal. Entre cada traductor y yo los poemas iban y venían generalmente varias veces antes de que los resultados fueran satisfactorios. Como punto final, terminaba leyéndole a Borges los poemas para su aprobación definitiva. Claro que este procedimiento acarrea un enorme trabajo al redactor —no sé cuántos centenares de cartas he tenido que escribir—, pero, al mismo tiempo, el cambio de ideas entre el autor, el redactor y los traductores creo que ha dado resultados realmente valiosos.
En la traducción de Elogio de la sombra sigo el mismo método, pero con la diferencia de que soy yo el que traduce la mayoría de las páginas del libro: a los otros traductores voy a encomendarles tal vez una cuarta parte. Me pareció mejor hacerlo así, porque, en gran medida, Elogio de la sombra fue escrito mientras yo estaba en Buenos Aires, trabajando junto a Borges, de modo que con frecuencia pude seguir el desarrollo del poema: desde la idea hasta el borrador, y desde éste hasta la versión definitiva. Es por eso que con este libro tengo una relación muy estrecha y directa, y siento por él un afecto especial; inclusive algunos poemas se tradujeron al inglés ni bien los originales acababan de escribirse, y una de las prosas, Pedro Salvadores, apareció en inglés antes que en español.82 Al aparecer Elogio de la sombra en agosto de 1969 —cuando Borges cumplió setenta años— teníamos terminada casi la mitad de la traducción.
F.S. ¿Qué dificultades o ventajas encuentra en el estilo de Borges?
N.T.di G. En el estilo de Borges encuentro muchas ventajas y muy pocas dificultades. Ya se sabe que Borges es un gran estilista: toda su obra está cuidadosamente bien escrita; se esfuerza por ser claro y sencillo. Obviamente, es mucho más fácil traducir una cosa bien escrita que otra escrita con torpeza. De manera que quien traduce a Borges se encuentra con las inapreciables ventajas de un estilo correcto y límpido. También tengo la suerte de que, en Borges, la estructura de la frase está a menudo modelada sobre la estructura de la frase inglesa: quiere decir que muchas veces la traducción va como sobre rieles, puesto que las frases tienen la misma forma que en inglés. Pero no siempre sucede eso, y es aquí donde muchos traductores cometen errores. A veces, sucede que en inglés el equilibrio y el énfasis son completamente distintos: en estos casos, de repente me encuentro invirtiendo el orden de las frases; o, si no, cambiando la posición de las cláusulas dentro de la frase; o, a veces, intercalando conjunciones entre dos frases; o también dividiendo en dos alguna frase. (Quiero puntualizar además que, en Borges, la mesura y la economía de su estilo —rasgos que no son precisamente característicos del español, un idioma bastante retórico y florido— están muy cercanas a la prosa clásica de las obras más admirables de la lengua inglesa, sean sus autores británicos o norteamericanos. Pero, asimismo, agregaría que el español, tan capaz de ser retórico, lo es también de ser muy terso: inclusive mucho más terso que el inglés.) Por eso —volviendo al tema del equilibrio y del énfasis—, un traductor que trabaje literalmente, vertiendo palabra por palabra, termina escribiendo en ese inglés ilegible y artificial que nosotros llamamos translatorese (en español, algo así como traductorés). Otro problema general es que el español contiene muchas palabras largas, de tres o cuatro sílabas, mientras que en inglés las palabras tienden a ser más cortas. Este hecho influye decisivamente en el ritmo de las frases. Por ejemplo: tomemos una palabra corriente, árboles, con tres sílabas en español y una, trees, en inglés. Borges escribe frases razonadas rítmicamente: escribe con su oído. ¿Qué pasaría en un punto estilísticamente culminante, si la sonora palabra árboles se tradujera secamente por trees? La frase perdería expresividad, desaparecería todo el efecto literario y se desvanecería la gracia. Aquí, el traductor —que también debe trabajar con su oído— tiene que olvidarse de que árboles equivale a trees. Tiene que trabajar, repito, con su propio oído y sentir y hacer sentir los ritmos, quizá traduciendo una palabra por una frase —por ejemplo, rows of trees en lugar de trees— para lograr la música y el equilibrio necesarios. Claro que, trabajando con Borges, esto no es tan difícil: él sabe bien inglés y aprecia las sutilezas de su estilo. Por eso, me estimula, me exhorta, me exige que conduzca nuestras traducciones desde la mera literalidad hasta una prosa inglesa rítmica y cuidadosamente construida. Ya dije que lo que nos proponemos es que nuestra prosa de traducción suene como si hubiera sido directamente escrita en inglés. También quiero referirme, si me permite, a otros dos pequeños problemas. Primero, al de la construcción con gerundio. Borges odia esta construcción, rara vez la usa, y dice que ella es un síntoma del mal estilo español. Pero en inglés es una construcción corriente, y no usarla daría como resultado un estilo torpe y aburrido. Y, extrañamente, lo que en español impide la fluidez de la frase, en inglés sirve para el efecto contrario —es decir, para darle espontaneidad y acelerarla. De modo que he tenido que convencer a Borges de que emplear el gerundio en nuestras traducciones puede ser eficaz y estilísticamente agradable. Un segundo problema —quizá el que mayores preocupaciones me produce— es la brusquedad —tan característica del estilo borgiano— de las transiciones entre cláusulas o frases o párrafos. Estas brusquedades son demasiado cortantes (y me alegra que James Irby ya lo haya señalado y, para suavizarlas, a menudo me encuentro tratando de intercalar buts ("peros") y therefores ("por-lo-tantos") y howevers ("no-obstantes"). Lo mismo me pasa con nexos temporales, tales como después, luego, de ahí en más, etcétera: en inglés son tan comunes que, aunque no se encuentren en el original español, yo trato de ponerlos para satisfacer mi propia concepción del estilo. Casi siempre Borges me lo impide y me interrumpe diciéndome: "¿Por qué but? A veces yo tengo una razón a favor de mi but, y él, sin embargo, la rechaza. En cambio, otras veces no puedo darle ningún argumento y le digo que es algo que percibo, simplemente; algo que me exige el oído. "Está bien, entonces", me dice. Y me recita su regla de oro: "Si tengo que elegir entre la razón y el ritmo (reason and rhyme), siempre opto por el ritmo".
