28-01-2008, 11:25 PM

Título: Travesuras de la niña mala
Autor: Mario Vargas Llosa
Editorial: Alfaguara
ISBN: 8420469955 | EAN: 9788420469959
Se trata de una historia lineal que, a pesar de haberme ‘picado’ el interés en su lectura no bien supe quién era el protagonista, no me mantuvo muy interesada de comienzo a fin. Encontré demasiadas casualidades en la historia, casualidades que prefiero encontrar en la vida (y sorprenderme) antes que leer en un libro (y sospechar).
Si bien Vargas Llosa no se encuentra entre mis escritores favoritos, salté con esta novela por sobre otros libros que estaban haciendo cola sobre mi mesa de luz. ¿Por qué? Porque el protagonista (quien narra la historia, además) es un intérprete.
Lo acepto. Entré en la novela con mucha visceralidad. Por lo que leerán después, es probable que la reseña de esta novela no sea muy objetiva. La novela pinta a intérpretes y traductores como seres oscuros, pobretones, intrascendentes, casi unos burócratas descoloridos dentro del mundo de las convenciones (los unos) y las editoriales (los otros). Claro que esto no quiere decir nada sobre la calidad literaria de esta novela, sino que solo refleja cómo nos ve el mundo.
Me deslicé por la novela sin demasiado interés ni sorpresa, excepto un cambio de tiempos (casi al final) que me sacó un poco de rumbo y fue una sacudida interesante en el argumento de la historia.
Con respecto al cómo, la pluma de Vargas Llosa, no me tocó el corazón literario. Relatos de hechos y pocas descripciones (de esas que me gustan a mí, claro). Debería decir que encontré más esmero en el ‘hacia dónde’ (el argumento) que en el ‘cómo’ (la escritura). Alguna reseña menciona el humor de la novela. No lo encontré.
Me encantaría saber cómo hubiera sido esta reseña si yo no fuera traductora.
Comentarios deshilachados:
Algunos ¿peruanismos? que encontré y que resultaron del todo comprensibles en su contexto: huachafería, pichichurri, «hazme recuerdo» (conocía el adorable «hazme acuerdo» de los colombians, ahí donde los argentinos decimos: haceme acordar) y una que otra palabra o construcción, por ejemplo, esta: «Casi siempre me doy cuenta a la primera luqueada si se puede o no se puede» (pág. 307)
Algunas partecitas:
«Aquellos fueron unos años de mucho trabajo para mí aunque, como hubiera dicho la niña mala, de mediocres logros: saltar de traductor a intérprete».
«Un intérprete solo es cuando no es, un homínido que existe cuando deja de ser lo que es para que por él pasen mejor las cosas que piensan y dicen los otros».
«Ser intérprete me parecía una profesión anodina, pero, también, la que menos problemas morales plantea a quien la ejerce. Y me permitía viajar, ganar bastante bien y tomarme el tiempo libre que yo quisiera».
«Nunca había pensado hacer traducciones literarias porque sabía que estaban muy mal pagadas en todas las lenguas».
«Nuestra profesión de intérpretes es otra manera de ser siempre un extranjero, de estar sin estar, de ser, pero no ser».
Tres sonrisas para esta novela.



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