Buen morning!
Atenea: te invito a que leas este interesante artículo que acabo de poner en La Cabina y en The Booth.
Me gustaría saber si en estos párrafos, por ejemplo, se puede cambiar el concepto de religión por el concepto de activismo o, en todo caso, cierta posición política controvertida/opuesta al trabajo de interpretación. If so, ¿qué podés reflexionar para nosotros?
¡Gracias!
Au
"To be faithful and neutral, especially when you have a theological background, is the hardest thing about being an interpreter," Busambwa said. "You have to get yourself out of the way and understand the context."
Former Global Ministries staff Irina Miagkova, who serves as a Russian interpreter from Westchester County, N.Y., experiences that problem in reverse. "Very often delegates ask for my opinion or try to explain their opinion to me," Miagkova said. "I tell them: `I appreciate it, but you'd better tell that to the other delegates.'"
http://tinyurl.com/5jxgua
Hola, Au:
En términos generales, no sé si ser neutral es difícil o sencillamente imposible cuando se trata de interpretar y/o traducir si partimos de la base de que cada persona carga consigo un bagaje psicológico y social concreto y único. Esto es así, más allá del activismo o no activismo, más allá de la existencia de una clara postura política o ausencia de todo juicio crítico. Siempre hay algo de cada cual que se filtra, inevitable e inconscientemente, a nuestra forma de trasladar las palabras de un idioma a otro, de trasladar una cultura y una forma de ver el mundo.
Desde otro lado, en la trinchera activista, ese bagaje es conciente, lo que podría afirmar la idea de que la neutralidad es imposible; sin embargo, creo que el enorme valor de tener conciencia sobre el bagaje y las motivaciones que impulsan a acometer este tipo de tarea es que una tiene esos filtros muy claros y presentes, una elige a conciencia y con conciencia, a qué le hinca el diente y a qué no. Te contaré que alguna vez tomé un texto que circulaba en la lista interna de Tlaxcala con la intención de traducirlo (anunciamos los trabajos que deseamos hacer y los pares de idiomas para que el colectivo esté al tanto, así evitamos duplicación de esfuerzos). A medio camino ya no quería traducirlo, porque el contenido se alejaba de manera muy importante de mis convicciones (a nadie le sorprenderá saber que en la izquierda cabe más de una corriente de pensamiento). Consulté al coordinador de traducciones y me dio dos opciones: traducir hasta el final, firmar la traducción y agregar una nota explicativa sobre mi reparo respecto a la forma de abordar el tema, o dejar el texto hasta ahí, pasar el resto a alguien más y publicarla con pseudónimo y el nombre de quien se animara a terminarla. Hicimos esto último. Y me parece bien, tanto como me parece respetable tener colegas que por diversas razones eligen firmar todo su trabajo activista con pseudónimo.
En lo que respecta concretamente a la religión, recordé que un colega intérprete me dijo una vez "Si yo me pusiera a interpertar voluntariamente para mi iglesia, también estaría haciendo activismo". Discrepo. El activismo se define como una actitud de resistencia activa al orden dominante, una resistencia que tiene por objetivo promover el cambio social; a menos que estuviera trabajando para una iglesia cristiana en Dubai, veo difícil que eso sea activismo.
Saludos,
A
A ver…
Creo yo que todo radica en una cuestión: puedo negarme a aceptar trabajos como autónomo que soy.
Si me llaman para interpretar (asumiendo que el llamado me llega como intérprete autónomo, no de planta) y la esfera temática, o el disertante, es de esas con los que mi filosofía, mi principios, no comulga, puedo negarme, puedo no aceptar el encargo.
Si en el medio de una jornada de interpretación, una (o varias) de las charlas toca mi fibra íntima y me molesta, me la como. Hablaré con mi pareja de cabina, para ver qué se puede hacer. Le explicaré mis razones. Hablaré con el jefe de intérpretes para que hable con el cliente. O, hablaré con la agencia que me llamó para que sepan que el tema X, o el orador X, no es algo que me agrada y que prefiero consideren a otro intérprete para este tema/orador a futuro.
