Atenea:
Me permití abrir este tred acá. ¡Qué mejor lugar!

Au
Gracias, Au 
Por muy horroroso que pueda parecer, el asunto de fondo está presente en mayor o menor grado en muchos sitios: la conversación entre hombres y mujeres en diversos entornos y contextos, ¿cómo tiene lugar este aspecto fundamental de nuestra vida en sociedad? ¿Cuáles son los prejuicios que prevalecen en cuanto al código comunicativo entre hombres, entre mujeres y entre mujeres y hombres? No digo que esto de Afganistán no sea para erizar nuestros muy occidentales cabelleras, solo señalo que, con un poco de curiosidad antropológica, ojos y oídos atentos, descubriremos mucho de asombroso en nuestra forma de vincularnos (no es un nuestra que parta ni vaya al yo, sino al colectivo del que somos parte).
En cuanto al texto del artículo, me apenó mucho leer esta frase de una soldado canadiense, ilustradísima ella y muy occidental: "I didn't come here looking for this," said Master Cpl. Sheri Lynn Andrews. "I suppose my views were naive, I was coming to help Afghanistan as a whole. We're not a group of bra-burning woman activists, that's not why we're here. But the security situation is not conducive to civilians walking around. There's just nobody else." Traducción: yo vine a ayudar a la población, no concretamente a las mujeres... y, ojo, no soy una feminista quemasostenes/corpiños/brasieres (por favor, ¿en qué año del movimiento se quedó esta moderna mujer? ¿Hace treinta años? Seguramente ni había nacido), nomás obedezco órdenes. Recordé algo que le leí a Tiaré Scanda, una actriz mexicana que, cuando puede, arma espectáculos bastante cuestionadores con mucho humor. Declara (en su blog): "lo mío no es una propuesta feminista, porque eso sería ir en contra de la igualdad, yo lo que quiero es igualdad". En fin, el desconocimiento y la ignorancia, rampantes aquí, allá y acuyá.
Es interesante ver cómo, en el caso de Afganistán, no solo los varones se niegan a hablar con las mujeres, sino que ellas también han asumido el código. Me parece que el título es poco afortunado ("Male interpreters refuse to talk to women") y algo sesgado. Se trata de un código social, de los dos sexos, no solo de los varones. Y así funcionan todos los grupos humanos (el nuestro también). Las mujeres afganas se sienten más cómodas hablando de sus vidas cotidianas, manifestando sus emociones y sus preocupaciones sobre sus hijos con otras mujeres... ¿de este lado del planeta no es así? No nos referimos a charlar con nuestro amigo del alma, que puede perfectamente ser un varón, sino a situaciones extremas de guerra, miseria, violencia y agresión. En esas situaciones, aquí y allá, siempre tiende a construirse un código comunicativo entre mujeres.
Me parece que esta discusión se podría enmarcar en estudios sociolingüísticos como los de Deborah Tannen, el más famoso titulado You Just don't Understand. Lamentablemente, en muchos círculos este interesante análisis de la (falta de) comunicación entre mujeres y hombres se convirtió en carne para el molino de salchichas en el que se fabrican los clichés de la guerra de los sexos: "claro, no nos entendemos porque las mujeres hablan hasta por los codos, los hombres no... es que las mujeres son así y los hombres son asá". Hay otro interesante libro de la misma autora titulado Gender & Discourse, sobre el lenguaje verbal en el entorno laboral. Hay otra obra con el mismo título, pero es una compilación de ensayos editada por Ruth Wodak. Huelga decir que estas autoras no hablan de sociedades rurales ni "incivilizadas" sino de las grandes urbes de la actualidad.
Según los estudios, en el mundo occidental suceden interesantes fenómenos culturales vinculados a nuestra forma de (in)comunicarnos: estadísticamente, los hombres interrumpen más a las mujeres (más quiere decir con mayor frecuencia y de manera más contundente, es decir, para rebatir o cuestionar lo que ellas están diciendo... o para cambiar el tema); las mujeres miran a los hombres a los ojos cuando hablan y cuando escuchan, cuando hablan lo hacen para obtener la atención de ellos, cuando escuchan lo hacen para mostrar su atención al discurso de ellos; los hombres tienden a mirar a otra parte cuando hablan o escuchan a una mujer; en un grupo mixto, si un hombre habla toda la gente lo mira, si una mujer habla las mujeres la miran, los hombres miran a otra parte o miran a sus pares; en un grupo mixto, cuando un hombre habla busca la mirada de sus pares, no mira a las mujeres; en un grupo mixto, cuando una mujer habla busca el contacto visual con todas las personas, pero favorece a los hombres; cuando una mujer necesita ayuda, formula preguntas ("¿me echas una mano con esto?"), cuando un hombre necesita ayuda, formula órdenes ("échame una mano con esto")... en fin, la lista es larga. Y no se trata únicamente de conversaciones de pareja (cualquiera que haya tenido pareja hetero u homo sabe bien cómo es ese ajo), sino en relaciones laborales tanto jerárquicas como de supuestos pares (mismos puestos), amistosas, por la calle, you name it.
Interesantísimo el tema, eso sí. Habría también que analizar cómo la tendencia cultural femenina a verbalizar las emociones y la represión cultural masculina a esa verbalización influye en que la expectativa de vida de ellos sea menor que la de ellas. Eso dice la ciencia... y algunos autores varones lo han denominado "la masculinidad tóxica".
Saludos,
Atenea