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Full Version: Palabraeimagen (Xul Solar/Alessandro Baricco)
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El océano era su casa.
(…)
Una vez le pregunté a Novecento en qué demonios pensaba mientras tocaba, y qué estaba mirando, siempre con la vista clavada delante, y, en fin, adónde se iba con sus pensamientos, mientras las manos iban arriba y abajo sobre las teclas. Y me dijo: “Hoy he acabado llegando a un país bellísimo, las mujeres tenían el cabello perfumado, había luz por todas partes y estaba lleno de tigres”.
Viajaba.
Y cada vez acababa en un lugar distinto: en el centro de Londres, en un tren en mitad del campo, en una montaña tan alta que la nieve te llegaba hasta la barriga, en la iglesia más grande del mundo, contando columnas y mirando cara a car los crucifijos. Viajaba. Resultaba difícil comprender lo que podía saber él de iglesias, y de nieve, y de tigres y…, vamos, que nunca había bajado de aquel barco, nunca en su vida, no era una trola, todo era verdad. No había bajado nunca. Y, sin embargo, era como si hubiera visto todas esas cosas. Novecento era alguien a quien le decías: “Una vez estuve en París”; y él te preguntaba si habías comido en determinado sitio, lo sabía todo, te decía: “Lo que a mi me gusta, allí en tierra, es esperar la puesta de sol caminando arriba y abajo por el Pont Neuf y, cuando pasan las gabarras, pararme a mirarlas desde encima, y saludar con la mano.”
“Novecento, ¿has estado alguna vez en París?”
“No”.
“Pues entonces…”
“Bueno…, sí.”
“¿Sí que?”
“París”.
Se podía pensar que estaba loco. Pero no era tan simple. Cuando alguien te cuenta con absoluta exactitud qué olor tiene Bertham Street, en verano, cuando acaba de dejar de llover, no puedes pensar que está loco por la única y estúpida razón de que no haya estado nunca en Bertham Street. En los ojos de alguien, en las palabras de alguien, él había respirado ese aire. A su manera: pero de verdad. Quizá no había visto nunca el mundo. Pero hacía veintisiete años que el mundo pasaba por aquel barco, y hacía veintisiete años que él, desde aquel barco, lo escrutaba. Y le robaba el alma….
[...]
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