Muchas veces me he encontrado con personas que me preguntan si no me es muy difícil hallar los matices entre palabras de los dos idiomas. La respuesta es no. El problema de las palabras es mínimo. (El verdadero problema en las traducciones es encontrar y mantener el tono adecuado.) En primer lugar, el inglés tiene un vocabulario mucho más extenso que el español; en segundo término, si bien en inglés la mayoría de los vocablos es de origen latino, otra gran parte es de origen anglosajón: a esta doble fuente se debe la inmensa riqueza del idioma inglés. Y lo que le da al inglés su carácter distintivo es el sajón. Un escritor puede: o bien emplear palabras más bien modestas y humildes de raíz sajona (y los mejores escritores de hoy así lo hacen), o, si no, puede emplear un vocabulario más latino y componer una prosa más adornada, más retórica y más anticuada. Da el caso de que Borges y yo compartimos las mismas ideas sobre la clase de inglés en que queremos escribir. Es una gran fortuna trabajar con un hombre que percibe bien las diferentes naturalezas de los dos idiomas; y es tan hábil en el inglés, que siempre me está sugiriendo términos más expresivos, a veces incluso más expresivos que los de sus propios originales.
F.S. ¿Le han causado algún problema especial los argentinismos?
N.T.di G. No. Los argentinismos y las referencias a cosas típicas del país no constituyen un problema tan grande como uno pudiera suponer. La mitad del problema la resuelve el hecho de que estoy en el país, viendo y oyendo lo que veo y oigo cada día. Además, siempre tengo a Borges junto a mí para que me explique lo que no entiendo. De todos modos, hay pocas cosas que no se pueden traducir directamente. Los argentinismos —especialmente los referentes a cosas del campo— tienen equivalentes o quasi equivalentes en inglés. No es necesario recordar que el argentino y el norteamericano —aunque hablen idiomas distintos—comparten en el Nuevo Mundo una herencia y una experiencia comunes. Ambos países son extensos y con una enorme variedad de paisajes: llanuras, montañas, bosques, ríos... Los argentinos y los norteamericanos hemos tenido fronteras salvajes e indios y guerras civiles e inmigración. Gran parte de la Argentina recuerda al oeste norteamericano: los espacios inmensos, el ganado... Y, en épocas pasadas, argentinos y norteamericanos tuvimos poblaciones aún inciviles y sin ley. Además el nivel de vida de Buenos Aires y su clase media son similares a los de las ciudades norteamericanas. Todas estas semejanzas ayudan. En ciertas ocasiones, cosas que no se pueden traducir directamente se aclaran mediante una o dos palabras, o mediante una descripción o una explicación agregadas al texto en inglés. Por ejemplo, al traducir Pedro Salvadores —un cuento que tiene lugar durante la dictadura de Rosas—, agregamos en la versión inglesa varios detalles que Borges no había dicho explícitamente en la redacción original, porque son cosas que los argentinos ya conocen: los federales y los unitarios, la Mazorca, etcétera. Es decir, Borges escribe para el lector; nosotros traducimos para el lector.
F.S. ¿Cómo se ve actualmente a Borges en las naciones de lengua inglesa y cómo cree usted que se lo verá cuando se conozca su obra completa?
