Hola.
Más de una vez, se escucha que es frecuente en las primerísimas materias de Medicina que los alumnos abandonen las clases. Tengo entendido que el contacto con partes (reales) del cuerpo humano suele ser uno de los motivos. Estoy hablando sobre personas que recién ***en la arena*** comprueban que no nacieron para médicos.
Creo que esta misma situación puede darse entre los intérpretes. ¿Estoy en lo cierto? Me cuesta imaginarme a un traductor que con sus narices en los glosarios comprenda que no nació para traducir, o un contador que en medio de un 'mercaderías a caja', decida cambiar de profesión

. Sin embargo, no me cuesta imaginar
renuncias en el caso de la Interpretación. Puedo visualizar a ese personaje que (quizás frustrado) apaga el micrófono, cuelga los auriculares y cierra la cabina para nunca más abrirla. (¿O soy yo que sobredimensiono a la Interpretación porque para mí es una puerta cerrada?)
¡Gracias!

Au
Hola Au,
Supuestamente los intérpretes tenemos mucha posibilidad de cometer suicidio o de volvernos locos, según la estadística. Creo que es por la sobrecarga y el doblaje en el cerebro. Demasiado estres! Qué sé yo ;-)
Aunque tengo entendido por parte de mis colegas que no es una profesión por vida- no?
Curiosa por la respuesta de Laura,
Mabel
Hola Mabel,
me quedo atónita con la serenidad con que expresas esa posibilidad. Yo no podría vivir muy tranquila con esa espada de Damocles...sobre mí o sobre alguien cercano...
Esto me lleva a una pregunta:
¿cómo hacen ustedes los intérpretes para mantener un equilibrio mental que minimice esas probabilidades? ¿relajación, meditación, deportes extremos, jogging...u otras opciones "más salvajes"?
Un abrazo,
Alicia
Espero también los comentarios de Laura, cuyas intervenciones he estado siguiendo sin poder participar por la carga de trabajo.
En cuanto a la pregunta de Au y los comentarios de Mabel y Alicia, recordé un caso concreto que me resulta doloroso por dos razones. Cuando estudié interpretación y traducción (que no tengo como licenciaturas, sino por un diplomado intensivo de cuatro horas diarias durante un año), tuve una compañera entrañable. Ella tenía la licenciatura en traducción y era una traductora impecable, jovensísima, de unos 24 años. Combinaba muy bien una formación rigurosa con un talento personal impresionante. Entró al diplomado porque deseaba aprender técnicas de interpretación. Lo cursó completo, pero sufría todos los días cuando teníamos materias de interpretación. Veíamos consecutiva, simultánea, susurro, de todo. Ella sudaba. Sacó el certificado. Y la primera vez en una cabina hizo precisamente lo que relata Au: colgó los auriculares y se declaró vencida. Nunca volvió a intentarlo. Falleció pocos años después y siempre la recuerdo con ese doble dolor: su muerte, tan joven, y su gesto vencido al salir de la cabina.
Tuve otras colegas que lo dejaron después de un tiempo breve, no podían con el estrés. Hay de todo: diarreas y pesadillas días antes de cada evento. No he tenido casos cercanos de suicidio ni locura, pero sí creo que la mayoría de los intérpretes tenemos algún aspecto excéntrico en nuestras personalidades y, en general, no somos gente fácil de tratar, por más encantadores que parezcamos a veces o mansos cuando estamos en la cabina o paraditos muy propios al lado de nuestro cliente en una entrevista.
Estoy convencida de dos cosas: si la interpretación te parece un suplicio, déjala, te va a hacer daño. Si la disfrutas y gozas esa adrenalina que se dispara en los primeros minutos de cada sesión (aunque tengas 30 años de experiencia, es como la actuación... se abre el telón y tienes un agujero en la barriga, es igual), y después te adueñas de tu pequeño o gran escenario para hacer que fluya la comunicación, ocupas tu lugar y no invades el de los demás... entonces es para ti. Y sí hay mucho estrés. Y mucha emoción. Y cuando vuelves a casa tras interpretar no quieres hablar con nadie y te transformas en un ser opuesto, agotado, quieres estar contigo y en silencio. Y es delicioso.
Saludos,
Atenea
Estoy convencida de dos cosas: si la interpretación te parece un suplicio, déjala, te va a hacer daño. Si la disfrutas y gozas esa adrenalina que se dispara en los primeros minutos de cada sesión (aunque tengas 30 años de experiencia, es como la actuación... se abre el telón y tienes un agujero en la barriga, es igual), y después te adueñas de tu pequeño o gran escenario para hacer que fluya la comunicación, ocupas tu lugar y no invades el de los demás... entonces es para ti. Y sí hay mucho estrés. Y mucha emoción. Y cuando vuelves a casa tras interpretar no quieres hablar con nadie y te transformas en un ser opuesto, agotado, quieres estar contigo y en silencio. Y es delicioso.
Saludos,
Atenea
Gracias de nuevo, Atenea, por tan elocuentes párrafos. Me dio mucha pena lo de tu amiga, como dices, no sólo joven sino talentosa.
Pero tienes razón: lo que no nos funciona hay que dejarlo ir. Sea lo que sea. Por muy bueno que sea uno, si se está sufriendo, no tiene sentido.
En cuanto a la personalidad cuasi-psicótica que describes de un intérprete típico, admiro la objetividad que muestras hacia contigo misma. No es fácil reconocer que se tienen momentos en los cuales es imposible estar con ser alguno, sino a solas; si sirve de algún consuelo, habemos quienes padecemos (y hacemos padecer
)algunas de esas "tendencias psicológicas" y no podemos escudarnos en la frase "qué se le va a hacer...así somos los intérpretes" (porque no lo somos
).
Saludos,
Alicia
Atenea:
¿Cómo te sientes mejor? ¿Como traductora o como intérprete?
Atenea:
¿Cómo te sientes mejor? ¿Como traductora o como intérprete?
¡Esta pregunta tiene muchas *interpretaciones*!
¿Cómo me siento más contenta? Como intérprete.
¿Qué creo que hago mejor? Las dos cosas.
¿Qué hago menos? Interpretar.
¿Por qué? Porque vivo en un país donde el mercado de la intepretación tira cada vez más hacia abajo y me cansé de defender mis tarifas; porque no soy miembro del Club de Tobi de la interpretación en México ni quiero serlo; porque me he afianzado y tengo un lugar en la traducción en mis campos de especialidad y vivo de ella.
¿Cuándo soy más feliz interpretando? Cuando hago interpretación activista: yo decido a quién aportarle mi trabajo voluntario, a quién prestarle mi voz para que su discurso, por lo general oculto o ignorado, encuentre eco.

