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Full Version: Afghanistan: Male interpreters refuse to talk to women
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Master Cpl. Renee Gervais, an Edmonton reservist uses an interpreter to talk with an elderly woman in Gumbad as a soldier watches her back.
Jim Farrell/Edmonton Journal


Kandahar, Afghanistan (Canada): Almost all Afghan interpreters are men and the ensuing conversations take place on the other side of walls, both figurative and literal. "The male interpreter will sit behind a door, a wall or sit with his back to the women in the room or even covering himself with a cloth and interpret that way," Uetz said. "It makes things very awkward." Sometimes the male interpreter won't talk to women, said Master Bombardier Jennifer Mason, who works in the Panjwaii district. When they do, the cliché of 'lost in translation' applies. Afghan women will be guarded for fear of crossing cultural lines. More female interpreters are needed. In Kandahar City, Uetz has worked with the lone female resource available to Canadian Forces.


http://tinyurl.com/4unu3u
Source: http://www.inttranews.net

Buen morning, Atenea! Smile
¿Alguna reflexión sobre este artículo?
Au

Rosi Dueñas

A mí no me soprende lo que ocurre en Afganistán. Es lo que ha ocurrido durante siglos. Y lo dice la sargenta canadiense que habla con las mujeres afganas, en el último párrafo del artículo: los cambios tienen que ser poco a poquito; no se les pueden imponer nuestros valores occidentales de la noche a la mañana. Lo que más me sorprendió, por que no lo sabía, es que el ejercito canadiense estuviera trabajando en Afganistán.

Y esta actitud de hombres que no quieren hablar con mujeres, no es exclusiva de culturas como la afgana. Cuando trabajaba en una embajada en México DF (atendiendo al público que iba a solicitar visas), me tocó atender una vez a un saudiárabe y otra vez a un coreano. Ellos pensaban que yo era la recepcionista, pero cuando vieron que me iba a encargar de todo su trámite, pidieron hablar con mi "supervisor". Lo más gracioso fue cuando apareció mi supervisor: una mujer bajita, menudita, pero con carácter de acero. Haber visto la cara que pusieron los hombres fue genial. Entonces, ya de plano dijeron que querían hacer el trámite con un hombre. Mi jefa les dijo que no había hombres que atendieran el mostrador, que si querían una visa tendrían que tratar con ella o conmigo, o se quedaban sin visa. Al final los atendió ella, pero ellos se veían muy a disgusto. Me cuesta más trabajo entender a estos hombres, que estaban pidiendo visa para ir a un país en el que seguramente serían atendidos por muchas mujeres, que a los afganos de zonas rurales que no hacen más que seguir tradiciones de años. No creo que las cosas deban seguir igual, pero sí que el cambio no debería imponerse.
Atenea:

Me permití abrir este tred acá. ¡Qué mejor lugar!

Smile Au

Aurora Humarán Wrote:
Atenea:

Me permití abrir este tred acá. ¡Qué mejor lugar!

Smile Au


Gracias, Au Smile

Por muy horroroso que pueda parecer, el asunto de fondo está presente en mayor o menor grado en muchos sitios: la conversación entre hombres y mujeres en diversos entornos y contextos, ¿cómo tiene lugar este aspecto fundamental de nuestra vida en sociedad? ¿Cuáles son los prejuicios que prevalecen en cuanto al código comunicativo entre hombres, entre mujeres y entre mujeres y hombres? No digo que esto de Afganistán no sea para erizar nuestros muy occidentales cabelleras, solo señalo que, con un poco de curiosidad antropológica, ojos y oídos atentos, descubriremos mucho de asombroso en nuestra forma de vincularnos (no es un nuestra que parta ni vaya al yo, sino al colectivo del que somos parte).