N.T.di G. En el mundo anglohablante, se lo ve a Borges como uno de los grandes escritores del siglo. No es un escritor popular, en el sentido comercial del vocablo; sus libros no se venden en la cantidad de los llamados best-sellers. Pero, cuando esos best-sellers hayan muerto y estén olvidados, los libros de Borges aún se venderán y se leerán y se discutirán. En la literatura tiene un lugar permanente. Antes de que ninguna de mis traducciones apareciera, ya había en inglés cinco libros de Borges. En general, sus lectores son estudiantes universitarios, editores, redactores y también otros escritores. Sobre todo estudiantes y otros escritores. Entre esta gente, Borges es muy leído y admirado. Inclusive imitado. En los Estados Unidos de América es difícil abrir una revista literaria seria, en cualquier semana o mes, sin encontrarse con alguna alusión a Borges. Es un autor que ejerce influencia; entre él y otros escritores se buscan semejanzas o diferencias. Por haberlo vivido, puedo decir que directores de algunas de las más famosas revistas de los Estados Unidos de América y de Gran Bretaña me reclaman traducciones de la obra de Borges. Un signo de la estima en que se lo tiene en mi país es que la revista New Yorker lo considere un colaborador valioso y lo haya contratado, ya que esta revista se caracterizó siempre por no publicar obras en traducción. En todo el mundo no creo que haya cinco escritores cuyas obras haya publicado la revista: ahora me acuerdo solamente de Isaac Singer y de las primeras obras de Nabókov. Todo lo que hacemos va a la New Yorker; lo poquísimo que ésta rechaza, es inmediatamente aceptado por otras revistas. La New York Review of Books, por ejemplo, que es quizá nuestra más importante revista de crítica intelectual, está tan entusiasmada con la obra de Borges, que, aunque tienen por norma no incluir ficción, sin embargo publican sus cuentos.
Aparte de esto, [/b]Ha enseñado en Texas y en Harvard, y dio conferencias en docenas de las más famosas universidades norteamericanas. En el período 1967-1968 fue honrado con la cátedra de Poesía en la Universidad de Harvard. Además, ya se sabe que en el corriente año le otorgaron el título de Doctor en Letras honoris causa por la Universidad de Oxford. Antes, en 1969, fue invitado a pasar tres semanas en la Universidad de Oklahoma, donde tuvo lugar un simposio sobre su obra. Concurrieron notables intelectuales —especializados en literatura hispanoamericana— para exponer sus ensayos, que más tarde fueron publicados. Tuve la suerte de que me invitaran a acompañar a Borges en este viaje, y varias universidades nos pidieron dar lecturas de sus poemas mientras permaneciéramos en el país. Viajamos a Michigan, Wisconsin y Texas, y terminamos en el Poetry Center de New York, donde leímos nuevas composiciones extraídas de Elogio de la sombra. Ahora, no hace mucho que volvimos de un largo viaje por los Estados Unidos de América, Islandia, Israel, Escocia e Inglaterra.
En cuanto a la segunda parte de su pregunta, creo que las traducciones que estamos haciendo de su obra servirán para consolidar su posición. Borges está ubicado en el mundo anglohablante desde 1962, cuando se publicó en los Estados Unidos de América la primera traducción. Pero nuestro trabajo va a mostrar su obra en forma más integral. Su poesía aún no se conoce bien; tampoco su interesante obra menor, como El libro de los seres imaginarios; y las obras escritas en colaboración con Bioy son totalmente desconocidas. En inglés ya existen varios ensayos serios sobre Borges y cada año aparecen otros. En suma, nosotros queremos a Borges y se lo agradecemos a la Argentina.
F.S. ¿Cuál es, a su juicio, la obra fundamental de Borges?
N.T.di G. ¿La obra fundamental de Borges...? Bueno, una media docena de cuentos, unos seis u ocho poemas, una media docena de sus prosas breves. Está increíblemente dotado: en cada género en que incursionó ha producido innegables obras maestras. No quiero nombrar ninguna de esas piezas: el tiempo se ocupará de ellas. Borges cree que "ha logrado ciertas páginas válidas"; yo multiplicaría por tres la cantidad de páginas que él declara. Pero, con respecto a cuál es su mejor libro, estoy en total desacuerdo con él. Borges se inclina por El hacedor; yo, por El Áleph. A sus prosas breves yo las veo brillantes, pero fragmentarias. Suele decir que La intrusa es su mejor cuento, pero sospecho que, íntimamente, no lo cree así. Este cuento no me parece que esté bien escrito, lo cual no es sorprendente, ya que lo dictó durante su ceguera y creo que se apresuró demasiado en su redacción. Tampoco me gusta su tendencia, desde la pérdida de la vista, a reducir el cuento a prácticamente un esqueleto: a veces corre el riesgo de no escribir sino la trama desnuda. En nuestras conversaciones acostumbro criticar su obra con toda libertad; creo que esto es saludable para nuestro trabajo y también para él. Cuando estuvimos en Cambridge, le aconsejé que no escribiera tantos sonetos, diciéndole que ya había disfrutado bastante de esa forma poética. Apenas regresó a Buenos Aires, se lanzó a escribir más en verso libre y compuso ese maravilloso poema Heráclito. Estos cambios culminaron en Elogio de la sombra.
Y, ahora, algo personal. Borges se me descubrió como poeta, fueron sus poemas los que nos relacionaron y con su traducción empecé mi trabajo con él. Posiblemente por eso me gustan más sus poemas. Y, de cualquier modo, como escritor lo considero fundamentalmente un poeta. Saliendo de lo estrictamente literario, quiero agregar que, como persona, Borges posee muchas facetas hermosas y que, amigo o colaborador, ha sido siempre muy generoso conmigo.

Siete conversaciones con Jorge Luis Borges, Fernando Sorrentino, Editorial Lozada