Hola, Atenea:
Es un placer que estés de invitada de honor.
Mi consulta está motivada por un interés antropológico.
¿Tienen todas las sociedades del mundo algo en común en lo que respecta a los roles de género? Por ejemplo, por decir algo frívolo, ¿se asocia el color rosa a la mujer en todo el mundo o, por ejemplo, en alguna cultura de Asia es el verde? Y ya, entrando en asuntos más sórdidos, ¿todas las sociedades del mundo son machistas en mayor o menor medida? Conozco gente de casi todo el mundo, aunque solo sea de vista, y me parece que hay machismo desde la península ibérica hasta Japón (me voy a ahorrar el «pasando por»).
¿Qué aportan los modelos de sociedad que no sean patriarcales? ¿Qué son exactamente esos pueblos matriarcales o matrilineales de los que se habla de vez en cuando? ¿Qué significan esas palabras exactamente y qué implicaciones tienen? ¿Son sociedades más justas? ¿Hay sistemas que no sean patriarcales ni matriarcales, sino «duales»? ¿Existe o ha existido la comunidad equitativa? Estos distintos modelos, ¿son a veces, por el contrario, fachadas que disfrazan a veces al machismo? ¿Caen a veces en el exceso contrario?
Gracias. Sé que son demasiadas preguntas y que ya estás bastante ocupada con las de los demás, pero el espíritu de la consulta se podría resumir con «¿Qué hay en común?», y con una respuesta a eso me doy por satisfecho.
Javier
Hola, Javier:
Realmente es un gustazo para mí, agradezco enormemente la invitación de Au y lo interesante de todas las preguntas.
De manera concreta, tu planteamiento (este conjunto de preguntas), constituye un tema vasto. Con las reservas obligadas porque no soy antropóloga, te diré que, hasta donde sé, todas las sociedades del mundo tienen imaginarios colectivos de género, es decir, en todos los grupos humanos el ser mujer o ser hombre implica una serie de características, por lo general opuestas o contradictorias, es decir, dicotomías (mujeres frágiles/hombres fuertes, hombres inútiles en el hogar/mujeres hábiles en lo doméstico, por mencionar dos ejemplos rápidos y accesibles). Curiosamente, es común que en una misma cultura se atribuyan características contradictorias al mismo sexo; por ejemplo: las mujeres de verdad son/deben ser sensuales, pero recatadas; los hombres de verdad son/deben ser protectores de la familia, pero disfrutar de los riesgos. Desconozco si hay algún criterio absolutamente universal en cuanto a la asignación de características o símbolos, como el ejemplo que aportas del color, relativos a los géneros. La intuición me dice que no.
En cuanto al asunto sórdido (¡excelente palabra!), comparto tu perspectiva: en el mundo actual, todas las sociedades son machistas y el machismo se puede manifestar de maneras variadas, sutiles o abiertas, ser despreciado/tolerado/denunciado... pero sigue siendo una constante. Al leerte pensé en algo que puede parecer también frívolo, pero cuando veo cine de otras latitudes, cosa que por cierto disfruto muchísimo, siempre encuentro el tema aunque sea entre líneas: no he visto una sola peli europea, americana, asiática, africana o australiana en la que aparezca una familia y el tema de la alimentación no competa a las mujeres.
Ahora bien, en cuanto a la segunda parte de tu intervención, quisiera tomarme el tiempo de revisar dos lecturas que tengo a mano: el texto Mujeres ancianas, mujeres de corazón de hombre, mujeres de peso, de Françoise Héritier-Augé y un ensayo de Salvatore Cucchiari que lleva el sugerente título La revolución de género y la transición de la horda bisexual a la banda patrilocal: los orígenes de la jerarquía de género. ¡A no asustarse! Prometo traducirlo y traer comentarios pertinentes a las preguntas.
De manera por demás somera, una sociedad matriarcal sería aquella en la que la organización de las relaciones de poder, tanto en lo público como en lo privado, recayera en las manos de las mujeres: la economía (producción, distribución, adquisición, comercio, ingresos y gastos, el trabajo remunerado, la transmisión de propiedades o cargos), la política (sistema de gobierno en la teoría y en la práctica, legislación), lo social (educación, anticoncepción, aborto, salud y enfermedad, sexualidad, aspectos no económicos del empleo, el ocio). Matrilineal significa que la descendencia se clasifica por el criterio de consanguinidad con la madre, no el padre.
