Atenea:
He tenido la suerte de escucharte contar anécdotas sobre esa mezcla poderosa que es la interpretación + el activismo. ¿Podrías compartirlas con nosotros? (Ya mismo, me viene al recuerdo alguna de las anécdotas como intérprete para las sufridas madres mexicanas).
Gracias.
Au
Si bien hago mucha más traducción que interpretación activista, ésta me resulta más disfrutable que aquella. En la traducción hay una distancia que se diluye en la interpretación: la palabra escrita, trabajada con plena conciencia política para difundir determinada causa, compartida entre colegas con una visión común, publicada en un medio alternativo... una secuencia poco inmediata y cuya resonancia no siempre es fácil conocer. En la interpretación todo sucede al momento, las palabras fluyen también con plena conciencia política, pero la parte vivencial es muy fuerte. Aprovecho para aclarar que recurro a la palabra
política sin limitarla a la esfera del gobierno, sino a aquello del "ser político". Y que el activismo es una forma de resistencia a un modelo o una ideología dominante, una resistencia que busca generar un cambio.
Me gusta resumir la interpretación activista con una frase: dar voz a quien no la tiene. ¿Qué es no tener voz? Es no tener acceso a los medios dominantes (
mainstream); hablar un idioma desconocido por la mayoría; tener un discurso que no llega al oído del poder; no gozar de credibilidad por ser una voz cuestionadora/alternativa/disruptiva; no tener peso en un foro. En ese sentido, defiendo el derecho de cada persona de expresarse en el idioma en el que se siente como pez en el agua para entablar un diálogo y para transmitir un mensaje de denuncia o conciliación.
Cuento brevemente dos de las experiencias más intensas que he tenido como intérprete activista. Una fue interpretar para una madre del colectivo
Nuestras hijas de regreso a casa, que agrupa a madres (y algunos padres) de las mujeres asesinadas en la frontera con USA, tristemente conocidas en el mundo como "Las muertas de Juárez". La interpretación fue consecutiva (después, si quieren, podemos hablar de las condiciones laborales del activismo) y solo teníamos un micrófono, de manera que esta valiente mujer y yo estuvimos sentadas una al lado de la otra durante su presentación; yo le pasaba el micrófono e intentaba tomar notas, después interpretaba. Relató el calvario de la desaparición de su hija, los meses que pasaron hasta que la policía contactó a la familia para decir que habían encontrado el cadáver en el desierto, el suplicio de ir a revisar los restos de ropa y un zapato para "reconocer" los huesos que le enseñaron... y el dolor de saber, en su corazón, que esa no era su hija. Habló de las inútiles gestiones frente a la presidencia del país (en aquel tiempo, el presidente era Fox), las horas de espera para recibir un "no podemos hacer nada", el desmembramiento de la familia tras la pérdida de la hija, las fuerzas para seguir adelante y ser voz de su hija. Una historia terrible y una manera muy dolorosa de establecer un vínculo humano poderosísimo durante aquellos minutos.
La otra experiencia fue interpretar para dos brasileñas que pertenecen al Movimiento de los Sin Tierra. Tampoco había cabina y... ¡yo no sé portugués! Al no haber nadie que las ayudara a comunicarse, decidimos pasar una tarde entera diccionario de portugués en mano para traducir su presentación. No podían salirse del guión porque sería catastrófico. Fueron horas muy ricas de intercambio y búsqueda de palabras, consensos, lenguaje corporal, risas... en su presentación hablaron del surgimiento y la evolución del MST, la miseria, la formación política e ideológica, la organización comunitaria con escuelas y comedores populares, la división del trabajo para mantener el movimiento vivo, los enfrentamientos con el gobierno, la articulación de las mujeres del MST como partes políticas. Al final leyeron un poema lleno de esperanza sobre la lucha popular y el espacio se inundó de música brasileña, baile y alegría. Esa fue otra lección de fortaleza y dignidad que no olvidaré.
Fuertes experiencias.
Y en cuanto a la agresión, Atenea? Activismo y agresiones me parece una yunta casi inevitable...
Fuertes experiencias.
Y en cuanto a la agresión, Atenea? Activismo y agresiones me parece una yunta casi inevitable...
No entiendo bien, ¿me aclaras un poquitín?

Hola, Lili:
Admiro también a Chomsky, su trabajo fue de los primeros en abrirme los ojos a análisis fuera de lo convencional. Le escribí alguna vez, hace años, recuerdo que con motivo de un Foro Social Mundial (me habían asignado para interpretar una sesión marcada "Noam Chomsky" y llegué ilusionada por la posibilidad de conocerlo... pero no, era un video con una entrevista... no había subtítulos y tuvimos que interpretar el video, buá), y sí contestó.