En cuanto al texto del artículo, me apenó mucho leer esta frase de una soldado canadiense, ilustradísima ella y muy occidental: "I didn't come here looking for this," said Master Cpl. Sheri Lynn Andrews. "I suppose my views were naive, I was coming to help Afghanistan as a whole. We're not a group of bra-burning woman activists, that's not why we're here. But the security situation is not conducive to civilians walking around. There's just nobody else." Traducción: yo vine a ayudar a la población, no concretamente a las mujeres... y, ojo, no soy una feminista quemasostenes/corpiños/brasieres (por favor, ¿en qué año del movimiento se quedó esta moderna mujer? ¿Hace treinta años? Seguramente ni había nacido), nomás obedezco órdenes. Recordé algo que le leí a Tiaré Scanda, una actriz mexicana que, cuando puede, arma espectáculos bastante cuestionadores con mucho humor. Declara (en su blog): "lo mío no es una propuesta feminista, porque eso sería ir en contra de la igualdad, yo lo que quiero es igualdad". En fin, el desconocimiento y la ignorancia, rampantes aquí, allá y acuyá.

Es interesante ver cómo, en el caso de Afganistán, no solo los varones se niegan a hablar con las mujeres, sino que ellas también han asumido el código. Me parece que el título es poco afortunado ("Male interpreters refuse to talk to women") y algo sesgado. Se trata de un código social, de los dos sexos, no solo de los varones. Y así funcionan todos los grupos humanos (el nuestro también). Las mujeres afganas se sienten más cómodas hablando de sus vidas cotidianas, manifestando sus emociones y sus preocupaciones sobre sus hijos con otras mujeres... ¿de este lado del planeta no es así? No nos referimos a charlar con nuestro amigo del alma, que puede perfectamente ser un varón, sino a situaciones extremas de guerra, miseria, violencia y agresión. En esas situaciones, aquí y allá, siempre tiende a construirse un código comunicativo entre mujeres.

Me parece que esta discusión se podría enmarcar en estudios sociolingüísticos como los de Deborah Tannen, el más famoso titulado You Just don't Understand. Lamentablemente, en muchos círculos este interesante análisis de la (falta de) comunicación entre mujeres y hombres se convirtió en carne para el molino de salchichas en el que se fabrican los clichés de la guerra de los sexos: "claro, no nos entendemos porque las mujeres hablan hasta por los codos, los hombres no... es que las mujeres son así y los hombres son asá". Hay otro interesante libro de la misma autora titulado Gender & Discourse, sobre el lenguaje verbal en el entorno laboral. Hay otra obra con el mismo título, pero es una compilación de ensayos editada por Ruth Wodak. Huelga decir que estas autoras no hablan de sociedades rurales ni "incivilizadas" sino de las grandes urbes de la actualidad.

Según los estudios, en el mundo occidental suceden interesantes fenómenos culturales vinculados a nuestra forma de (in)comunicarnos: estadísticamente, los hombres interrumpen más a las mujeres (más quiere decir con mayor frecuencia y de manera más contundente, es decir, para rebatir o cuestionar lo que ellas están diciendo... o para cambiar el tema); las mujeres miran a los hombres a los ojos cuando hablan y cuando escuchan, cuando hablan lo hacen para obtener la atención de ellos, cuando escuchan lo hacen para mostrar su atención al discurso de ellos; los hombres tienden a mirar a otra parte cuando hablan o escuchan a una mujer; en un grupo mixto, si un hombre habla toda la gente lo mira, si una mujer habla las mujeres la miran, los hombres miran a otra parte o miran a sus pares; en un grupo mixto, cuando un hombre habla busca la mirada de sus pares, no mira a las mujeres; en un grupo mixto, cuando una mujer habla busca el contacto visual con todas las personas, pero favorece a los hombres; cuando una mujer necesita ayuda, formula preguntas ("¿me echas una mano con esto?"), cuando un hombre necesita ayuda, formula órdenes ("échame una mano con esto")... en fin, la lista es larga. Y no se trata únicamente de conversaciones de pareja (cualquiera que haya tenido pareja hetero u homo sabe bien cómo es ese ajo), sino en relaciones laborales tanto jerárquicas como de supuestos pares (mismos puestos), amistosas, por la calle, you name it.

Interesantísimo el tema, eso sí. Habría también que analizar cómo la tendencia cultural femenina a verbalizar las emociones y la represión cultural masculina a esa verbalización influye en que la expectativa de vida de ellos sea menor que la de ellas. Eso dice la ciencia... y algunos autores varones lo han denominado "la masculinidad tóxica".