A bote pronto, no creo que una sociedad matriarcal sea necesariamente más justa ni equitativa. Si el poder reside en una mitad de la población, sea cual sea, difícil es pensar en equidad o justicia. Por cierto, en España es relativamente sencillo conseguir la novela Las hijas de Egalia, de Gerd Brantenberg, donde se retrata (con mucho humor) un matriarcado en toda regla. Resulta tan absurdamente injusto e inequitativo que no cuesta nada pensar en lo absurdo del patriarcado.
Y bueno, tampoco sé de un sistema "dual". ¿En pos de la (otra) utopía? Sin duda. Pero es mucho lo que se gana en el intento, creo yo.
Saludos,
A
Nota al margen. Hace unos años estuve en Sumatra, concretamente en Bukittingi y el lago Maninjau. En esta zona hay una especie de matriarcado muy curiosa. Se trata de los Minankabau, pero mejor que gugleen al respecto... No vaya a ser que meta la pata.
Saludos
¿Cuál pata? ¡Cuéntanos!

¿Cuál pata? ¡Cuéntanos!

No, no, nada de patas ;-) yo esas cosas, no...
Me refiero a que mi impresión subjetiva en el poco tiempo que estuve + la poca información que tengo al respecto, poco valor puede tenr cualquier cosa que diga. Lo único que puedo contar es que me dejó medio perplejo cómo han logrado entretejer su cultura matriarcal- la mujer posee las tierras y las hereda la hija- y la llegada y establecimiento del Islam, mi impresión es que funciona!! Pero como ya dije, lo que pueda contar es demasiado superficial.
¡Hola de nuevo!
Transcribiré algunos párrafos extraídos de los ensayos a los que me referí en la respuesta original al planteamiento de Javier. Correré el riesgo de acabar enviando un texto muy largo, pero estoy segura de que es sustancioso. Tanto Cucchiari como Héritier-Augé parecen estar respondiendo precisamente la pregunta sobre si las cuestiones de género son universales, y en ambos casos afirman que lo son, aunque la motivación de cada trabajo es opuesta: Cucchiari se plantea la posibilidad de que en un momento originario no haya habido género; Héritier-Augé intenta situar el origen, la explicación de la desigualdad entre los sexos. Disculpas por los "dedazos", le dictaré el texto a la máquina.
De Cucchiari (ampliamente referido en trabajos académicos; el texto no está disponible en Internet, pero sí hay otros ensayos que lo citan):
Tomado de la Introducción
Este artículo versa acerca del origen de una de las características más fundamentales y, sin lugar a dudas, más universales de las culturas humanas: el género. Para algunas de las personas que me lean, el origen del género como un sistema sociocultural podrá parecerles un falso problema. Después de todo, ¿no nos dota la naturaleza de estas categorías y luego las modifica la cultura? Este trabajo adoptará un enfoque totalmente diferente y partirá de lo impensable: la posibilidad de una sociedad humana sin género. Vamos a asumir que lo aparentemente absurdo se justifica en la medida en que arroja puntos de vista nuevos sobre objetos que son tan comunes, que incluso consiguen resistir a nuestros esfuerzos por entenderlos. ¿Y qué podría ser más común, más "natural" o fundamental para la identidad personal que la categoría de género que se nos ha asignado? Sólo quien le esto podrá juzgar al final si tal experimento intelectual logra elucidar la naturaleza y el origen del género, y la jerarquía en función del género.
A pesar de su universalidad, el género, como principio organización social, posee una relatividad histórica. Pese a que el sistema de género tiene marcas referentes ideológicos, de ningún modo se encuentra determinado o se torna inevitable portales marca sexuales. Al igual que otros principios sociales organizativos, como la clase, el género hizo su aparición en el escenario humano en algún momento del pasado, tiempo desde el cual ha sido elaborado en una cantidad de direcciones diferentes, y con mucha probabilidad cederá el escenario a otros actores en el futuro. Así, sea cual fuere aquello que define nuestra humanidad común con miles de generaciones pasadas y futuras, la idea de género no ofrece una mejor definición de ella que las que aportan las de clase o jerarquía.
Permítaseme una vez más subrayar que la organización humana sin género no ha podido observarse ni en la etnografía presente ni en la histórica. Lo que hago es postular la existencia de una etapa sin género en la evolución cultural humana puesto que, hasta que lo hice, no me fue posible empezar explicar otro rasgo cultural universal: la jerarquía de género o el dominio masculino universal; además, es una explicación de la jerarquía de género, lo cual constituye el problema primordial de este ensayo.