Si soy intérprete de planta, eso es otro cantar. ¿Crees tú que los intérpretes de gobierno, de los OI y otros entres similares están de acuerdo con todas las chorradas y abusos que interpretan a diario?
JL
Hola, Atenea:
Yo no soy intérprete y desconozco las emociones y vivencias que esa tarea conlleva (seguramente muy intensas

). Me quedé con la anécdota que contás... y pensaba que, en ese caso, pudiste replantearte si querías o no seguir con la traducción, pudiste barajar distintas soluciones, pudiste consultar. Me pregunto qué pasa si estás en medio de una interpretación con características similares a las de tu anécdota... si estás interpretando, no podés dar marcha atrás. Me explico mejor: ¿cómo se hace para ser neutral en medio de una interpretación que va en contra de tus principios, tus ideales, tu manera de sentir?
En ese momento, imagino, tenés que seguir adelante e interpretar de la mejor forma que tu alma te permita. Pero ¿cómo quedás después? ¿decís algo al respecto cuando terminás tu trabajo?
Contás que se investiga todo lo posible antes de 'salir al ruedo'. Pero supongo que eso no es suficiente 'a la hora de la verdad' para evitar estas situaciones.
Gaby
Hola, JL y Gaby:
Pegaré aquí
la respuesta que escribí para Cristóbal en otro hilo respecto a la combinación de mi trabajo como activista y mi trabajo asalariado (¿mercenario?). Me parece que responde, hasta cierto punto, a lo que plantean ustedes, subrayaré algunas cuestiones y añadiré comentarios en otro color para completar mis ideas:
El gran equilibrio es, precisamente, balancear los ingresos con los no ingresos. Debo aclarar que no todo mi trabajo como activista es voluntario; tengo, por ejemplo, tarifas especiales para personas o colectivos que carecen de medios y tienen un mensaje con el que coincido, vamos, que hay una causa común (olvidémonos de ONG de gran renombre que han hecho de determinada causa un estilo de vida por todo lo alto... sabemos que las hay; esos pagan tarifa de gran corporación o no cuentan conmigo). Hago voluntariado para casos en los que, de plano, no hay recursos, aunque siempre hay pago en especie: transportación, alojamiento, alimentos. A eso también súmale los contactos, el aprendizaje, las amistades.
Por supuesto, hay rachas de mucho trabajo remunerado que aprovecho al máximo, aunque eso implique bajar un poco el ritmo del trabajo activista, porque necesito asegurar la provisión de bellotas para después dedicar tiempo a esos otros asuntos que me parecen fundamentales.
Por curioso que parezca, tengo clientes que saben de mi activismo y jamás se han atrevido a pedir un descuento o a hacer algún comentario de mal gusto sobre mi rango de tarifas, mucho menos sobre las causas en las que creo. Seguramente transmito el suficiento profesionalismo a la hora del trabajo, tanto como voluntaria/activista como cuando voy de traje sastre a recoger un pago o hacer una interpretación.
Ahora bien, esta pregunta tiene otras implicaciones ideológicas:
¿qué pasa cuándo me busca un cliente que, digamos, promueve justamente los valores que combato o a los que contrapongo otros? ¿Alguna vez me he "vendido"? Te contesto sin pudor y, créeme, no siento indiscreción alguna de tu parte. Ha habido pocos casos así y, cuando ha pasado, sopeso en mi fuero interno la magnitud del impacto, ante todo, en mí misma, en el concepto que tengo de mi persona. Suele ganarme la dignidad y,
como creo que es menester de la profesión, independientemente de las filias y fobias de cada cual, me reservo el derecho de aceptar o no un trabajo. Creo que nunca he traducido o interpretado algo que me resultara chocante, que me hiciera sentir que traicionaba mis convicciones. Aunado a ello,
la formación dentro y fuera del aula, y la trayectoria profesional me han llevado "naturalmente" a círculos más acordes a mis principios políticos y éticos.
