Y ya'stá: a traducir.
¡Excelente!

Obviamente, ahí hay una oportunidad para mí. Solo que no sé de qué manera decirles diplomáticamente: «señores, la traducción de su revista es horrenda, permítanme ofrecerles mis servicios».

¡Fácil!
Es lamentable que una empresa tan seria como la vuestra publique bla, bla, bla. Conozco a quienes lo han hecho en mi país con agencias de turismo en las que traducen sus folletos al "inglés". ¡Dale, María Teresa, mandate! ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Que te ignoren o te contesten no gracias. Esas son las peores hipótesis, la mejor, ya sabemos, y en el medio hay unas cuantas gamas de grises útiles.
Vir
Remember that chick from the supermarket? - ¿Qué pasó con el polluelo del supermercado?
So long! - ¡Tan largo!

Obviamente, ahí hay una oportunidad para mí. Solo que no sé de qué manera decirles diplomáticamente: «señores, la traducción de su revista es horrenda, permítanme ofrecerles mis servicios».

Pero es que el no ya lo tenés. No hay nada que perder aunque la traducción haya sido hecha por quien sea. Si les hacés notar que es mala, ante la duda, no dejarán una mala traducción.
Sí, sí, pero ¿cómo lográs que los consumidores hagan eso? Muy utópico.
Estoy totalmente de acuerdo con esto que dice Dyran. Y, en realidad, me parece muy bien que la traducción tenga poca importancia aparente para la gente en general, porque la traducción sirve a un propósito social, y lo único que tiene importancia social real es ese propósito. Los engranajes son imprescindibles, sí, pero lo que importa es la necesidad del colectivo social y la satisfacción de esa necesidad. Lo mismo pasa, p'al caso, con la ingeniería automotriz, o con las pirámides de Egipto, o con cualquier otra cosa.
Muchos no le damos ninguna importancia a los ingenieros automotores (y supongo que son muy pocos los que ganan mucho dinero y reciben reconocimiento social y blablablá), pero todos disfrutamos de sus beneficios. De eso se trata: lo que importa es el propósito social. Casi ninguna importancia se le da a los obreros, capataces y demás constructores de las pirámides, salvo para maravillarse un ratito y yastá. De eso se trata: lo que importa es el propósito social. Y etc., con casi todo lo demás que pasa en el mundo.
Lo que nos jode a nosotros, traductores, creo, es que somos tan engreídos que suponemos que el resto del universo tendría que estar pendiente de lo que hacemos y de la gran importancia de lo que hacemos. Esa importancia, no lo discuto, es cierta, pero tan cierta como la de tantas otras cosas. Y me parece que hace bien la sociedad en pensar en las cosas y no en los proveedores: para una sociedad, lo importante de los almacenes no son los almaceneros, sino los productos de almacén; lo importante de la ingeniería no son los ingenieros, sino las obras de ingeniería; lo importante de la traducción no son los traductores, sino las traducciones. Si esos productos funcionan mal, los de almacén descomponen, los de la ingeniería desencadenan catástrofes y los de la traducción, a veces, quizá, también. Si funcionan bien, pues ya está, porque se supone que así es como tenía que ser.
Dejemos los monumentos de bronce para otros próceres. Eso tendrá, además, un beneficio adicional: seremos menos cagados por las palomas. 
M.
Hasta acá, estoy de acuerdo.
Primer desacuerdo. Justo mencionás la profesión a la que más importancia se da socialmente, al menos en la mayoría de los países. Decir ingeniero es decir ¡wow! Las madres ridículas, esas que crían hijas Susanitas, sueñan con que la nena se case con un "ingeniero". Creo que si hicieras una encuesta (ahora pienso no solo en las mamás de Susanitas, sino el TODO el mundo), la mayoría señalaría estas tres carreras como las de más jerarquía: ingeniería, medicina y abogacía. ¿Quién va a resaltar (desde alguna forma de admiración) que xx es licenciado en letras o traductor? Hmmm... Nadie.
¿Sabés cuánta gente me pregunta a mí si VIVO de la traducción? 
No estoy de acuerdo. Creo que nuestra bronca tiene muchos motivos y son justificados. No hay ninguna forma de engreimiento, bueno, no más ni menos que el engreimiento normal que los seres humanos mostramos en cualquier profesión (o en la vida, en general).
Pregunto lo que siempre nos preguntamos: ¿alguien se pone a sacar muelas sin ser dentista? ¿A hacer balances sin ser contador? ¿A curar cólicos sin ser médico? Para no mencionar el caballito de batalla: el plomero te pasa la factura y nadie dice ni mu. Nosotros tenemos que hacer terapia de grupo en foros para ver si le aumentamos un mango al cliente.
No creo que sea paranoia. Hay muchas variables de la realidad que le juegan en contra a nuestra profesión. (No las menciono porque son obvias). Es lógico que nos amargue.
No corremos ese peligro. No sé cuántos se han interesado en hacernos monumentos, si es que alguien se interesó alguna vez.
Au
¡Qué lo tiró!
I
Rosi Dueñas
Corrección: hacen como que le pagan por cuidar, y entonces él hace como que cuida...
¿O a poco tu crees que con lo que gana le alcanza para vivir???
En México, la mayoría de los "veladores" (y no sólo ellos, muchísimas otras personas sólo con dos chambas logran sobrevivir) tiene dos trabajos: el de día y el de noche. En algún momento tendrán que dormir, ¿no?
Mientras el sueldo que reciba no le alcance para vivir, que no le pidan peras al olmo, digo yo...
Al fin de cuentas, es como dice Wald que somos los traductores.. nadie se interesa por su trabajo... tampoco creo que le vayan a hacer una estatua de bronce...
Me encantó la bailarina... ¡Las otras no tienen desperdicio! ¿No?



Inés