La labor de construir un modelo que no sólo describa una sociedad sin género, sino que también dé cuenta de su transformación hacia la sociedad sacrificada con base en el género, se torna inmensamente complicada cuando nos percatamos de que un modelo así debe asimismo dar cuenta de instituciones y principios que existen gracias al concepto de género: el parentesco, el matrimonio, la familia, los tabúes del incesto en heterosexualidad exclusiva.
Tomado de la primera parte, Condiciones y restricciones, el sistema de género: ideología contra biología
Bajo el impacto social y político del movimiento feminista, la antropología recientes ha visto forzado a examinar una vez más el problema del género. Este desafío a las generaciones consejos masculinos en la teoría y la práctica de la disciplina ha sido constructivo, creativo y generador de ideas estimulantes y útiles. Uno de los resultados estos esfuerzos es el importante concepto de sistema de género.
Un sistema de género es un sistema simbólico de significado que consta de dos categorías complementarias, aunque mutuamente excluyentes, y dentro de ellas se ubica a todos los seres humanos. Dentro de las características que distinguen el sistema de género de otros sistemas categoriales, se encuentra el hecho de que los genitales son el único criterio para asignar los individuos una categoría en el momento de nacer. A cada categoría queda asociada una amplia gama de actividades, actitudes, valores, objetos, símbolos y expectativas. Si bien las categorías hombre y mujer son universales, su contenido varía de una cultura a otra, y la variedad es verdaderamente impresionante. Así, pues, en algunas culturas los hombres tejen y las mujeres hacen cerámica, Mientras que en otras estos papeles se encuentran invertidos; en algunos lugares, las mujeres son las productoras agrícolas principales, mientras que en otros el campo les está vedado. Incluso los aspectos de la vida que consideramos más ligados a la biología, como es el parto, están sujetos a una reinterpretación de género. A través de un complejo de costumbres que se conoce como la couvade los hombres, en algunas culturas, comparten el dolor, las molestias y hasta la recuperación posterior al parto, todo lo cual se asigna únicamente a las mujeres en la nuestra. También es variable el grado de polaridad de la dualidad de género, esto es, el grado de traslapamiento de los papeles: desde una leve dicotomía en el sudeste asiático hasta una polaridad extrema en la cuenca mediterránea.
Cuando se desarrolla más leída del sistema de género, advertimos que no se trata de una oposición equilibrada. Por todas partes, hasta donde tenemos noticia, las categorías de género se encuentran posicionadas jerárquicamente de tal suerte que los valores masculinos prepondera sobre los femeninos. Si bien los símbolos de masculinidad son siempre positivos, los símbolos femeninos son a menudo negativos o, por lo menos, ambiguos. Independientemente de cuál variables puedan ser el estatus y el poder de las mujeres, son los hombres quienes dominan el sistema de parentesco y la arena política, y tienen asimismo derechos en y sobre las mujeres: en todos lados la mujer es el "otro". Una vez más deseo hacer hincapié en la variabilidad del predominio masculino, tantas expresión ideológica como en su ejercicio efectivo. El aspecto de la jerarquía en las relaciones reales entre mujeres y hombres es un complejo problema histórico que comprende todos los procesos materiales y simbólicos de la vida social.
Que se piense que existen dos variedades distintas de seres humanos es primordialmente un hecho cultural: tal sistema de significados se relaciona con otros significados en el ámbito de la cultura. No obstante, ello no significa que el sistema de género no se relacione con la biología. Pero, ¿de qué modo se relacionan sarracina interrogación uno está tentado a ver una colección obvia entre ambas categorías de género (hombre/mujer) y las dos categorías biológicas (macho/hembra). En este caso lo obvio, sin embargo, es engañoso: nuestra idea de la dicotomía biológico sexual es más un producto de nuestra ideología de género que lo contrario.
Para evitar confusiones, permítaseme enunciar desde el principio que la ciencia biológica ciertamente nos dice que hay dos procesos de desarrollo: masculino y femenino. Estos dos siglos se definen en relación con 5 a fisiológicas: genes o cromosomas, hormonas, gónadas, órganos reproductores internos y genitales externos. De ahí que la visión científica de la clasificación sexual esté basada en un complejo proceso de desarrollo que no se observa fácilmente. De hecho, las características externas de la sexualidad (caracteres genitales y caracteres secundarios) son considerablemente variables y, desde una perspectiva puramente morfológica, no se prestan a una fácil división. Lo que es más, alrededor del dos o 3% de la población del mundo nace hermafrodita, con genitales ambiguos. No obstante, pese a este continuum de características sexuales externas, las culturas del mundo insisten en ver sólo dos sexos biológicos. Hay una sólida excepción, los navajo, que confieren un estatus especial a los hermafrodita. Martin y Voorhies dedican un capítulo entero de su libro los trabajos y a otros grupos que, según afirman, reconocen no sólo más de dos sexos biológicos, sino también más de dos géneros. Un breve examen de su argumentación mostrará que estas aparentes excepciones confirman la regla de que los sistemas culturales operan universalmente con un solo modelo de dos géneros.