Tengo un amigo canadiense muy querido que conoció a Chomsky hace unos diez años. Este amigo se llama Adam Jones y trabaja temas de "génerocidio" (
http://www.gendercide.org). En aquella época, si recuerdo bien la historia, estaba más vinculado a temas de política internacional, estuvo en Nicaragua durante la guerra y se entrevistó con Chomsky sobre América Latina.
Saludos,
A
Fuertes experiencias.
Y en cuanto a la agresión, Atenea? Activismo y agresiones me parece una yunta casi inevitable...
No entiendo bien, ¿me aclaras un poquitín?

Me refería a las dificultades propias de ir a "contracorriente", y si había alguna anécdota en particular en las que vos o alguien más hubiera recibido abiertas agresiones provenientes de algún ámbito.
Me refería a las dificultades propias de ir a "contracorriente", y si había alguna anécdota en particular en las que vos o alguien más hubiera recibido abiertas agresiones provenientes de algún ámbito.
¡Ah, claro! Pues no ha pasado de que me deseen la muerte por manifestarme en favor del aborto legal y gratuito antes de las 12 semanas de gestación: "¡pinche feminista, ojalá te mueras!" Así habla la gente de Provida, muy católica, muy vidista y muy mona 
En otros espacios, no... como colectivo, ya ha pasado que nos hackeen Tlaxcala y Rebelión, corrompan documentos o los hagan inaccesibles. Algo estaremos haciendo bien en cuanto a difusión, ¿no?
Besines
Hola, Cristóbal:
El gran equilibrio es, precisamente, balancear los ingresos con los no ingresos. Debo aclarar que no todo mi trabajo como activista es voluntario; tengo, por ejemplo, tarifas especiales para personas o colectivos que carecen de medios y tienen un mensaje con el que coincido, vamos, que hay una causa común (olvidémonos de ONG de gran renombre que han hecho de determinada causa un estilo de vida por todo lo alto... sabemos que las hay; esos pagan tarifa de gran corporación o no cuentan conmigo). Hago voluntariado para casos en los que, de plano, no hay recursos, aunque siempre hay pago en especie: transportación, alojamiento, alimentos. A eso también súmale los contactos, el aprendizaje, las amistades.
Por supuesto, hay rachas de mucho trabajo remunerado que aprovecho al máximo, aunque eso implique bajar un poco el ritmo del trabajo activista, porque necesito asegurar la provisión de bellotas para después dedicar tiempo a esos otros asuntos que me parecen fundamentales.
Por curioso que parezca, tengo clientes que saben de mi activismo y jamás se han atrevido a pedir un descuento o a hacer algún comentario de mal gusto sobre mi rango de tarifas, mucho menos sobre las causas en las que creo. Seguramente transmito el suficiento profesionalismo a la hora del trabajo, tanto como voluntaria/activista como cuando voy de traje sastre a recoger un pago o hacer una interpretación.
Ahora bien, esta pregunta tiene otras implicaciones ideológicas: ¿qué pasa cuándo me busca un cliente que, digamos, promueve justamente los valores que combato o a los que contrapongo otros? ¿Alguna vez me he "vendido"? Te contesto sin pudor y, créeme, no siento indiscreción alguna de tu parte. Ha habido pocos casos así y, cuando ha pasado, sopeso en mi fuero interno la magnitud del impacto, ante todo, en mí misma, en el concepto que tengo de mi persona. Suele ganarme la dignidad y, como creo que es menester de la profesión, independientemente de las filias y fobias de cada cual, me reservo el derecho de aceptar o no un trabajo. Creo que nunca he traducido o interpretado algo que me resultara chocante, que me hiciera sentir que traicionaba mis convicciones. Aunado a ello, la formación dentro y fuera del aula, y la trayectoria profesional me han llevado "naturalmente" a círculos más acordes a mis principios políticos y éticos.
Un abrazo,
Atenea
¡Hola, Nicolás!
Ese crecimiento espectacular de las ONG me parece, cuando menos, sospechoso, pero no por su reproducción cual si fueran hongos, sino por el crecimiento de unas cuantas en particular. Recuerdo cuando estudiaba la licenciatura (en relaciones internacionales) y hablábamos de los actores internacionales. En ese tiempo (principios de la década de 1990), las ONG asomaban tímidamente la nariz y eran concebidas como el epítome de la participación de una sociedad civil organizada. Casi viente años después, algunas constituyen los más grandes lavaderos de dinero, caldos de cultivo para el amiguismo y, en efecto, explotación del voluntariado.