Atenea
...porque no soy miembro del Club de Tobi de la interpretación en México ni quiero serlo
Gracias por tus contadas y contundentes palabras, Atenea.
¿Podrías explicar lo del Club de Tobi? La primera vez que oí esta expresión, en un contexto distinto al de La pequeña Lulú (uno de mis comics favoritos cuando niña), fue aquí en México.
Seguramente, una "local" pueda explicarlo mejor que yo (que aún está algo confundida con la idea...in shock...más bien
).
Un abrazo,
Alicia
¿Podrías explicar lo del Club de Tobi?
Alicia[/color]
¡Ah, lo del Club de Tobi! Tiene dos significados: uno, claramente relacionado con la historieta (La pequeña Lulú), a saber, el club de los niños en el que Lulú no tenía cabida. Dos: referencia a cualquier club de amigos que es excluyente y cerradito. En mi opinión, así operan las "asociaciones" de intérpretes en México (y algunas que he visto en otras latitudes). Y algunas de traductores también. ¿Yo? Lulú.
Le hemos secuestrado el hilo a Laura. Me callo ya.
¡A desayunar!
A.
Aunque eso del Club de Tobi existe en todas partes, creo y en muchos campos laborales. La referencia se debe a que fue una tira cómica muy popular en México.
"Si no te conocemos en nuestro circuito de interpretación, es que no eres bueno"
(consecuentemente eres malo para nosotros,... bueno, quizá no eres tan malo, pero es que estamos muertos de miedo ante las nuevas generaciones que pueden desplazarnos y nos alimentamos de nuestro sectarismo y vanidad)
Sí, perdón. Me callo también.
Yaotl, Atenea,
gracias por la explicación.
No sé por qué tenía la idea de que la expresión tenía una connotación más bien machista, no sólo elitista...
ven, por eso, es mejor, confirmar con los "locales" 
Saludos,
Alicia
¡Es machista! (el club de los hombres en el que las mujeres no tienen cabida) Y elitista también, en el segundo sentido, claro.