Las autoras procedentes una posición idéntica a la que adoptaron en el siguiente fragmento: "el hecho de que más de dos sexos físicos puedan coexistir ha sido reconocido muy raras veces por los investigadores interesados en estudiar la interrelación entre sexo físico y la cultura. Los científicos sociales que suelen dar por sentado que los atributos sexuales humanos son percibidos por todas las sociedades como excluyentemente dicotomía." Su ejemplo más sólido es el de los navajo, los cuales reconocen una categoría especial llamada nadle ("hermafrodita") que es, asegura las autoras, no sólo una clase sexual, sino también una categoría de género. No obstante, cuando examinamos las características de los nadle, encontramos pocas que los distingan como un género independiente. Las personas de la categoría nadle comparten características de ambos géneros y median en las disputas entre hombres y mujeres, aunque tiene pocos o ningún rasgo que los ubique como una categoría de género. Su papel como mediadores en las relaciones de poder entre los géneros se reflejen un mito, en el que se narra que un hermafrodita mitológico ayudó a los hombres a afirmar su preponderancia sobre las mujeres. Por lo demás, no es posible concluir que los nadle constituyan una categoría de género aparte: en la medida en que funcionan como una clase de género en algunos contextos, su identidad se deriva de las características de los géneros masculino y femenino.
Los otros casos etnográfico son ejemplos aún más débiles de sistemas de género "supernumerarios" (de más de dos): los mohave, los piegan del norte de Canadá y los chukchee siberianos. En todos estos casos se dan las llamadas categorías de géneros cruzados, ninguna de las cuales es contributiva. Así, los hombres pueden vivir y comportarse como las mujeres y viceversa, una vez que ha logrado o elegido su pertenencia a una de las categorías de géneros cruzados. Los chukchee, por ejemplo, tienen tres categorías para hombres que buscan un estatus femenino, y cada categoría difiere de las otras por su grado de feminización. Las mujeres tienen un sistema bicategorial análogo. Martin y Voorhies contaron hasta cinco de estas categorías de género, con lo cual este grupo tendría un total de siete. Si bien estos ejemplos son explicaciones interesantes del grado en que la biología esté impregnada por el género, no son claramente ejemplos de sociedades con género supernumerario. Toda las categorías de género cruzados son categorías derivadas que, lejos de debilitar el modelo de dos géneros, lo ratifican al institucionalizar la conducta que queda dentro o fuera de las dos categorías polares: en efecto, la conducta atípica se define como un movimiento hacia el género opuesto con lo cual torna al sistema de género inmune a las desviaciones conductuales.
En consecuencia, no hay excepciones convincentes del modelo bipolar de género. Esto, por supuesto, hace que la explicación sea más difícil. Si el género va en contra de la biología-incluso la moldear su propia imagen-, ¿cuáles son las restricciones sobre el sistema de género que producen su carácter universalmente actual?
De Héritier-Augé, ensayo también referenciado en otros textos académicos, pero tampoco disponible en línea, dicto:
No puede asegurarse que se disponga de un censo exhaustivo de todas las sociedades humanas existentes o que han existido. Es cierto que toda las sociedades conocidas no han sido, sin embargo, completamente descritas. Y cuando lo son, no es necesariamente de una manera que ponga de relieve caso por caso la naturaleza de la relación que cada una de ellas ha establecido entre hombres y mujeres. Hechas estas reservas, que implica la inexistencia de pruebas científicas absolutas, existe una fuerte probabilidad estadística, resultante del examen de la literatura antropológica sobre la materia, de que la supremacía masculina es universal.
Hay una conocida teoría evolucionista del matriarcado primitivo, derivada de tesis de Bachofen (1861), según la cual habría existido un estadio inicial de la humanidad marcado por la ignorancia de la paternidad fisiológica, el culto a las diosas-madres y la dominación femenina, política, económica e ideológica, sobre los hombres. No es este el lugar de criticar las teorías evolucionistas de la humanidad; simplemente se dirá que el término matriarcado, implica la idea de poder femenino, ha sido y continúa siendo frecuentemente utilizado para hacer referencia de hecho a situaciones reales de matrilinealidad, donde los derechos más importantes son detectados por los hombres nacidos en grupos de filiación definidos por las mujeres, o bien para hacer referencia a situaciones míticas como la de las Amazonas.
