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Full Version: Un cuento antes de ir a dormir (sí, como antes)
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Las estatuas

En el jardín de Brighton, colegio de señoritas, hay dos estatuas: la de la fundadora y la del profesor más famoso. Cierta noche -todo el colegio, dormido- una estudiante traviesa salió a escondidas de su dormitorio y pintó sobre el suelo, entre ambos pedestales, huellas de pasos: leves pasos de mujer, decididos pasos de hombre que se encuentran en la glorieta y se hacen el amor a la hora de los fantasmas. Después se retiró con el mismo sigilo, regodeándose por adelantado. A esperar que el jardín se llene de gente. ¡Las caras que pondrán! Cuando al día siguiente fue a gozar la broma vio que las huellas habían sido lavadas y restregadas: algo sucias de pintura le quedaron las manos a la estatua de la señorita fundadora.

Enrique Anderson Imbert

Roddie Wrote:

A mí tampoco me leían cuentos antes de ir a dormir. Quizás se encuentre allí la explicación de mi recurrente insomnio. Mentira: la culpa la tiene el ministro de Economía.

Roddie



Leticia tenía 7 u 8  años. Una noche se despertó llorando porque había soñado que «Menem arruinaría el país».

Rolleyes

(Siempre le interesó la política. Sus pin y pon se llamaban: Menem, Angeloz, Alfonsín, etc.)

Virginia I. Namino Wrote:

Entonces yo, madre primeriza, pacientemente le dije: Lucas, ¿y las palabras mágicas? A lo que muy suelto me espetó: "Abracadabra, ma, traeme la leche".


Big Grin Big Grin Big Grin

Yo le contaba a Leticia los cuentos de Rufi, Isa y Tolín. A veces, para terminar la historia rápido, yo abreviaba partes y ella: Au, te estás salteando partes...

Rolleyes

Papi nos contaba cuentos a mi hermana y a mí (luego de cepillarnos el pelo durante horas... siempre me pregunto si era una tara de mi papá). Es linda esa voz que te cuenta cuentos para sacarte del mundo real y llevarte al otro en el que, entre otras cosas, ¡podés volaaaaaar!

...solo vengo a darles el besito de las buenas noches (ay, ¿se acuerdan del Topo Gigio? Smile

Acá queda. Que lo disfruten, es uno de mis favoritos.


La tortuga

Salí a caminar porque me sentía solo y el tedio me abrumaba. Afuera el sol resplandecía. Las nubes también pero más oscuros. Llegué al parque y me llené los bronquios de aire pura. Los ojos de los árboles se movían a impulso de una brisa fresca y delicado que hacía tintinear además los esqueletos de algunos insectos muertas contra fragmentos de botellas rotos. Me acerqué al lago y vi que una tortuga trataba de avanzar por el barro pugnando por llegar hasta el agua. No la dejé. Su caparazón era duro y su semblante inteligente y serena. Me la llevé para casa, a fin de paliar mi soledad. Cuando llegamos la puse en la bañera y me fui a buscar en la biblioteca un libro de cuentas para leerle. Ella escuchó atento, interrumpiéndome de vez en cuando para pedirme que repitiera alguna frase que le hubiese parecido especialmente hermoso. Luego me dio a entender que tenía hombre y ya me fui nuevamente al lago a buscar alga que le resultara apetecible. Recogí pasto y una planta de ojos verdes oscuras. También junté algún hormiga, por si acaso. De nuevo en casa, fui a llevar las cosas al baño, pero el tortuga no estaba allí. Lo busqué por todas partes, en el ropero, la refrigeradora, entre los sábanos, alfombras, vajillo, estantes, pero no hubo casa, no lo encontré. Entonces me vinieron deseos de ir al baño y los hice, pero cuando tirábamos la cadena comprobaste que el inodoro estaba tapada. Se les ocurrió entonces que the tortuga podía haberse metida allí. ¿Cómo rescatarlos? Salí de casa y caminé hasta encontrar una alcantarilla. Levantéi la tapa y me metisteis ahí. No habían luces. Caminéi. Los pies se me mojarán. Una rata morderói. Yo seguéi. "¡Tortuguéi, tortuguéi!", gritéi. Nodie contestoy. Avancex. Olor del agua no ser como la del lago. "¡Tortugúy, vini morf papit!", insistiti. Ningún resultoti. Expedición fútil.

Salí del cantarillo y en casa me limpí y me preparó cafés. Lo tomés a sorbo corta, mirondo televicián. En sópito ¿qué vemos in pantalla? Tortugot. "¿Cómo foi a parar alá?", le preguntete. Y ella dijome ofri con dichosa contestaçao: "No por Allah: Budapest. Corolarius mediambienst cardinal e input fosforest". A la que je la contesté "bon, but mut canalis et adeus, Manuelita".

"¡Nai, nai!", dictio tort, "eu program mostaza interesting".

"Demostric", pidulare.

Tons turtug bailó, candó, concertare, crobacía y magiares, asta que yo poli me zzz...

Leo Masliah

Roddie Wrote:
Nunca entendí la razón por la que gusta tanto este hombre en el Río de la Plata. Seguramente me estoy perdiendo algo lindo. Alguien que me oriente, por favor...
Roddie


Con mi GPS en español de la Argentina Big Grin trataré de hacerte conocer muchas cosas lindas de Masliah que tengo por ahí guardadas. Ojo, puede ser que leas toda su obra y siga sin gustarte, dijo una vieja comiéndose. ¡Basta, Au!. Big Grin

Acá dejo un cuento de uno de mis escritores favoritos, Enrique Anderson Imbert.
Dulces sueños y hasta mañana.
Smile Au



Escena en el infierno

Sacher-Masoch se acerca al Marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega:

- ¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!

El Marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca y la mirada crueles, sadísticamente le dice:

- No.
La salvación

Ésta es una historia de tiempos y de reinos pretéritos. El escultor paseaba con el tirano por los jardines del palacio. Más allá del laberinto para los extranjeros ilustres, en el extremo de la alameda de los filósofos decapitados, el escultor presentó su última obra: una náyade que era una fuente. Mientras abundaba en explicaciones técnicas y disfrutaba de la embriaguez del triunfo, el artista advirtió en el hermoso rostro de su protector una sombra amenazadora. Comprendió la causa. "¿Cómo un ser tan ínfimo" -sin duda estaba pensando el tirano- "es capaz de lo que yo, pastor de pueblos, soy incapaz?".
Entonces un pájaro, que bebía en la fuente, huyó alborozado por el aire y el escultor discurrió la idea que lo salvaría. "Por humildes que sean" -dijo indicando el pájaro- "hay que reconocer que vuelan mejor que nosotros".

Adolfo Bioy Casares
La flecha disparada por la ballesta precisa de Guilermo Tell parte en dos la manzana que está a punto de caer sobre la cabeza de Newton. Eva toma una mitad y le ofrece la otra a su consorte para regocijo de la serpiente. Es así como nunca llega a formularse la ley de gravedad.

Ana María Shua
Vignemale

Bajo el hielo del glaciar hay una figura aquietada entre dos pasos. Toneladas de frío lograron aplacar su afán viajero y su hambre de cordilleras y hasta su rostro quedó convencido y pleno con la sonrisa del estoico. La cristalización alcanzó hasta lo más hondo, y es aquí donde se da la paradoja: que en el CENTRO DE SU MENTE un pensamiento breve quedó paralizado (“Lejos… más lejos”) y su terca persistencia hoy empuja al glaciar ladera abajo…

Diego Chozas
Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.
Max Aub
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