Saludos,
Atenea

posdata: En esto de quién le habla o no a quién... ¿cuántas de ustedes han pasado por la experiencia de que, compartiendo la mesa con un varón, venga un camarero/mesero/mozo (nunca una camarera/moza) y se dirija casi exclusivamente a él y no a ustedes? Ojalá haya respuestas de varias latitudes. Esto lo he visto (no siempre, pero lo he visto) acompañada de peruanos, mexicanos, gringos, alemanes, checos, rusos... y en los países referidos por gentilicio.

Por cierto, como intérprete he tenido experiencias curiosas, desde mujeres que prefieren ser interpretadas por una mujer hasta, como comenta Cristina, varones que se niegan a interpretar a una mujer o a un homosexual (al que ven como "mujer", claro). Pero también me ha tocado lidiar con clientes que no saben cómo actuar con una mujer intérprete: estuve varios días en Nacozari, Hermosillo, México, pueblo terregoso y feo, solo existe porque ahí cerca está la segunda mina de cobre más grande del planeta. Los dueños de la mina son Grupo México (elitistas, derechistas, explotadores y misóginos... no lo digo yo, lo dicen sus actos que son noticia en todo el país). Mi cliente era una empresa australiana que desarrolla software para industrias intensivas en capital, como la minera. Escenario: presentación (y manita de puerco para hacer la venta) de un software para la mina. Imagen: gran sala con toda la parafernalia tecnológica necesaria; largas mesas dispuestas en forma de herradura. Público: 40 hombres con cara de pocos amigos (parece que el ceño fruncido es signo de masculinidad por esa geografía). Única mujer en la sala: yo mera. Llego con mi equipo portátil (bodypack), me presento y pido que me indiquen quién necesita interpretación. Silencio absoluto. Unos me miran con desconfianza, otros ni levantan la vista. Anuncio: "Debo suponer entonces que todos entienden inglés" (y digo para mí: inglés australiano, además). Me miran los que no me miraban y los que sí me miraban ahora contemplan la mesa. El director de la mina me mira de reojo, pasea los ojos por la sala y grita "¡Órale, cabrones*! El que necesite la interpretación, levante la mano... ¡no les dé pena con la señorita!" Cuarenta manitas se levantan y todos miran las puntas de sus zapatos, como niños regañados.

No sé qué fue peor para ellos: reconocer ante sus pares que no entienden inglés/se sienten más cómodos escuchando en su primer idioma (¿signo de debilidad?); reconocer que necesitaban que la única mujer presente les dilucidara el discurso; reconocer una o ambas cosas ante una mujer. Al final de la sesión había dos reacciones: unos venían con enorme sonrisa a entregar los audífonos y el receptor, y agradecían el trabajo; otros botaban el equipo en la mesa y salían sin mirarme. Ah, por cierto, el producto fue un hit y se hizo el gran negocio.

*Otro signo de virilidad y jerarquía, al menos en esa región del país (no imagino esto en el DF ni de broma): hablarse con palabrotas en el entorno laboral.

E.Moreda Wrote:

Novedad editorial en España: esto.  Si resulta difícil leer el título del libro en la imagen, diré que se titula Contra el feminismo. Sin el feminismo que tanto critica, la autora (Catedrática de Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco) probablemente nunca hubiese llegado a ser profesora universitaria (y menos en un ámbito, como la política, que es cosa de hombres) ni a publicar este libro ni otros.


Según algo que hallé, publicado en 2003, ella se reconcía feminista... pero no de las "clásicas":