En resumen, coincido plenamente con JL en las pertinentes puntualizaciones: primero, mi derecho fundamental como autónoma es elegir mi trabajo, tanto en interpretación como en traducción; segundo, si fuera intérprete o traductora de planta, me bancaba lo que me pusieran (¡una razón más para no serlo! Y obviamente quienes ocupan esos cargos en entidades gubernamentales u organismos internacionales apechugan, es otra modalidad de trabajo y condiciones); tercero, si a medio camino de un trabajo de interpretación, activista o no, tengo que decir algo en lo que no creo, actuaría tal como lo describe JL, por supuesto que no abandono la cabina cual diva de las convicciones; cuarto, en el activismo no solo es importante identificarse con el contenido del discurso (escrito u oral), sino fundamental.
Ahora bien, el ejemplo que comenté sobre la traducción que elegí no terminar y no firmar estaba en el ámbito de la traducción activista, concretamente para Tlaxcala, y se resolvió bien. Si en una interpretación activista pasara algo así, no, no podría dar marcha atrás en ese momento. No ha sucedido y solo puedo aventurar un ¿cómo me sentiría si...? El entorno del activismo está tan lleno de diversidad como el entorno aparentemente neutral, la diferencia es que quienes nos movemos ahí hablamos de manera abierta de nuestras convicciones (lo que puede acabar en acalorados debates, claro, y ¡qué bueno!), y sí, diría lo que siento al terminar el trabajo. JL hablaba de la coordinación de intépretes; en el activismo también hay alguien coordinando, alguien a quien puedes acercarte y solicitar un cambio para la siguiente ronda/sesión.
Lo lindo de la interpretación es, en efecto, esa adrenalina ante lo que Gaby acertadamente llama 'la hora de la verdad'. Toda una droga.

No se puede "ser" neutral, porque sería dejar de ser humano. Lo que se puede y muchas veces (tal vez las más, pero está por probar empíricamente) se debe es "actuar" con neutralidad. Exactamente como el psicoanalista o el juez, que no pueden evitar sentir simpatía o pena o aborrecimiento o lo que sea por el paciente o el reo.
Actuar con neutralidad, por otra parte, no ha de confundirse con interpretar pasivamente: uno puede contribuir de maner activa al éxito de la comunicación sin tomar partido. Es posible y, sobre todo, éticamente indispensable, cuando entre los interlocutores no hay contradicciones antagónicas, es decir, cuando ambos tienen fines idénticos o coincidentes, de modo que ayudar a cualquiera es ayudar a los todos.
En cuanto a que el traductor o intérprete deje constancia de lo que le parece el original... DEPENDE. Yo no puedo, como intérprete de la ONU, dejar ningún tipo de constancia de lo que pienso acerca de las gansadas o, peor, barbaridades que me toca interpretar. Cuando la Guerra de las Malvinas, interpretaba, claro, con mejor disposición las intervenciones favorables a la argentina, pero no permitía que tal disposición se entreviese en mi manera de interpretar. No que me hubieran sacado a patadas (y con razón!), sino que no habría sido deontológicamente aceptable interpretar de otro modo.
Siempre DEPENDE, y depende de muchos factores de diferente peso cada vez: El tipo de evento, los interlocutores, quien paga los servicios (a quien debemos nuestra lealtad, que si no, el trabajo no debe aceptarse), etc. Y depende, en primer y último término de la personalidad, formación e ideología del intérprete.
Yo soy defensor decidido de la libertad deontológicamente responsable del mediador de actuar como le parezca profesionalmente mejor (ojo, PROFESIONALMENTE, que la deontología es la ética profesional, no la ética a secas, que la trasciende).
sergio