Sergio:
Me permito formularte una serie de preguntas que no son de orden estrictamente traductológico, pero que sin duda están relacionadas con el quehacer del intérprete.
Me gustaría preguntarte cómo viviste --cómo se vivió-- el 82 en la ONU. ¿Fue difícil prestarle la voz a un inglés para que se entendiera en castellano lo que él decía en inglés? ¿Decías Falkland o Malvinas? ¿El ser argentino modificó de algún modo tus interpretaciones?
Estas preguntas me vinieron a la mente luego del relato sobre el matrimonio que fue a denunciar la tortura que se había convertido en moneda corriente y oculta en la Argentina de los años 70.
¿Te tocaron de cerca --en lo profesional, claro-- estos temas tan argentinos?
Un abrazo.
Mariano.
Claro que la viví de cerca! Es más. De puta casualidad me tocó estar en la reunión del Consejo de Seguridad en la que el prosapiudo canciller Costa Méndez anunción la toma. Creo que hice todas las reuniones cerradas y abiertas que hubo durante la guerra (lo pedí de rodillas). El ser argentino no afectó mi LPI (o sea, el sentido intendido que procuraba transmitir cada vez) ni mi F (o sea, las palabras que utilicé para transmitirlo), pero desde luego que sí y mucho mi A y mi W (o sea, los efectos de mi comprensión al escuchar y la motivación consciente al hablar), tanto, que aguanté biabas que no habría podido soportar de otra manera.
Cómo no van a tocar de cerca estas cosas sobre todo a un homo politicus como este! Pero mucho más de cerca me tocó enterarme, en una reunión del grupo de la Comisión de Derechos Humanos que se ocupaba del caso chileno, de la muerte a manos de los sicarios de Pinochet de dos entrañables compañeros de la Universidad (por esas cosas de Borges que tiene la vida, la viuda de uno de ellos se casó luego con otro, que luego se casó con la actual Jefa de la Sección Española de Traducción de la ONU Viena).
Pero, volviendo a las Malvinas, fueron meses intensísimos. Conocí -de refilón, sin intimar- a Horacio Maidana y demás periodistas amarillos enviados por los medios patrios. Fui testigo de los entretelones diplomáticos más o menos abiertos (los secretos no fueron en la ONU). Tuve que interpretar a Vernon Walters, Sir Anthony Parsons, la detestable Jean Kirkpatrick (que nos apoyaba, solo que su gobierno no se lo permitía: era la autora de la distinción entre regímenes totalitarios y autoritarios) y tantos otros personajes que pululan en la literatura historiográfica.
sergio
Claro que la viví de cerca! Es más. De puta casualidad me tocó estar en la reunión del Consejo de Seguridad en la que el prosapiudo canciller Costa Méndez anunción la toma. Creo que hice todas las reuniones cerradas y abiertas que hubo durante la guerra (lo pedí de rodillas). El ser argentino no afectó mi LPI (o sea, el sentido intendido que procuraba transmitir cada vez) ni mi F (o sea, las palabras que utilicé para transmitirlo), pero desde luego que sí y mucho mi A y mi W (o sea, los efectos de mi comprensión al escuchar y la motivación consciente al hablar), tanto, que aguanté biabas que no habría podido soportar de otra manera.
Cómo no van a tocar de cerca estas cosas sobre todo a un homo politicus como este! Pero mucho más de cerca me tocó enterarme, en una reunión del grupo de la Comisión de Derechos Humanos que se ocupaba del caso chileno, de la muerte a manos de los sicarios de Pinochet de dos entrañables compañeros de la Universidad (por esas cosas de Borges que tiene la vida, la viuda de uno de ellos se casó luego con otro, que luego se casó con la actual Jefa de la Sección Española de Traducción de la ONU Viena).
Pero, volviendo a las Malvinas, fueron meses intensísimos. Conocí -de refilón, sin intimar- a Horacio Maidana y demás periodistas amarillos enviados por los medios patrios. Fui testigo de los entretelones diplomáticos más o menos abiertos (los secretos no fueron en la ONU). Tuve que interpretar a Vernon Walters, Sir Anthony Parsons, la detestable Jean Kirkpatrick (que nos apoyaba, solo que su gobierno no se lo permitía: era la autora de la distinción entre regímenes totalitarios y autoritarios) y tantos otros personajes que pululan en la literatura historiográfica.
Me imagino que la situación se las traía. Pero no me respondiste una parte: ¿Decías Falkland o Malvinas?
Abrazo.
Mariano.
Ahí teníamos instrucciones precisas: lo que dijera el orador, incluso "Malouines", como decía, salomónico, el embajador de Francia. Y lo habría hecho sin instrucciones, porque el mero nombre evidenciaba la posición política del orador: Falkland, Falkland/Malvinas, Malvinas/Falkland, Malvinas. No se trataba de edulcorar el original para reconfortar a nuestro canciller (y, además, escuchaban Panamá, Venezuela, Cuba y Perú, que nos apoyaban, Chile que claro que no, y los demás que esperaban ver de qué lado soplaba el viento, y seguro que las delegaciones clave, como la inglesa, la americana y la rusa, tendrían algún turiferario vigilando la traducción al idioma del otro beligerante.
sergio
Qué difícil eso, carajo .....tener que traducirle al canciller de un gobierno que desapareció a 30 mil personas y al mismo tiempo, tener que traducirlo para la patria y por la recuperación de las Malvinas, la cual sigue vigente porque es una afrenta no solo para Argentina sino para toda Latinoamérica. Quien haya resistido eso, fue un ejemplo extremo de ética profesional.
Sobre las opciones Falkland, Falkland/Malvinas, Malvinas/Falkland, Malvinas, ¿Recuerdas, Sergio, cómo quedaron los marcadores? ¿hubo algún traductor/intérprete al que le ganóo la posición política? ¿qué hace la ONU en estos casos? Las Malvinas es un tema, Israel-Palestina otro, la guerra fría era otro ¡ja! y ahora hasta renace la guerra fría.
Salu2
No creo que ninguno se haya dejado llevar (sobre todo los diez o doce argentinos que éramos). En esos casos, si hay una protesta formal y la cosa no puede arreglarse pidiendo disculpas, pues se toman medidas administrativas, pero no recuerdo un solo caso en los 31 años que estuve allí.
Más jodido debe de ser lo de Israel / Palestina para los tantísimos intérpretes de la cabina árabe y los tantísimos judíos de otras cabinas, para no hablar del Irak, para no hablar de las repetidas invasiones de El Líbano para los intérpretes LIBANESES (los había que no pudieron regresar a su casa cuando cerraron el aeropuerto!). Y aquí son todos esos treinta años and counting, y no un par de meses perdidos en la memoria a largo plazo.
sergio
¿has pensado en escribir un libro sobre estos temas? Me refiero a las vivencias en la ONU .
¿O te pusieron candados en algún contrato para no revelar nada? Sería genial saber cómo funciona la ONU internamente en áreas como la traducción y bueno, saber qué diablos pasaba en los pasillos de la organización, cosas relevantes para el mundo que quizá nunca llegaron a las noticias de la TV o la prensa y menos mientras uno no tenía la estatura suficiente para subirse a muchos juegos mecánicos.
Salu2.