"Yo he sido muy feminista, aunque nunca con todos los rasgos del feminismo clásico. Pero si no lo he sido de manera más activa supongo que se debe a estas reservas. También a otras. Nunca me ha parecido bien que el feminismo haya tratado de imponer un tipo de mujer determinado. O que haya sugerido, o mandado, a las mujeres que ocultaran su feminidad. Su propio atractivo físico. Pero bueno. Estas discrepancias tienen ya poca importancia. Porque hay algo muy importante que, en general, las mujeres feministas no se atreven a decir, pero que a mí me resulta evidente. El feminismo ha logrado ya lo que quería lograr. Esta revolución ya está hecha. Ha sido un siglo duro, fundamental, importantísimo. Y ha sido un siglo triunfante. Pero se trata del siglo pasado. Lo que hay que hacer es aprovechar las oportunidades que esa revolución triunfante ha dado a las mujeres. La principal consecuencia de la revolución es la independencia. Pero ser independiente tiene muchos costes. No sé si todas las mujeres están dispuestas a pagarlos. Entre hombres y mujeres hay diferencias muy conocidas y obvias. Una afecta al sexo. Las necesidades estrictamente sexuales de las mujeres son diferentes a las de los hombres. Es difícil saber si esto es cultural o innato. No sé si las mujeres no compran revistas pornográficas porque socialmente no está bien visto que lo hagan o por otra razón menos cultural. Pero sea cual sea el origen, esta diferencia parece evidente para todos. De otras diferencias se habla menos. Poco vistosas, quizá. Pero muy profundas y muy importantes. Las mujeres tienen menor capacidad de liderazgo. Esta es la razón de que sobresalgan socialmente mucho menos. En la mayoría de los casos la competencia de las mujeres es idéntica o superior a la de los hombres. Pero las mujeres desprecian el liderazgo. Quizá lo teman. Hay que encarar a las mujeres con su propia revolución triunfante.

Yo sí. Ahí estoy. Yo quiero el poder. Yo soy ambiciosa. No me importa nada reconocerlo. Hablo del poder, de la influencia lograda a través de las ideas. Trabajo para conseguir esa influencia. ¿Para qué lo voy a negar? Al menos tengo claros los objetivos. Creo tenerlos. Me parece que si los objetivos están claros, los costes de la independencia son mucho menores. O como mínimo se puede transigir mejor con ellos. Mi problema, como el de muchas mujeres, está en la vida privada. La dificultad de ser fuerte en la vida privada. De no depender tantísimo de los afectos. Este problema. Este ser tan vulnerable."

Sin palabras Sad

Rosi Dueñas

Qué interesante este hallazgo, Atenea. Después de leer la entrevista me resultó curioso que esta mujer me recordara muchísimo a Benazir Bhutto. Ambas llenas de constradicciones. Dice que tiene claros los objetivos, pero a mí me parece que está bastante confundida. ¿Que el feminismo trató de imponer un tipo de mujer determinado o que mandó a las mujeres a ocultar su feminidad? Quién sabe a quién habrá leído o escuchado... ¿Que el feminismo YA logró lo que quería lograr? Pues será en su caso muy particular, pero declarar esto me parece de un egocentrismo galopante. Y bueno, ya ni qué decir de las diferencias sexuales que dice que existen entre hombres y mujeres. ¿Que las mujeres tienen menor capacidad de liderazgo? Y entonces ella ¿qué es? ¿la excepción que confirma la regla? Porque ovbiamente no se ve a sí misma como seguidora de nada ni nadie... Su problema, dice, es ser vulnerable... ¿Será que de verdad no se da cuenta? Me parece que se perdió en alguna curva del camino y al final no entendió de lo que se trataba...

Rosi Dueñas

E.Moreda Wrote:

Buscando otra cosa, justo me encontré con una definición que puede aplicarse a muchas de las mujeres que triunfan en ámbitos masculinos: la "mujer-cohartada".

“la Mujer-Alibí o Mujer-Coartada. Es el tipo de mujer que, por circuns­tancias diversas, se abre camino en áreas profesionales o políticas tradi­cionalmente reservadas a los hombres, y que al hacer el análisis de una insólita situación atribuye su éxito a la ayuda y cooperación recibida de aquéllos, pasando por tanto a defender la tesis de que las mujeres que no llegan a sus mismas cotas de éxito si no lo hacen es por culpa de ellas mismas (son cómodas, incapaces, no tienen voluntad, etc.), pero no por­que los hombres les pongan trabas. Para el hombre la mujer-Alibi es la coartada por medio de la cual se disimula el sexismo masculino en la sociedad. Se tolera el ascenso de una determinada cantidad de mujeres-Alibi, incluso se las mima y prote­ge sin que ellas vean en esto paternalismo, utilizándolas de pantalla para que no se perciban de los obstáculos y dificultades impuestos, en cam­bio, a la mayoría. Sau indica que en la antigüedad, esta figura de la coartada era un pacto al que llegaba el esclavo con su amo de cara a su liberación individual.”

