Lucille:
Me gustaría que contaras cómo fueron tus primeras incursiones en el mundo de la interpretación. ¿Cómo llegaste a ella? ¿Cómo fue estudiar en la USAL? ¿La licenciatura fue contemporánea a la formación que recibiste con Emilio Stevanovitch?
Mariano
Mis primeras incursiones fueron las que conté por ahí, mientras vivía en Dinamarca y el tiempito que pasé en Oslo. De casualidad, porque no había otro que supiera castellano y entonces intervine.
Luego, de regreso en la Argentina, informalmente también actué como vínculo entre personas que no se entendían. Colaboré con alguna que otra organización sin fines de lucro en algunas oportunidades. La cosa me gustaba mucho.
Mis primeros pasos en la capacitación formal fueron en la USal, a los 30 años, ya madre y esposa. Como lo de ama de casa no me iba mucho, decidí hacer las cosas bien, y me puse a estudiar. Creo que ya comenté por ahí que mi primer intento universitario había sido en 1974 en la UBA, Facultad de Filosofía y Letras, carrera de antropología, que se frustró por el caos político e institucional de esos tiempos.
La elección de esta segunda carrera tuvo un gran componente práctico en mis consideraciones. Ya era madre de familia y el romanticismo de mi primera elección había sido seriamente herido.
En la época en que hice mi carrera no existía la licenciatura. De modo que no soy licenciada. Soy traductora y luego intérprete. Me dieron dos diplomas. Primero el de traductora, y luego el de intérprete cuando completé los dos años adicionales de interpretación de conferencias.
Me recibí casi a los 36 años. Pero ya venía haciendo alguna que otra interpretación.
Los dos años finales de mi carrera fueron contemporáneos con el curso de Steve. Y cuando hacía poquito que me había recibido en la USal y concluido el curso con Steve, me llamó para un primer trabajo de traducción. Luego para interpretar, y con él, junto a él, aprendí muchísimo. Tanto de lo que sí había que hacer, como de lo que no. Un buen maestro enseña de todas las maneras. Era experiencia directa y práctica.
Muchos de mis alumnos hacen más o menos lo mismo, cursan en la USal y ahora también en la UMSA, y simultáneamente hacen los cursos conmigo. O los inician ni bien concluyen sus carreras. Algunos lo hacen como complemento de la carrera de traductor público de la UBA o de la UADE, o de la UCA, ya que no tienen casi nada, o nada de capacitación en interpretación allí.
Estudiar en la USal fue bueno, sin duda alguna. Podría haber sido muuuuuucho mejor, pero era lo único que había a nivel universitario, ergo, lo mejor. De lo que no me enseñaron, como de lo que me enseñaron, aprendí mucho.
Lo mismo puedo decir de los dos años con Steve. Mucha gente le tenía miedo. Y no era para menos. Todo un personaje este Steve. Pero él y yo tuvimos buen rapport desde el principio, y a pesar de que me pegaba en las manos con la regla mientras me decía "No gesticule, Barnes". Eso a mí me causaba risa, me resultaba divertido, y aunque él ponía cara de molesto, sé que en el fondo le gustó que no sintiera miedo. Es difícil desanimarme cuando me propongo algo. Ni siquiera Emlio Stevanovitch pudo, je, je, je! Una vez me dijo que yo era "a stubborn viking". Llegamos a ser grandes amigos, y lloré mucho su muerte en diciembre de 1988. Vino a visitarnos en Altagracia en las vacaciones de invierno del 87 y del 88. Se hizo muy amigo de Mario, mi esposo.
Y luego, trabajar con Steve me permitió ingresar al ruedo por donde había que hacerlo, de la mano de un intérprete ya reconocido, y conocer a colegas con los cuales la red de afectos, contactos, experiencias y conexiones creció exponencialmente.