En general, me gustan las ONG chiquitas y nuevas, incluso cuando todavía no están conformadas legalmente de esa manera. Grupos de gente sincera y con buenas intenciones, con la que comparto principios no solo éticos y políticos (repito que siempre que uso la palabra política y sus derivados lo hago en su sentido original y más amplio... el feminismo ES política, por ejemplo) en términos de abrazar una causa, sino en cuestiones como el trato de las personas y la transparencia. Claro que no llego y pido un estado financiero para estar 100% segura de que no pueden pagar por un servicio, pero me gusta conocer su labor, visitarlos, hablar con la gente... hay muchos indicios del funcionamiento de una organización, basta con tener los ojos bien abiertos y los oídos alerta. En ese tenor, las mejores experiencias han sido con colectivos pequeños y con grandes ideas, como el
Centro para la Justicia Global, en México. También he colaborado con grupos que luchan por el reconocimiento de la diversidad sexual y los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y hombres, sobre todo jóvenes. En cuanto a la traducción, puedo atestiguar que grupos como Tlaxcala y Rebelión son absolutamente transparentes con sus miembros en términos de su funcionamiento. Esto no quiere decir que no haya momentos duros o de debate interno, cosa que, por otro lado, me parece estupenda, porque mal haríamos en dejar de exponer nuestras ideas y discutirlas con nuestros pares. Rebelión tuvo una sección titulada Mujer que dejó de circular, pero la tuvo, la tuvo. Hay otra red con trabajo de campo alrededor del mundo que se llama
Global Women's Strike, es un gusto colaborar con ellas a tarifa especial. Hay un tercer sector que permite hacer activismo: colectivos organizados o instituciones académicas que tienen recursos e interés en poner las traducciones y las interpretaciones en profesionales con formación en temas de género o abiertamente feministas. Esto pasa con publicaciones de debate feminista, interpretación de conferencias sobre feminismo o masculinidades... ¡incluso ha habido profesoras que, de su bolsillo, han cubierto mis honorarios para que les traduzca un ensayo sobre género! De alguna manera, he ido abriendo una brecha para conjugar el trabajo asalariado con los temas que me interesa promover, lo que con más razón me permite hacer trabajo voluntario cuando alguien realmente lo necesita.
¿Respondí a la pregunta? Ojalá que sí.
Saludos para ti,
Atenea
Sin duda que la praxis determina la conciencia, pero no la dicta. Yo no digo que el feminismo de Atenea sea excesivo, pero sí que, cuando la práctica social se hace más enconada, se hace más enconada también la ideología (cualquiera). Yo aventuro, y no me parece descabellado, que Atenea "sangra más por la herida", es decir, que se siente emocionalmente más vulnerada, agredida, golpeada (ponga ella el participio que más idóneo le parezca) por esa experiencia particular en que vive como ser ideológico.
Quisiera zanjar de una vez por todas todas las suposiciones que implicas sobre mi persona, Sergio. En todos los países del mundo que he visitado me he sentido vulnerada o agredida por prácticas machistas (contra las mujeres en general, no necesariamente en carne propia), algunas más sutiles, otras más descaradas. Ese paralelismo de México con algún régimen talibán me hizo pensar en las películas de Pedro Infante y otras bobadas de cultura popular; me hizo recordar cuando una española me dijo, con la más pura inocencia, "bueno, ser feminista en México sí que ha de ser necesario" mientras yo pensaba en que España es uno de los países con cifras más dramáticas de mujeres masacradas por varones que sienten que esos cuerpos y esas mentes no son de ellas, sino de ellos; me hizo recordar los teatros de revista porteños (¿sobre Corrientes?) que parecen carteles de taller mecánico con culos y tetas cual chuletas en carnicería... tengo ejemplos de todos los países europeos y latinoamericanos, podríamos hacer un catálogo comparativo. ¿Serviría eso para algo?
A ver si te sacas de la cabeza la idea de que soy radical (con toda la subjetividad que implica el adjetivo) porque he sufrido mucho, y mejor me das el beneficio de la duda de que soy radical porque tengo convicción y formación política. Por otra parte, tu desdén hacia el feminismo y presunta preferencia por la cuestión de clases, como si fueran luchas en trincheras opuestas y no transversales, no hace sino refrescar mis lecturas y experiencias del tradicional machismo de la izquierda. Nada nuevo bajo el sol.
Atenea
p.d. Me pregunto qué será eso del feminismo de derecha.