Es del Diccionario Ideológico Feminista de Victoria Sau, de 1981 (pero, por desgracia me parece que sigue siendo bastante actual...).


Mujer-coartada para los hombres y mujer-coptada para las mujeres (porque la coptaron los hombres y la convencieron de su "verdad"). Una mujer que copia todo lo considerado masculino para poder tener una posición de liderazgo o de (supuesta) igualdad con los hombres en el aspecto profesional.

Es que modificando sólo una parte de la ecuación no se resuelve el problema. Aunque "lleguen" muchas mujeres a altas esferas políticas o empresariales, si no cambiamos nuestras actitudes machistas en los demás contextos sociales (familia, amistad, escuela, etc.), esas mujeres que "llegan" no serán otra cosa sino mujeres machistas. Ojo, no estoy diciendo que todas las que "llegan" sean mujeres machistas, sino que si llegan sólo "copiano" a los hombres, pues el resultado no puede ser otro. Por ejemplo, si a Edurne Uriarte no le molestara tanto ser tan "dependiente de los afectos" y tan "vulnerable", yo podría ceer que ha logrado desligarse de actitudes machistas. Pero detestar estas dos características (consideradas) femeninas, al punto de querer desterrarlas (es lo que percibo en sus palabras), me parece que no habla sino de intentar copiar lo que durante años le han dicho a los varones que debe ser un "hombre fuerte".

Rosi Dueñas

E.Moreda Wrote:

En este sentido, me resultó muy ilustrativa la frase final de la definición que he pegado. De hecho, es un mecanismo que se repite no solo en la discriminación de las mujeres frente a los hombres, ni en la antigüedad con los esclavos: se podría decir que se da en todos los grupos discriminados. Por ejemplo, "Uncle Tom" (a partir de la célebre novela de H. Beecher-Stowe) se utiliza para designar a los negros que llegan a disfrutar de una relativa integración en el mundo del "hombre blanco" a costa de renegar, más o menos encubiertamente, de su raza. ¿No es un significado parecido el que se le da en México a la palabra "malinchismo"? Por las declaraciones de Edurne Uriarte, me parece que lo suyo no es más que "tío-tomismo" o "malinchismo", pero en torno al concepto de género, no al de raza.


Malinchismo es una tendencia a preferir lo extranjero, o a despreciar lo mexicano (o, si hacemos el término extensivo a cualquier país, lo nacional). El Diccionario del español usual en México agrega, sobre la preferencia por lo extranjero: "...en particular si es blanco, güero (rubio) y germánico, sobre sus propios compatriotas, sus propios productos y sus propios valores y tradiciones".

En este caso, si cambiamos las palabras extranjero y nacional, por actitudes (tipificadas como) femeninas o masculinas, pues resultaría que sí, que Edurne es una "malinchista de género" (desprecia lo femenino, prefiere lo masculino); entonces sí podría considerarse una expresión del machismo. No se me había ocurrido verlo así.

En su libro "El machismo invisible", Marina Castañeda explica que el machismo no necesariamente va dirigido contra las mujeres, sino contra cualquiera que se encuentre en una posición de debilidad, pueden ser los empleados, las trabajadoras domésticas, los niños, los ancianos, los discapacitados. Las relaciones que se establecen desde el "yo soy superior a ti o mejor que tú" son, por lo general, machistas.

Hola.

Y quién me consuela a mi cuando muchas, MUCHAS, veces, en Buenos Aires, Argentina, no en Afganistán:

llego al evento de marras y el cliente-coordinador me dice ¿dónde están las traductoras?
me piden cotizaciones y me dcien algo como "cotizar traducción simultánea [el término interpretación es un lujo], necesitamos traductoras con experiencia..."

¿Acaso no tenemos derecho los hombres a ser traductores y/o intérpretes? Big Grin Big Grin Big Grin

JL
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