La sociedad humana que, desde el punto de vista antropológico, parece haber estado más cercana de la definición de matriarcado es la de los iroqueses, estudiada por numerosos autores a partir de la célebre obra del jesuita Lafitau (1724) y de la narración de la vida de Mary Jemison publicada por Seaver en 1880. En las seis naciones y lo que éstas, las mujeres iroquesas no eran tratados con una deferencia o consideración especiales y parece ser que los hombres se consideraban superiores y dedicaban toda sus actividades a la caza durante largos periodos (una campaña podía durar un año) o a la guerra. Pero las mujeres, o al menos algunas de ellas, disfrutaban de derechos o de poderes raramente igualados.
La regla de filiación pasaba por las mujeres y la residencia era matrilocal. Las mujeres pertenecientes al mismo linaje vivían bajo el mismo techo de una casa grande junto con sus maridos e hijos y bajo la tutela de "matronas", cuyos criterios de selección desgraciadamente no han llegado a conocerse. Estas matronas, que gobernaban y dirigían la vida de las casas grandes, administraban también el trabajo femenino en el campo, privilegio de las mujeres, realizado en común sobre tierras colectivas que era la propiedad de las mujeres del linaje. Las matronas realizaban por sí mismas, casa por casa, la redistribución de los alimentos cocidos entre los invitados y los miembros del Consejo. Estas matronas estaban representadas, sino en el Gran Consejo de las Seis Naciones Iroquesas, sí al menos en el que Consejo de los Ancianos de cada nación por un representante masculino que hablaba en su nombre y dejaba oír su voz. Esta voz no era, de hecho, desdeñable, puesto que las matronas disponían de un derecho de veto en las cuestiones relativas a la guerra que el proyecto Guerrero no era de su agrado. Podían impedir de todos modos la realización de un proyecto de guerra con el que no estuviesen de acuerdo, prohibiendo simplemente las mujeres suministrará los guerreros la provisión de alimentación desecada o concentrada que les hacía falta llevar. Parece que las matronas debían su elevado estatus al hecho de controlar la organización económica de la tribu (son igualmente quienes distribuyen el producto de la caza masculina), lo que es posible, teniendo en cuenta una estructura social matriz lineal favorable, porque la actividad productiva fundamental de las mujeres, a saber la agricultura con azada, no es incompatible con la posibilidad de ocuparse de los niños de pecho. Según las mismas investigaciones, parece ser -lo que es muy interesante- que sólo hay tres tipos de actividad económica que permiten esta combinación: la recolección, la agricultura con azada y el comercio tradicional (lo que no quiere decir, sin embargo, que todas las sociedades que practican estas formas de actividad ofrezcan a las mujeres situaciones privilegiadas). Queda por decir que no es indiferente que sean precisamente las matronas quienes disfruten de un estatus destacado entre los iroqueses, punto sobre el que volveremos más adelante.
Muchísimas gracias por tomarte tanta molestia. He estado de semivacaciones esta semana, así que no he tenido tiempo de contestarte con detenimiento, pero te he estado leyendo en este hilo y en los demás.
Estos fragmentos que copias me han parecido interesantes y dan respuesta en líneas generales a lo que quería saber. A lot to take in.
J.
http://www.codigoradio.cultura.df.gob.mx...exosentido
Este enlace es demasiado bueno porque habla de sexualidad, higiene sexual, sexo, género, preferencia sexual. ¡Qué bueno que están guardando los programas!
Es increíble lo poco que sabemos de teoría y de este tipo de conceptos. ¡No conocemos nuestro cuerpo!
He elegido este hilo de Javier porque me pareció el más cercano al enlace, pero lo pueden cambiar a uno que defina mejor, si lo considera pertinente.
Salud y Sexualidad.

http://www.codigoradio.cultura.df.gob.mx/index.php/nuestra-programacion-codigo-df/sexosentido
Salud y Sexualidad.

Pues yo creo que es el lugar indicado. Verónica Ortiz y David Barrios son extraordinarios como profesionales de la salud sexual Y de la conducción de programas. Es una delicia escucharlos, ojalá mucha gente lo haga.
Gracias, Yaotl,
A